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La misión de los sobrevivientes que se prometieron contar todo

Ellos darán voz a quienes continúan en calidad de desaparecidos y relatarán la oscuridad de la cuadra; los actos solidarios de quienes, a escondidas, daban una mano a aquellos que volvían destrozados de la sala de torturas. Ana Mariani.

04 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Ana Mariani (Periodista)
La misión de los sobrevivientes que se prometieron contar todo

El que comienza hoy no será un juicio más. Será el más importante de los que se llevaron a cabo en los Tribunales Federales de Córdoba, con 16 causas acumuladas, 44 imputados (luego del suicidio, el domingo pasado, de Aldo Carlos Checchi, ver aparte), 417 víctimas y 983 testigos.

Y serán los sobrevivientes el núcleo de esta megacausa.

Todos los secuestrados que pasaron por algunos de los centros clandestinos de Córdoba, en particular por La Perla, coincidieron siempre en un compromiso: “El que sale con vida tiene la obligación de contar”.

Así lo hicieron y así lo harán una vez más. Tendrán que volver sobre el dolor y narrar lo que fue aquel infierno.

Y el esfuerzo de memoria lo tendrán que realizar por ellos, que conocieron ese mundo infrahumano que fue La Perla, y por los que ya no están; por aquellos que fueron “trasladados” sin la posibilidad de un juicio justo, como el que hoy pueden tener los militares, policías y civiles imputados.

Solos, aislados, lejos de todo, aniquilados física y psicológicamente, mientras por la autopista Córdoba-Villa Carlos Paz pasaban miles de personas que podían observar a su derecha (en la actualidad, después de traspasar las cabinas de peaje), esa construcción de color rojizo, a pocos metros de la ruta y a sólo 12 kilómetros de la capital provincial.

A través de quienes se prometieron “contar”, la sociedad podrá saber quiénes tomaban las decisiones de los sentenciados al “pozo” (como le llamaban los militares a la muerte).

Por los testimonios de los que sobrevivieron a la maquinaria de destrucción, también se podrán conocer los nombres de las víctimas, el destino que tuvieron y la cantidad aproximada de las personas que pasaron por el símbolo de la muerte.

Ellos serán quienes darán voz a quienes continúan en calidad de desaparecidos y relatarán la oscuridad de la cuadra; los actos solidarios de quienes, aun a escondidas, les daban una mano a aquellos que venían destrozados de la sala de torturas.

A partir de este juicio histórico ya no se podrá mirar para otro lado. Todo ciudadano sabrá que el camión de la muerte se llevó a familias, a jóvenes estudiantes, a obreros, a docentes, a gremialistas… Y que los “operativos ventilador” eran una patraña más para sacar a los prisioneros de La Perla y fusilarlos en cualquier calle de Córdoba, para que al otro día los comunicados del Tercer Cuerpo de Ejército hablaran de “enfrentamientos con elementos subversivos”.

Desde hoy, después de muchísimos años, demasiados años de silencio, la decisión final sobre la responsabilidad estará en manos de la Justicia.