Los industriales se alinean con Cristina
"Biolcati quiere cambiar a los gobiernos", dijo el titular de la UIA, Ignacio de Mendiguren. El núcleo empresarial busca desgravación impositiva para inversiones, acuerdo con el Club de París, nueva ley de ART y frenar la espiral de precios y salarios.
Buenos Aires. Descontada la reelección de Cristina Fernández, los empresarios, con los industriales a la cabeza, han virado hacia un alineamiento público, aunque cuidadosamente crítico en privado, en su relación con el Gobierno. El reposicionamiento tiene a su principal impulsor en el presidente de la Unión Industrial (UIA), José Ignacio de Mendiguren, quien ya había insinuado un respaldo activo a la política económica de la Rosada cuando hace cuatro meses asumió al frente de la central.Durante esta semana, sin embargo, De Mendiguren le imprimió su sello personal de fuerte protagonismo a ese alineamiento y anoche lo coronó con su discurso en la cena por el Día de la Industria que encabezó la Presidenta en la exposición oficial Tecnópolis, adonde empresarios de todos los colores trataron de conseguir un lugar. A propósito: la UIA recibirá en comodato parte del terreno donde funciona la muestra para que organice allí una exposición anual simétrica a la de la Sociedad Rural (SRA).A pocas horas de esa celebración, el titular de la UIA fue más allá: reprobó con dureza el papel crítico del presidente de la SRA, Hugo Biolcati, considerado por la Rosada como el mayor "desestabilizador" desde el conflicto con el sector agropecuario por las retenciones, en 2008."Sin darse cuenta, (Biolcati) radicaliza en cada discurso la antinomia campo-industria; cree que tenemos que actuar en política y cambiar a los gobiernos. Y yo creo que la política tiene que llegar a un estadio superador para ganar democráticamente las elecciones. Esa es la diferencia", dijo De Mendiguren. en una entrevista que publicó ayer el diario oficialista Tiempo Argentino .Reveló incluso que en la reunión que el lunes pasado tuvo el Grupo de los 6 (G-6), primera desde las primarias abiertas, hubo "un tironcito de orejas para Biolcati" de parte de las restantes cabezas del mayor nucleamiento empresarial: Jorge Brito (Asociación de Bancos Argentinos), Carlos de la Vega (Cámara de Comercio), Enrique Wagner (Cámara de la Construcción) y Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio) y el propio De Mendiguren.Sobre el "tironcito", contó: "Hablamos de que (Biolcati) tiene que dialogar. El G-6 apoyó claramente a la UIA en su posición. Está el modelo de la (Sociedad) Rural, que es el que planteó Biolcati en su discurso (de cierre de la exposición, cuando convocó a votar contra el Gobierno), y por otro, mi discurso en la asunción. Están en las antípodas. El G-6 podía optar por uno u otro, y optó por el mío". Ninguno de los restantes miembros del G-6 salió ayer a desmentirlo.Aquel discurso con el que De Mendiguren volvió a conducir la central industrial, después de haber promovido la devaluación en la crisis de 2001, puede sintetizarse en esta definición: "La UIA no está aquí para confrontar sino para construir. No somos antagonistas de un gobierno, ni de un partido político, ni de los trabajadores". Fue en el acto de asunción, con las presencias de los jefes cegetista Hugo Moyano y de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi.Aunque De Mendiguren no consensúa sus discursos con el resto de la conducción industrial, tiene el consenso de los empresarios. Un reciente ex presidente de la central sintetizó ante este diario la posición respecto del Gobierno: "Hay unanimidad de criterio. Con esta política, los empresarios estamos ganando dinero, estamos protegidos y hasta podemos llegar a acceder a créditos baratos".Sin embargo, de una segunda presidencia de Cristina Fernández esperan el "service" que el modelo necesita, según ellos: mayor inversión a partir de que el Estado desgrave impuestos; una nueva ley de riesgos de trabajo; y un acuerdo con el Club de París y con el FMI que permita volver al financiamiento externo.El otro punto clave es el freno de la espiral precios-salarios, que podría terminar por afectar la rentabilidad de algunos sectores. En este punto, sigiloso y en tándem con la Rosada, De Mendiguren puede exhibir un triunfo: la Presidenta forzó el acuerdo de aumento del salario mínimo, el viernes pasado, en un 25 por ciento más cercano al 18 que proponían los empresarios que a 41 que demandaban los sindicatos.

