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La narrativa de Llaryora: armonía con la Provincia y "la ciudad del abandono"

Análisis de las primeras palabras del candidato de Hacemos por Córdoba, que muestran los ejes discursivos de su relato para conquistar la ciudad. Cómo impacta en el juecismo y en el mestrismo.

10 de abril de 2019 a las 06:18 p. m.
La narrativa de Llaryora: armonía con la Provincia y "la ciudad del abandono"
Martín Llaryora, el candidato de Hacemos por Córdoba para la Capital. (La Voz/ José Gabriel Hernández).

En sus primeras palabras públicas como candidato, Martín Llaryora (Hacemos por Córdoba) mostró los ejes discursivos principales de su campaña para quedarse con la intendencia de la ciudad de Córdoba.

Dijo –no una vez, sino muchas– que su apuesta es el trabajo en equipo con el gobernador Juan Schiaretti. Habló de armonizar la relación y sugirió que, con su llegada a la intendencia, la ciudad de Córdoba tendría una virtual ampliación de su presupuesto, con recursos de la Provincia.

No tiene ninguna inocencia esta estrategia narrativa y apunta contra quien sería, según las encuestas, su principal retador: Luis Juez. Es que, en la memoria emotiva de los capitalinos, permanecen en el recuerdo las disputas Provincia-municipio, que tuvieron en los años de Luis Juez como intendente y José Manuel de la Sota como gobernador sus momentos de mayor tirantez. Coparticipación de 1 peso: ya alguien lo recordará antes de que llegue la veda electoral.

Para algunos dirigentes mestristas, la estrategia de Llaryora al plantear la inequidad en los recursos coparticipados ratifica que tenía razón el intendente y candidato a gobernador Ramón Mestre. Que la propia narrativa del candidato funcionaría como un "a confesión de parte, relevo de prueba".

Llaryora retomó el hashtag de la militancia peronista de la ciudad, "la Capital del abandono", para hablar sobre el estado de Córdoba. Describió, sin datos aún, los problemas de cloacas, desagües y transporte.

Con su postulación en entredicho judicial –por sus años de residencia en Córdoba capital–, podría pensarse que evitaría mencionar a San Francisco. En la entrevista que le hizo Voz y Voto habló de su paso como intendente de San Francisco sin culpas. Fue para enfatizar dos aspectos: que tiene experiencia para sacar una ciudad de una situación crítica y que, como entonces, lo haría en equipo con Juan Schiaretti como gobernador.

No hay que hablar de cosas inexplicables, aconsejan los expertos en comunicación política. Mejor sería no hacerlas, pero, si no se pueden evitar, la única posibilidad de que no se conviertan en problemas severos es naturalizarlas. Ser el exintendente de otra ciudad no sólo no lo inhabilita para ser el intendente de Córdoba: le da un plus de experiencia.

En un debate tendría que aguantar miles de chicanas de sus retadores por esto. Olga Riutort se ofreció como guía turística. Si Luis Juez (más analógico) le regalaba un Nomenclador cartográfico, Rodrigo de Loredo (con cultura digital) le pasaba un link de Waze. Entre otras cosas, por eso elude el debate.

En su primera nota, Llaryora también habló de una ciudad que estimule a los emprendedores y la inversión, el trabajo y la producción, un discurso que también trae de su paso como ministro de Industria provincial. Con crecimiento de la actividad económica, se recauda más en Comercio e Industria y se sale de la asfixia que provocan en los recursos municipales las cuentas de personal y el pago de los contratos de la basura.

La primera impresión: hay un guion en su campaña y se nota. Llaryora está "coacheado". Se cuidó de no anticipar sus golpes de efecto, ni sus anuncios principales, reservados para el momento en el que su equipo tiene planeado sorprender y sacudir. El tren metropolitano, la semana próxima, sería uno de estos primeros grandes anuncios. En línea con la tónica de su estrategia, saldría de esa imagen de "armonía" entre Provincia y Municipalidad, producto del alineamiento político entre gobernador e intendente.