La pobreza tiene nombre y apellido
Según estimaciones privadas, desde 2010 la pobreza en Argentina no ha bajado del 25 por ciento. La pobreza ya es del 32% y podría seguir creciendo.
Los números de la pobreza esconden lo peor de la larga crisis que vive Argentina. Tapan, con el formato de estadísticas duras, las identidades de los millones de ciudadanos que sufren las consecuencias de ingresos magros (o nulos) y precios por las nubes.
Así, conviviendo con esa desigualdad lacerante, llevamos años. Conmovidos, como ayer, por la cantidad de personas que sufren la pobreza; o cegados, como en otras épocas, por el apagón estadístico instrumentado por un Gobierno que tapaba la realidad.
Como sea, y según estimaciones privadas (como las del sociólogo Daniel Schteingart, que ha relevado varios índices), desde 2010 la pobreza en Argentina no ha bajado del 25 por ciento.
Son nueve años en los que el núcleo duro de la pobreza apenas se ha modificado y en los que, a pesar de los esfuerzos declarados por los presidentes Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri (“pobreza cero” fue la promesa por la que pidió que se mida su gestión), nada fundamental ha cambiado para millones de argentinos.
Vale decirlo: los números de ayer eran esperables después de la tremenda crisis que el año pasado arrasó con el peso argentino y empujó la inflación por encima del 50 por ciento. Pero, en especial, porque los alimentos (en lo que más gasta la porción más pobre de la población) superaron holgadamente ese promedio general en el índice de precios.
En nuestro Primer plano de hoy abordamos el tema con una completa explicación de los números que publicó el Indec, tanto del país como del Gran Córdoba.
Analizamos las razones del crecimiento desde el piso que llegó a tocar en 2017. Además, relevamos los centros urbanos donde ya parecen incapaces de aguantar más.
También contamos las historias de los rostros escondidos. Historias de personas que suelen pasar inadvertidas detrás de las estadísticas. Son quienes diariamente pelean contra el flagelo de la escasez, siempre con la valentía de los que sienten que, a pesar de la crisis, no está todo perdido.

