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La buena gestión siempre es la que está por venir

Giacomino aseguró que en diciembre dejará un municipio ordenado y saneado, casi como si en su gestión se hubiera asistido a una refundación de Córdoba. Rubén Curto.

02 de marzo de 2011 a las 12:01 a. m.
La buena gestión siempre es la que está por venir

Pase el que sigue; ahora sí que tiene toda la casa en orden y los números bien prolijos como para hacer una buena gestión. El próximo ya no tendrá excusas. Esta parece ser la síntesis del último discurso que dejó el intendente Daniel Giacomino ante los concejales. Visto en perspectiva, sin las particularidades de cada momento histórico, no se diferencia demasiado de los reproches que en 1999 profería Germán Kammerath (aliado al PJ) a su antecesor Rubén Martí (UCR), quien le legó el inmanejable conflicto con los remises ilegales y decenas de empresas de transporte quebradas. Ni qué hablar de las críticas que Luis Juez (Partido Nuevo) enunciaba en diciembre de 2003, por la enorme deuda que heredaba de Kammerath.Con la llegada de Giacomino al poder, en 2007, pareció generarse un corte en esa lógica, pero ahora quedó desmentido. El actual intendente también cayó ayer en el lugar común de sus sucesores, de atribuirse la autoría intelectual de un proceso casi fundacional para la ciudad de Córdoba, a la que en cuatro años dice haber rescatado de las ruinas, para encaminarla hacia un rumbo de progreso imparable.El caso de Giacomino tiene dos particularidades: era del mismo palo político que su antecesor y, cuando asumió, lejos estuvo de inventariar una herencia desastrosa, como sí repitió ya estando en el poder. El archivo está a mano. "Este día es muy diferente al que me tocó vivir cuando en 2003 asumí como viceintendente. En aquel entonces enfrentábamos el desafío titánico de rescatar una ciudad devastada, endeudada, anárquica, con falta de visión y de futuro. Hoy, nuestro ánimo es muy diferente. (...) ¡Córdoba está de pie! Primera etapa... cumplida!", reseñaba Giacomino el 10 de diciembre de 2007, al asumir el mando del Palacio 6 de Julio.El intendente cargó las tintas ayer sobre el peso de 1.400 contratados –los que subsisten en el municipio y que ahora piden ser efectivizados– que nombró Juez tres meses antes de irse, en lo que fue una medida a todas luces inaceptable. También es cierto que los cuatro mil agentes que pasaron a planta de un plumazo (otra barbaridad) lo hicieron a partir de marzo de 2007, cuando Giacomino ya había sido proclamado candidato a intendente por el juecismo, el 1° de ese mismo mes, sin que entonces se le escuchara rezongar demasiado al respecto. Sus actuales quejas por la exigua caja municipal resultarían mucho más creíbles si en aquel momento hubiera expuesto sus diferencias.Enfocado en hacer una reseña de su gestión, Giacomino eligió ayer no dar definiciones tajantes sobre cuestiones electorales. No adelantó la fecha en que llamará a votar a su sucesor y no confirmó (pero tampoco negó) su posible postulación a gobernador de la provincia. Sin embargo, los carteles de sus exaltados militantes que anticiparon esa candidatura y la vuelta a escena del mismo discurso que entronizó durante los comicios legislativos de 2009 para desgastar a Juez, lo ponen nuevamente en el centro de las miradas. Todo indica que jugará sus fichas en ese sentido, ya que es el capital político de que dispone. Está en su derecho.Mientras, quienes se preparan para sucederlo en el Palacio 6 de Julio podrían ir pensando cómo perfeccionar el rumbo actual y no hablar, a partir de diciembre próximo, de una nueva "refundación" de la ciudad. Ese argumento, de tan repetitivo que se ha vuelto cada cuatro años, tiene ya un poco cansados a los cordobeses.