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Mate amargo en campaña y después cada cual a su trinchera política

A excepción obvia de las sendas reelecciones de Ramón Mestre y Rubén Martí, ninguna otra transición municipal asomaba, a priori, más tranquila y con fuertes señas de continuidad que la que proponían Luis Juez y Daniel Giacomino en 2007.

16 de octubre de 2011 a las 12:01 a. m.
Mate amargo en campaña y después cada cual a su trinchera política

A excepción obvia de las sendas reelecciones de Ramón Mestre y Rubén Martí, ninguna otra transición municipal asomaba, a priori , más tranquila y con fuertes señas de continuidad que la que proponían Luis Juez y Daniel Giacomino en 2007. Se mostraban en campaña tomando mates, se decían amigos que compartían los mismos sueños, y apostaban a la continuidad de un proyecto político.El contraste a ese mundo idílico es muy reciente: ambos se distanciaron al punto de casi desconocerse. El abismo se formalizó una vez iniciada la gestión de Giacomino, aunque antes hubo quiebres muy significativos que auguraban ese final. Desenlace anunciado. La diferencias arrancaron por el lado de la política. Tras los polémicos comicios provinciales del 2 de septiembre, en los que Juez denunció que le "robaron", Giacomino se despegó rápidamente de ese reclamo. Ya promediando octubre se entrevistó con el entonces presidente Néstor Kirchner, ante quien empezó a gestionar plata para ampliar la planta de cloacas de Bajo Grande. Era el mismo Kirchner a quien Juez acusaba de cómplice del fraude. Poco después, Giacomino participaba en un acto de la campaña presidencial de Cristina Fernández y las tensiones se agigantaron.Juez le dijo a través de los medios que era "indigno" cambiar promesas de obras por sumisión. Giacomino retrucó también con dureza: "Si no lo freno de entrada, Luis me lleva por delante", supo decir. Pero para los frenos ya era tarde. Giacomino había virtualmente "desconocido" a Juez y su gestión durante el debate televisado, en el que los demás postulantes le facturaron –entre otras cosas– la política de personal.Ya en marzo de 2007, cuando Giacomino fue proclamado por Juez como su candidato a intendente, se había iniciado el nombramiento masivo de contratados en planta permanente. En ese momento, Giacomino no dijo nada. Sus primeras quejas por este tema y también por la prórroga del contrato con Cliba, se conocieron en los primeros días de noviembre.Al margen de ese episodio, todos trataban de disimular las diferencias que ya eran insalvables. Giacomino quería abrirse camino, pero había llegado con votos prestados y no tenía partido político propio. Pero todavía no era el momento.Los "ruidos de fondo" de la transición se matizaron con otros gestos cordiales. ¿Pruebas? Antes de irse, Juez largó un plan de pagos de impuestos con condonación total de punitorios, para hacer caja y facilitar el pago de sueldos y aguinaldo.Otro cimbrón fuerte se sintió cuando Juez hizo votar una ordenanza para arruinarle a José Manuel de la Sota el "negocio" de haber vendido el predio del ex Batallón 141 a Eduardo Eurnekian. El entonces intendente autorizó allí sólo un área verde. Giacomino insinuó que también se podía dar cabida a un parque temático, pero los juecistas más duros salieron a cascotearlo.Juez prefirió echarle la culpa a la prensa. "Hacen apuestas a ver cuándo nos peleamos. Giacomino es mi hermano", señalaba el 2 de diciembre.Igual, sabía que la transición iba a un descarrilamiento seguro. Todo era cuestión de tiempo. Dos días antes del traspaso, Juez enunció una frase que anticipaba el divorcio: "Ojalá el poder no lo encandile (a Giacomino).El día del cambio de mando sobró protocolo y formalidad. En su discurso de asunción, Giacomino no realizó ni una sola crítica a Juez y hasta se permitió "agradecerle por haber puesto de pie a la ciudad", en lo que representaba una "primera etapa" que él se disponía a completar. Para la foto de ocasión quedó el préstamo que Juez le hizo: una Virgencita de la que era devoto, para que le diera fortaleza y temple.De ahí en más, de a poco salió toda la tierra que se había barrido debajo de la alfombra. Puestos en gestión, Giacomino y Juez eran el día y la noche. Giacomino aumentó casi en un ciento por ciento los sueldos de sus funcionarios; se autolimitó para nombrar gente; batalló contra el gasto en personal, y protestó porque su antecesor no concesionó el servicio de limpieza. Todo eso precedido de un gesto inusual: Giacomino recibiendo en su despacho al gobernador electo Juan Schiaretti, el mismo a quien Juez acusaba de haberle robado la elección.