La plaza histórica se llenó de dolor
A poco de la confirmación de la muerte de Néstor Kirchner, se inició una convocatoria espontánea a vivar al ex presidente y darle apoyo a Cristina Fernández.
La misma Plaza de Mayo en la que la Argentina nació hace 200 años se ahogó ayer en un mar de dolor y consternación por la muerte de Néstor Kirchner, un hombre que se entregó desde su temprana juventud en cuerpo y alma a la política. El ex presidente dejó de existir ayer a las 9.15 en El Calafate de muerte súbita luego de sufrir dos paros cardiorrespiratorios, el primero en su domicilio y el segundo en el hospital local. Los restos de Kirchner serán velados desde las 10 en la Galería de los Patriotas Latinoamericanos de la Casa Rosada. El Gobierno dispuso tres días de duelo nacional, desde ayer hasta mañana. El entierro será en Río Gallegos, mañana o el sábado. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner estuvo junto a su marido hasta el último minuto, cuando los intentos por reanimarlo de los médicos del Hospital Formenti no surtieron efecto alguno. La Plaza de Mayo fue el escenario elegido por decenas de miles de personas para despedir a Kirchner. Desde el mediodía, carteles y pancartas comenzaron a agolparse frente a la valla que separa la histórica plaza de la Casa Rosada. "Fuerza Cristina, Néstor vive en nuestros corazones", escribió una chica con aerosol en un lienzo blanco, y lo colgó contra el murallón de metal. Luego de las 14, comenzó a crecer una fila de personas que aguardaron con paciencia la ocasión de dejar cartas y flores frente a la explanada de Balcarce 50. "Viva Néstor", gritó un muchacho y los aplausos se mezclaron con lágrimas. El llanto colectivo estaba desatado. De a miles. Las 20 fue la hora que dispusieron las principales agrupaciones K para concentrarse frente a la Casa Rosada, porque a esa hora terminó el Censo Nacional. Fue entonces que, de a miles, los rostros de la clase media urbana y de las barriadas más humildes del conurbano se cruzaron descorazonados. No se trató de un acto político, con movilización de aparatos. Nadie hizo uso de los micrófonos. Pero participaron todas las agrupaciones netamente kirchneristas que conviven dentro y fuera del PJ. No fue de la partida la poderosa CGT de Hugo Moyano, que convocó a sus adherentes a participar hoy de las exequias. En un gesto para mostrar horizontalidad con los miles de ciudadanos "de a pie", un contingente de funcionarios se congregó en la esquina de Perú y la avenida de Mayo. El presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner, fue el primero en llegar. Luego lo hicieron los ministros Carlos Tomada (Trabajo), Alberto Sileoni (Educación), Débora Giorgi (Industria), Nilda Garré (Defensa) y Lino Barañao (Ciencia). "Esto es tremendo", le dijo el secretario de Cultura Jorge Cossia al secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. Junto a ellos, muy compungida, estaba la ex senadora Marita Perceval y el senador Daniel Filmus. El centro de la Plaza de Mayo fue disputado por la agrupación política que creó Máximo Kirchner, La Cámpora, y la JP Descamisados. Este último grupo entonó decenas de veces el Himno y ensayó batucadas catárticas para liberar el dolor. Pasitos más allá, toda una familia, comandada por la sexagenaria Carmen Ledesma, miraba lo que pasaba en torno a una mesa de camping con mate y tortitas. Eran 19 integrantes, con un bebé de pocos meses. "Se murió un varón como Perón", dijo Carmen, quien prefirió sonreír y recordar "todas las cosas lindas que vivimos en la Argentina gracias a Kirchner". En el mismo escenario de las principales movilizaciones populares de la historia contemporánea argentina, decenas de miles buscaron anoche darse fuerza entre sí. Un grupo de ex jóvenes setentistas sostenía airadamente la necesidad de mostrar "fortaleza" ante la "derecha". Dos chicas recientemente casadas gracias a la Ley de Matrimonio Igualitario no paraban de llorar abrazadas a la bandera de la comunidad gay. La avenida de Mayo funcionó como principal corredor hacia la plaza. Aunque no se trató de una marcha, la multitud eligió desfilar con banderas y consignas en los labios. Entre ellos, pasó consternado el presidente del Centro de Estudios Sociales y Legales (Cels), el periodista Horacio Vertbitsky, detrás de una madre de Plaza de Mayo.

