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Masivo acompañamiento a Cristina

Los funcionarios destacaron la fortaleza anímica, pero la jefa del Estado no pudo contener el llanto cuando ingresó al velatorio. La Plaza de Mayo se colmó de militantes que fueron a despedir al ex presidente.

29 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Masivo acompañamiento a Cristina

Enviado especial a Buenos Aires

Vestida de riguroso luto. Con anteojos negros que no traslucían los sentimientos de su mirada. Parada frente al féretro que contenía los restos de Néstor Kirchner, el hombre y referente político de toda su vida, la presidenta Cristina Fernández no pudo contener el llanto. Lágrimas que conmovieron a los presentes en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada y, sobre todo, a los funcionarios que, con obstinación, intentaron transmitir una imagen de fortaleza de la máxima autoridad del país. La emoción incontenible de la Presidenta tal vez haya fortalecido su imagen ante la sociedad, que en buena parte siguió ese minuto conmovedor por televisión. En este caso, el corazón de la esposa de Kirchner traicionó la estrategia política de los dirigentes que ya están pensando en sostener al Gobierno, sin su líder político de mano de hierro.Luego de esos primeros momentos de conmoción ante el féretro, cuando fue dominada por las emociones, la jefa del Estado comenzó a tener una fluida comunicación con la gente, que ingresaba de manera ordenada por la entrada principal de la Casa Rosada. Debían saludar, sin detenerse, ante el ataúd del ex presidente.Ante alguna frase que la tocaba de los miles de anónimos que hicieron cola ante el impiadoso sol del mediodía, la Presidenta se llevaba su mano derecha al corazón y sonreía. En algunos momentos, también se acercó hasta la vallas de contención para recibir un manto con los colores de la bandera, que depositó sobre el ataúd.Graciela Benítez, una concejala del partido de Moreno, fue la primera persona que ingresó para despedir al ex presidente. Este privilegio le costó mucho esfuerzo a la dirigente kirchnerista: hizo cola desde las 15 del miércoles hasta ayer a las 10 de la mañana. Pero se retiró compungida hacia la Plaza de Mayo porque no pudo ver a Cristina, quien llegó una hora después. Ya con mejor ánimo, Cristina recibió el saludo de los presidentes que fueron llegando para la ceremonia. Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Sebastián Piñera (Chile), Hugo Chávez (Venezuela) y José Mujica (Uruguay) se acercaron a saludarla. Al anochecer, llegó Lula Da Silva (Brasil). Antes de los jefes de Estado, Cristina se conmovió cuando recibió el pésame de Estela de Carlotto, titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, y Hebe de Bonafini, presidenta de Abuelas. Carlotto le entregó un pañuelo blanco, que la Presidenta deposito sobre el ataúd. En otro gesto cargado de contenido político, después de las dos mujeres referentes de la lucha por los derechos humanos, quien se arrimó a saludarla fue el titular de la CGT, Hugo Moyano. Un guiño para quien fuera uno de los socios políticos más fuertes de Kirchner. Ese privilegio ante el dirigente gremial también sirvió para descartar la versión de una fuerte discusión con el ex presidente, en sus últimas horas de vida.Otro momento en el que se la vio afectada a la Presidenta fue cuando ingresó Diego Armando Maradona. También tuvieron el "privilegio" de ser admitidos para el saludo personal Lidia Papaleo, viuda de Graiver, y el conductor Marcelo Tinelli. La ausencia más notoria fue la del vicepresidente Julio Cobos, el flanco preferido de los cánticos de las barras kirchneristas, junto al Grupo Clarín.Cristina permaneció dos horas y cuarto junto al féretro, hasta que se retiró hacia su despacho en la Casa Rosada, acompañada por su hija. En esos minutos, poco antes de las 14, la Plaza de Mayo se iba repletando con las columnas de la CGT y las agrupaciones piqueteras oficialistas, acompañadas por una muchedumbre que llegó por voluntad propia.Algunos funcionarios dejaron trascender que la Presidenta se conmovió hasta las lágrimas cuando observó por una de las ventanas de la Casa de Gobierno las muestras de afecto que la gente dejó en las rejas perimetrales de la Rosada. Los hierros se convirtieron en un muro con carteles de adhesión al dolor y aliento a Cristina. Pasadas las 15, la Presidenta regresó al salón de los Patriotas. Sentada y acompañada por su madre y su hijo, no paraba de acariciar el ataúd, en un gesto que contagió emoción a quienes ingresaban al velatorio.Más tarde se sentó a la cabecera del féretro. La multitud mantuvo su marcha calma por el salón hasta la madrugada. Los dos hijos fueron la compañía permanente de la jefa del Estado. Un funcionario K comentó una anécdota que incluyó a Máximo y al ex presidente. Precisamente, el fin de semana pasado, su hijo le pidió que cuidara su salud. "Quiero un papá vivo", le habría dicho Máximo, como un ruego tardío.