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La gestión del riesgo de desastres

El cambio climático es una realidad que se está presentando con contundencia y cuyas consecuencias se hacen ver y sentir.Silvia Fontana y Valeria Maurizi.

07 de abril de 2013 a las 12:01 a. m.
Silvia Fontana y Valeria Maurizi*
La gestión del riesgo de desastres

Comienzo de abril de 2013. La cotidianeidad de cada habitante de las ciudades de Buenos Aires y de La Plata se vio modificada. En cuestión de segundos, ambas ciudades fueron avasalladas por las inclemencias meteorológicas y comenzaron a surgir sus vulnerabilidades.

Cierto es que estamos presenciando la complejidad y la habitualidad con la que comienzan a presentarse este tipo de fenómenos, en los que se entrecruzan no sólo cuestiones naturales sino también socio-antrópicas y tecnológicas.

El cambio climático es una realidad que se está presentando con contundencia y cuyas consecuencias se hacen ver y sentir. Hoy, los desastres no son sólo la materialización de una amenaza, sino la suma de amenazas que, al manifestarse en simultáneo, se convierten en una catástrofe sin precedentes.

La Plata y la ciudad de Buenos Aires no son casos aislados en el concierto de catástrofes mundiales que se suceden en este siglo 21. Basta con recordar Santa Fe (2003) y Tartagal (2009), sólo por mencionar casos argentinos.

La ocurrencia de un desastre es el resultado de la interacción entre determinados eventos desencadenantes y las vulnerabilidades de la sociedad, cuyas causas muchas veces residen en la implementación inadecuada o en la falta de implementación de políticas públicas para la reducción del riesgo de desastres.

Frente a ello, no sólo es cuestión de realizar obras públicas, sino también de fortalecer a la población; es decir, prepararla para enfrentar los riesgos. Para que esto ocurra, primero es necesario que todos seamos conscientes de que el riesgo está presente en nuestra sociedad.

A nivel gubernamental, se debe comprender que el tema del riesgo de desastres debe ser contemplado en todas las esferas y no sólo por la conocida protección civil. Esto es así ya que, cuando se produce el desastre, se necesita del trabajo mancomunado de todos los sectores.

Asimismo, la sociedad civil debe apoyar estos esfuerzos, ya que también cuando la crisis por el desastre se produce es porque se ven superadas las capacidades de respuesta. Es por ello que se debe trabajar de manera conjunta en momentos de “no crisis”, es decir, en el desarrollo de las capacidades de la población frente al riesgo y al desastre.

Hacia adelante, los gobiernos hoy afectados deberán contemplar los problemas de la reconstrucción de las zonas damnificadas, como también la decisión de incorporar la gestión del riesgo de desastres en las agendas gubernamentales, como tema transversal.

Estamos en una sociedad del riesgo, la cual ha sido ocasionada por el imperio de los condicionantes de la sociedad industrial. Es en esta sociedad del riesgo donde los parámetros de seguridad se han tornado inciertos, por lo que convivimos día a día con el riesgo. Y debemos aprender a convivir con él reduciendo las vulnerabilidades de nuestra sociedad.

Es posible argumentar que las consecuencias de este tipo de fenómenos dejan marcas en la vida de todo el pueblo afectado. Es por ello que los gobiernos y la sociedad civil deben aprender que se debe “gestionar el riesgo” y no “gestionar en el riesgo”.

*Docentes e investigadoras de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, UCC.