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Otra balacera autoinfligida

Especialistas, a estas alturas, en la dolorosa disciplina de pegarse tiros en los pies, los funcionarios nacionales cometieron en estos días varios errores, empezando por uno que es básico. Adrián Simioni.

22 de junio de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Otra balacera autoinfligida

Especialistas, a estas alturas, en la dolorosa disciplina de pegarse tiros en los pies, los funcionarios nacionales cometieron en estos días varios errores, empezando por uno que es básico. Peor que antes. Lo que desde hace meses era un reclamo batiente de Hugo Moyano y moderado de los antimoyanistas, para que se subiera el piso a partir del cual se paga Ganancias (lo que podría costarle al fisco unos 3.500 millones de pesos, según algunas estimaciones), se ha transformado en la exigencia de "eliminación" del impuesto sobre los salarios por parte de buena parte de la corporación gremial, a la que, encima, se auparon la clase media y sectores profesionales. Ahora es peor que antes. Entrampados. Subir hoy ese piso, en lugar de parecer una concesión de la Casa Rosada que merece ser anunciada por cadena nacional y aplaudida por el coro estable, parece una concesión a quien Cristina Fernández y sus voceros acaban de identificar como su peor enemigo. Entraron en la trampa con una inocencia digna de mejores causas. En la ejecución operativa de la jugada contra el bloqueo moyanista, también se incurrió en errores de cálculo e hipótesis fallidas, y se reveló cierta incapacidad para olfatear el humor social. Credibilidad. Mandar a Amado Boudou a decir que se aplicaría la Ley de Abastecimiento les dejó a los Moyano la pelota en el punto penal. Lo pateó Pablo, el hijo, al recomendar a Boudou que, antes de hablar, explique su participación en el caso Ciccone. Hipótesis 1. En las primeras horas, el vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, y el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, atribuyeron la protesta a la voluntad de Hugo Moyano de causar un daño político. Llegaron a hablar de "golpismo". Por eso montaron un "comité de crisis" que determinó que Gendarmería no sólo desactivaría un bloqueo parecido a los que hasta no hace mucho el Gobierno alentaba (todo el mundo tomó nota) sino que, con algo de inexperiencia, aseguraron que los gendarmes operarían los camiones. Gota en el océano. El entusiasmo con que Canal 7 empezó a informar que ya salían camiones de La Matanza terminó cuando se supo que eran sólo ocho. Es que el problema no fueron los choferes, sino los dueños (a los que nadie consultó, y que no querían dejar su costoso capital en manos inexpertas) y los estacioneros (la descarga es muy delicada). Hipótesis II. Entonces, Berni y el ministro Julio De Vido cambiaron el libreto. Denunciaron un boicot sindical-patronal. La hipótesis también se les vino abajo ayer a la mañana, cuando la patronal, para limpiar toda sospecha, aceptó dar un aumento muy superior al que el propio Gobierno había fijado a principios de año como tope salarial y con el que, hasta el día antes, los dueños de los camiones trataban de cumplir. Por eso no acordaban. No porque conspiraran.