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La campaña que cerró con la parábola perfecta

La imagen del final fue en el aeropuerto cordobés. Allí donde un mes atrás se registraron las primeras fricciones.

11 de agosto de 2017 a las 12:01 a. m.
La campaña que cerró con la parábola perfecta

En el umbral de la veda elec­toral, la campaña cordobesa cerró con una parábola que la devolvió al exacto plano del inicio.

Más allá de las fricciones prose­litistas, el presidente Mauricio Ma­cri y el gobernador Juan Schiare­tti se dieron la mano y partieron ca­da uno a sus respectivos actos de cierre, donde cuidaron que los discursos no tiren por un barranco los gestos de convivencia.

Los símbolos de distensión le pu­sieron punto final a una compe­tencia en la que fue notorio el contraste entre la apatía ciudadana y el voltaje en ascenso de sus conduc­tores políticos.

Una explicación posible es que las estrategias de campaña de las fuerzas mayoritarias sacaron de foco a sus principales candidatos y subieron a sus referentes partidarios a la disputa. Cuando esto ocurrió, en Córdoba la campaña adquirió alguna turbiedad típica de las acciones oblicuas.

El Gobierno nacional apuntó a Córdoba, pero con la clara intención de levantar aquí un escenario distinto al que se presenta como su principal amenaza: el de la provincia de Buenos Aires, con la candidatura de su principal oponente, Cristina Fernández.

Y el Gobierno provincial buscó instalar como agenda de discusión la relación Nación-Provincia. Con la expectativa de que los tiros a la gestión de Macri impactaran, de rebote, en sus candidatos en la provincia.

Con estas carambolas, el debate se empobreció, porque los que enunciaron terminaron eclipsando a quienes verdaderamente compiten.

Dedicamos al tramo final de la campaña, por su relevancia política, nuestro informe del Primer plano de hoy.

El oficialismo nacional subrayó que en Córdoba no se dirime 
un modelo provincial o municipal, sino la gestión del país. 
Y el gobernador reiteró sus críticas recientes al Presidente, pero publi­ci­tó el abrazo con Macri en el aeropuerto Ambrosio Ta­ra­vella.

El mismo lugar donde un mes atrás ambos pusieron en escena las primeras escaramuzas.