Liderazgos políticos: Schiaretti, en equipo; y Llaryora, más en la calle
Dos especialistas analizan cómo se manejan el gobernador de la Provincia y el intendente de Córdoba en la crisis por el coronavirus. Qué se espera de un líder, qué se mira y qué sucederá con la “transversalidad”.
En el medio de la pandemia, las figuras de Juan Schiaretti y Martín Llaryora se recortan por sobre el resto, ya que las decisiones que tomen afectarán a millones de personas. Ambos lo saben y por eso se han mostrado activos en los últimos días. Cada uno con su estilo, esquivando debilidades, sobreactuando fortalezas y separados, sobre todo, por la edad (70 años Schiaretti y 47 años Llaryora) y por la condición de cada uno.
Los liderazgos políticos, en tiempos de coronavirus, están siendo desafiados por una realidad inesperada. La incertidumbre por lo que va sucediendo obliga a tomar decisiones que, diariamente, son escrutadas por los ciudadanos. Especialmente si se trata del gobernador de la provincia y del intendente de la Capital.
En La Voz, analizamos los liderazgos de Schiaretti y de Llaryora con la ayuda de las miradas de dos especialistas en Ciencia Política: la doctora Silvia Fontana, docente e investigadora de la Universidad Católica de Córdoba; y Sofía Conrero, consultora, investigadora y docente.

–¿Qué se espera de un líder político en una crisis de esta magnitud?
–(Sofía Conrero) El tema del liderazgo reaparece fuertemente en situaciones de crisis que conllevan altos niveles de incertidumbre. En estos escenarios, los líderes políticos están siendo observados al detalle, y de ellos se esperan respuestas, certezas y soluciones. Si bien estas expectativas pueden variar, dependiendo de las necesidades y percepciones sobre la crisis que se tenga, podemos señalar tres aspectos clave (aunque no únicos) para los líderes políticos en situaciones de crisis. Uno es la necesidad de certezas; es decir, que pueda compartir información, decisiones, marcos de acción, que de alguna manera orienten las acciones en un sentido determinado, en escenarios de alta incertidumbre. En segundo lugar, la necesidad de llevar adelante una gestión colaborativa; es decir, que los liderazgos basados únicamente en la propia figura ya no son sostenibles. En este contexto, el trabajo con equipos técnicos y con profesionales es clave para la toma de decisiones. Y el tercer aspecto implica que el líder pueda aportar, desde lo emocional, al sostenimiento anímico de la población, desde la transparencia, pero con mensajes cercanos y empáticos. Un aspecto importante es que, en situación de crisis, es muy difícil que un líder pueda mostrar estilos de liderazgo que no haya desarrollado con anterioridad. Por lo tanto, la pandemia visibiliza la necesidad hacia el futuro de líderes políticos entrenados y no improvisados.
–(Silvia Fontana) Este es un contexto excepcional en la vida de la mayoría de los líderes del mundo. Es un escenario en el que todos se han visto interpelados ante la presencia materializada de un riesgo global. En este marco, la actitud principal de un líder político es su humildad para convocar a un trabajo coordinado y articulado, no sólo con la oposición, sino con todos los actores del sistema, ya que sólo con el trabajo interdisciplinario y escuchando a los que saben se tomarán las medidas adecuadas. Frente a situaciones complejas, es importante contar con la experiencia y el conocimiento de diferentes especialistas; y sumado a ello, apelar al consenso de los líderes de diversas instituciones, involucradas con los resultados. La empatía es otro de los rasgos distintivos en este tipo de situaciones, ya que el contacto con la población será constante. Estamos frente a circunstancias en las que un líder político debe huir del silencio, trasladar la máxima información posible, tener cercanía con los medios de comunicación, brindar mensajes transparentes, por lo que la empatía del líder es fundamental. Asimismo, se torna relevante que el líder pueda visualizar la necesidad de planear con cuidado y evaluar las acciones. Son momentos en los que los recursos son escasos y la necesidad de uso de los mismos debe ser eficiente. Un líder con capacidad de estrategia y no sólo operacional es fundamental. Ante esta situación, los líderes políticos deben evitar la miopía del “síndrome del búnker”, es decir, evitar el aislamiento decisional.
–¿Qué muestran o buscan transmitir Juan Schiaretti y Martín Llaryora?
–(SC) En el caso de Schiaretti, ha mostrado un perfil de liderazgo basado en aspectos técnicos, con fuerte base en los equipos de salud, fundamentando la necesidad de certezas en la preparación para atender la crisis. En el caso de Llaryora, se observa un estilo de liderazgo similar al que venía teniendo desde su asunción como intendente, con baja exposición pública y con el foco puesto en aspectos de ordenamiento y de sostenibilidad económica del municipio. En ambos casos, se observan acciones de coordinación y de articulación con diferentes niveles de gobierno para preparar y atender la emergencia.
–(SF) Son dos estilos distintos. El gobernador tiene una presencia ante los medios de mostrar un trabajo coordinado entre los niveles de gobierno a través de las acciones que en el Centro de Operaciones de Emergencia se llevan adelante. La mayor parte de las veces se ha mostrado en este marco, que simbólicamente muestra la fortaleza del trabajo conjunto no sólo con los gobiernos, sino con las instituciones que lo integran. Mientras que el intendente se muestra preocupado y ocupado por lo que sucede en las calles de Córdoba. Se está mostrando más territorial, muy activo junto a sus funcionarios, aunque no ha habido, o al menos no se visibilizan o se desdibujan, en esta territorialidad un trabajo conjunto con la oposición.
–¿Las expresiones de transversalidad política (oficialismo y oposición juntos) hasta cuándo durarán? ¿Hasta el fin de la pandemia?
–(SC) Dados la incertidumbre y el temor existentes, mientras dure la crisis es altamente probable que las expresiones de transversalidad política se sostengan. Pero se trata de una transversalidad incentivada por la crisis, lo que plantea dudas sobre su sostenibilidad futura. La gran pregunta será sobre el después de la crisis, en la etapa de recuperación y de rehabilitación, que quizás sea aún más compleja que la crisis en sí misma. Es en esta etapa en la que se requerirá fuertemente de acuerdos y acciones colaborativas, desde todos los sectores (público, privado, sociedad civil) para la recuperación y para brindar garantías de transparencia tan necesarias en este proceso.
–(SF) Desde mi romanticismo, esperaría que la “transversalidad política”, aunque más bien me gustaría llamarlo “consenso político”, durara eternamente y que el Covid-19 dejara como aprendizaje que desde la construcción conjunta los países lograrán su desarrollo armónico. Considero que estamos ante un punto de inflexión no sólo de la sociedad en general, sino a nivel político. El riesgo global, más allá que existía antes de la pandemia, pero hoy se ha metido en la vida de todos los estados, llevará a una nueva redefinición de los liderazgos mundiales, como también en las maneras de gobernar.

