La amenaza de la intemperie
La afinidad ideológica entre el cristinismo y el scottismo universitario, y el factor decisivo de la representación pública que ostentaban la presidenta de la Nación y la rectora de la Universidad, terminaron por fusionarlas.
El kirchnerismo de Néstor Kirchner era una variante del peronismo clásico con dosis de progresismo urbano de siglo 21, más la acumulación de poder económico.
No fue por esa vía por la que Carolina Scotto llegó a ocupar el Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba. Exponente de una izquierda clásica que se fue moderando con los años, obtuvo el sillón universitario aliada a otro sector del progresismo urbano (ya no tan siglo 21): el radicalismo de Franja Morada. Se ubicaba entonces en la vereda de enfrente del PJ.
Llegó el cristinismo, un sucedáneo del kirchnerismo de Néstor. El peronismo tradicional cedió terreno a una versión aggiornada del "socialismo nacional", cuya representación simbólica ejerce La Cámpora, aunque aquellos "soldados de Perón" crecieran desde los rincones clandestinos de la dictadura y estos "soldados de Cristina" surgieran de la sombra misma del poder.
La naciente afinidad ideológica entre el cristinismo y el scottismo universitario, y el factor decisivo de la representación pública que ostentaban la presidenta de la Nación y la rectora de la Universidad, terminaron por fusionarlas.
El domingo, el cristinismo sufrió una derrota severa. El pejotismo decidió rebelarse, esta vez usando como escudo a un bonaerense, exjefe de Gabinete kirchnerista, surgido de las entrañas de la Ucedé. Buena parte del aparato cruzó a la vereda de la oposición y aprovechó el viento de cola que empezó a soplar con el primer cacerolazo. El futuro dirá si la diáspora de las Paso dejará a la intemperie al sucedáneo K o si los largos y fuertes brazos del poder del Estado lograrán devolver a su redil a las ovejas descarriadas. De ocurrir tal reagrupamiento (la más improbable de las opciones), Carolina Scotto habrá dado un paso trascendente. Es una referente lúcida, intelectual y humanamente valiosa, que representa como pocos la pureza de las ideas que el relato oficial utiliza para seducir. En tal caso, haber corrido detrás de “la Coneja” sería apenas una anécdota, atribuible al clima electoral del país y al antikirchnerismo visceral de la provincia, antes que a sus condiciones.
En la hipótesis de fin de ciclo, en cambio, el “contenido Scotto” corre riesgo de quedarse sin continente. Sin Néstor, menguado el poder que dan los votos, no parece posible que Cristina, Máximo Kirchner y Carlos Zannini puedan articular la supervivencia política dentro ni fuera del PJ. Las espadas que hoy parecen dar la vida por el proyecto nacional y popular –a saber, Carlos Kunkel, Aníbal Fernández, Miguel Pichetto, Agustín Rossi– encontrarían hospedaje en otro rincón del útero que los engendró. Ni hablar de los gobernadores e intendentes, que identifican mejor y más rápidamente que nadie la parcela de tierra donde calienta el sol.
La incipiente carrera política de Carolina Scotto quedaría a la deriva, quizá esperando que las fuerzas sobrevivientes de la centroizquierda decidieran perdonar el destrato cristinista (gorilas, fachos, cipayos, funcionales a la derecha) y otorgar asilo a una mujer que se esfuerza todo lo que le permiten en mostrarse como el costado no beligerante de un proyecto en peligro de naufragio.
*Periodista-Canal Doce

