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La Justicia, terrenal y demasiado embarrada

Las investigaciones se mueven en un contexto banal, a veces bizarro.

09 de junio de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La Justicia, terrenal y demasiado embarrada

Un par de jueces, principalmente Sebastián Casanello, tienen entre manos a la madre de todas las batallas: desentrañar una gigantesca operatoria de corrupción durante el kirchnerismo, con eje en el manejo de la obra pública y el lavado de dinero. Asoma en el espejo la acción del procurador italiano Antonio Di Pietro, quien llevó adelante desde 1992 aquel proceso de "manos limpias" que desequilibró a la política italiana. Pero el proceso judicial de la corruptela argentina, que debiera moverse dentro de un territorio de asepsia, está inmerso en un barrial que ensucia expedientes y abre un gran interrogante sobre el resultado final.Las investigaciones ocurren en un contexto banal, a veces bizarro, que suma personajes, operaciones y situaciones que parecen destinadas a confundir, antes que a aclarar.Los paneles de televisión muchas veces están un paso más allá de la tarea de los fiscales y anticipan los pasos que se darán horas después. Insólito, pero real.La línea argumental lógica debiera conducir desde los supuestos testaferros (por caso, Lázaro Báez y Cristóbal López) hacia los responsables políticos, los verdaderos cortapisas de la historia.Sin embargo, la recta se va torciendo hacia situaciones como las del juez Casanello y su reunión en privado con el Papa. Parece un episodio circunstancial y simpático, pero no lo es.Casanello fue apuntado por tener tres años cajoneada la causa por lavado de dinero contra Lázaro Báez, que puede desembocar en la supuesta responsabilidad de la expresidenta Cristina Fernández, sobre lo que nunca avanzó.Sólo Casanello sabe qué le dijo Bergoglio entre los muros más intrigantes y conspirativos del mundo. El Papa, aunque se intente minimizar su acción, juega cartas fuertes en la política argentina. Y lo hace con gestos tan claros que no necesita hablar. Rezo por vos Distintas religiones creen que la justicia divina puede suplir las insuficiencias de la humana. Difícilmente el jefe de la Iglesia Católica le haya recordado eso a Casanello; más bien se cree en un consejo concreto y una palmada.El juez llegó al Vaticano de la mano de Gustavo Vera, quien asomó a la vida pública como un luchador contra la trata y amigo del Papa. Sin embargo, Elisa Carrió buscó correr un supuesto velo y lo vinculó directamente con los servicios de Inteligencia.Es el pantanal mismo. Nada menos que el Sumo Pontífice recibe al juez más juzgado de la Argentina, quien llega de la mano de un presunto agente de Inteligencia, vinculado indirectamente con Oscar Parrilli, el hiperkirchnerista exjefe de los espías. Demasiada novela, demasiada rosca detrás de la causa.En ese punto, se asoma uno de los hijos de Báez, Leandro, quien sigue alertando: "No me gusta este juez porque busca salvar a Cristina". Para sumar a la maraña, le sigue una investigación (ilegal) que demostraría que el teléfono de Casanello se activó al menos tres veces en la zona de la quinta de Olivos al final del mandato de Cristina Fernández.La decisión sobre la continuidad o no del juez en la investigación la debe tomar en las próximas horas la Cámara Federal II en lo Correccional y Criminal.En medio de las críticas que recibe Casanello, desde la órbita de los denunciantes hay voces supuestamente sensatas que no quieren que sea desplazado en este momento. Por caso, Margarita Stolbizer, quien considera que sería volver a dilatar los plazos.Para llegar a un final, hoy lejano, asoma necesario que la Justicia pueda limpiar el barro.