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La "encarnación del mal" visita la Casa Rosada

Los empresarios creen necesarias dos condiciones clave, que anteanoche le mencionaron a la Presidenta, aunque de manera elegante. Adrián Simioni.

04 de agosto de 2011 a las 08:21 a. m.
Redacción La Voz
La "encarnación del mal" visita la Casa Rosada

En campaña, una reunión no se le niega a nadie. Tal vez no haya que dar más vueltas a la hora de explicar por qué Cristina Fernández recibió anteanoche a la "satánica" Fundación Mediterránea, después de que el intendente de Leones, Fabián Francioni, se pasara casi dos años tocando el timbre a través de Julio De Vido. Es que, para el cristinismo en particular y el llamado progresismo en general, la Mediterránea encarna el mal. Y, aunque Cristina Fernández debe ser lo suficientemente inteligente como para no tragarse ese "caramelo", mostrarse con la Fundación es riesgoso, de cara a muchos de sus potenciales votantes.Un ejemplo: una de las tres listas que en las elecciones para gobernador de Córdoba se presenta como K químicamente pura –la del Frente Unidad Popular y Humanista que encabeza Eduardo González Olguín– tiene como consigna de campaña que el delasotismo, la UCR y el juecismo son meras versiones opcionales de la Mediterránea. La foto de anteanoche no les debe haber gustado.Los cultores del pobrismo están, por principio, contra las empresas. Sólo las aceptan si son cooperativas (aunque muchas sólo tengan de cooperativo el hecho de que no pagan Impuesto a las Ganancias). O las admiten siempre y cuando sean "pequeñas". Como si la Argentina tuviera empresas gigantes: pese a ser el octavo país más grande del mundo y el 31° en población, ninguna firma argentina figura entre las 500 más grandes del globo.Argentina nunca fue propicia para las empresas y, por eso, cualquier político que se venda como de centroizquierda corre riesgos si lo ven cerca de ellas; y cualquier otro que se declare pro empresa queda al margen. Gatos pardos. Lo curioso es que esta aversión es fruto de un error. Si algo no es la Mediterránea, al menos la actual, es "neoliberal". Sólo alguien que piense que todos los gatos son pardos puede creerlo. Como la Presidenta, que la semana pasada, en una de sus lecciones sobre economía internacional, daba como ejemplo de fábricas de economistas y recetas "neoliberales" a universidades, entre las que mencionó a la de Harvard, sin nombrar a la que sí es la cuna del monetarismo; la de Chicago. De la que, dicho sea de paso, es corresponsal en el país el Cema, el instituto donde se formó su compañero de fórmula presidencial, Amado Boudou. En el mismo barrio. Acá se mete a todos en la misma bolsa. En realidad, la Mediterránea reconoció, desde el propio sentido de su origen, la necesidad de planificar una economía, algo que la aleja del mero laissez faire, laissez passer . Si hubiera que calificarla, mejor sería colgarle el cartel del "desarrollismo", el mismo barrio en el que se criaron peronistas como Cristina Fernández y ministras como la de Industria, Débora Giorgi, que anteanoche estuvo en la reunión. Ninguna organización empresarial ha hecho tantas apuestas (y pagado tantos costos) por eso. De hecho, es la única entidad del país que ha armado, en dos años de estudio de las cadenas productivas, un plan económico. Que ya entregó públicamente a todos los candidatos a presidente y que antenoche logró llevarle a la Presidenta.Si alguien se tomara el trabajo de leerlo, vería que allí hay un largo listado de producciones sustentables de cada lugar del país, a las que se podría agregar valor y que podrían generar riqueza, reteniendo población para evitar la concentración en urbes a las que luego hay que subsidiar chupando la sangre de los que no migraron a ellas. Además, son sustentables porque se basan en ventajas competitivas reales; no en ilusiones pasajeras, como el tipo de cambio favorable.Se trata de agregar valor a la producción primaria. Que es exactamente lo que no se cansan de repetir Cristina Fernández, Raúl Alfonsín, Eduardo Duhalde o Hermes Binner, quienes al final parecen todos desarrollistas que se quedaron sin hoja de ruta.Claro que los empresarios creen necesarias para su puesta en marcha dos cuestiones clave, que anteanoche mencionaron, aunque de manera más diplomática: Primero, un debate previo y consensuado –para que dure– que defina esas cadenas productivas. Y que funcionarios como Giorgi dejen el espontaneísmo de regar sectores con pies de barro, golondrinas de verano que arman celulares en Ushuaia. Segundo, que se definan reglas generales y estables, para que funcionarios como Guillermo Moreno no terminen decidiendo qué frigorífico exportará hoy y cuál no, y cuál de los dos lo hará mañana, según cuánta carne le cargue casi gratis al camioncito de "carne para todos". Son dos condiciones difíciles de ceder, porque hoy permiten tener al empresariado sentadito en fila en la sala de espera de los funcionarios.Para entregarlas, hay que tomar la decisión de dejar de mandar para hoy y empezar a gobernar para mañana.