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La Voz En Vivo. Jorge Giacobbe: Milei y el Gobierno están más estables de lo que creemos

El analista político se refirió a la imagen del Presidente y analizó los próximos comicios. Anticipa una muy buena elección para los libertarios.

05 de agosto de 2025 a las 11:12 a. m.
Jorge Giacobbe: Milei y el Gobierno están más estables de lo que creemos
Jorge Daniel Giacobbe, analista político en La Voz en Vivo. (Captura)

El analista político Jorge Giacobbe sostuvo este martes que al presidente Javier Milei “le va a ir muy bien en las elecciones” y analizó la imagen del mandatario en las encuestas.

“El Presidente y el Gobierno están más estables de lo que creemos. Cayó cuatro puntos en imagen positiva y siguió la negativa. Es la primera vez en el gobierno que la imagen negativa está más alta que la positiva”, indicó en diálogo con el streaming La Voz En Vivo.

—¿Cómo está viendo estos días previos al cierre de alianzas?

—Lo que más me cuesta transmitir en estos días, tanto en conferencias como con clientes o en los medios, es una idea que suena extraña y contraintuitiva: las cosas están más estables de lo que creemos. Me refiero a la opinión pública. El Presidente y el Gobierno están más estables de lo que parece. En el último mes, Milei perdió cuatro puntos de imagen positiva y subió la negativa. Es la segunda vez en su gestión que la imagen negativa supera levemente a la positiva. Sin embargo, si uno mira la película entera, la evolución, ve que hay estabilidad. Durante todo el primer año, Milei se movió entre 45 y 55 puntos de imagen positiva; ahora, entre 45 y 50. Bajó un poco el techo, pero hay una estabilidad. Y cuando uno la cuenta en números, cuesta creerla porque no se siente. Vivimos el último año y medio al palo, como si todo el tiempo estuvieran pasando cosas tremendas. Pero la noticia es que no están pasando tantas. Hay que entender que hoy hay dos conversaciones sociales. Una, muy chiquita, es la del poder: medios tradicionales y digitales, redes sociales, ciudadanos sobreinformados en política. Gente poderosa, ruidosa; pero poca. Esa conversación está dominada por maníacos y depresivos. Por quienes creen que Milei es el mejor presidente de los últimos 200 años, y por quienes creen que es la suma de todos los males. Nada que ver con el promedio.

—¿Y qué dice ese promedio?

—Está emocionalmente en el mismo lugar que cuando votó en la segunda vuelta. Hay una mitad que no lo votó, que fue capaz de elegir a Massa para evitar a Milei. Lo odian profundamente, no lo van a querer nunca. La otra mitad sostiene una esperanza: reconoce a Milei la gestión de la inflación y el orden en la calle. Eso se celebra. Pero la esperanza es eso: algo por venir, no un festejo. Y ese “por venir” es la reactivación económica. De un lado hay tristeza, del otro esperanza. Y ambas emociones son estables. La tristeza no va a cambiar; el riesgo de Milei no es esta elección ni cuántos diputados o senadores saque, eso es una trampa. El riesgo real es que esa esperanza que lo sostiene no se convierta, en algún momento, en ansiedad.

—¿Ese optimismo que muestran Milei y sus funcionarios responde a esa esperanza? Dicen que van a “arrasar” en las elecciones.

—Decir “vamos a arrasar” es como decir “todo se va a ir al carajo”: son frases amplias que no siempre significan lo que parecen. Milei está en campaña, tiene que decir eso. ¿Qué creo yo? Que le va a ir muy bien. Va a salir primero en muchas provincias y segundo en otras, y en ambos casos será un éxito. No olvidemos que este es uno de los procesos más débiles con los que la opinión pública llevó a alguien a la Casa Rosada. Desde 1983, los dos presidentes menos votados fueron Néstor Kirchner y Javier Milei. Como fenómenos políticos, se parecen mucho: ambos expresan un disgusto, una generación joven que busca algo diferente y que quiere a alguien que le falte el respeto al sistema.

—Milei lanzó sospechas sobre un posible fraude en la provincia de Buenos Aires. ¿Qué lectura hacés?

—Es lo mismo que escucho hace 30 años. Siempre se habla de cierto nivel de chantada, de fraude o de paratología. Puede haber algo, pero no tiene el tamaño que se le adjudica. Mirá los municipios bonaerenses: hace 15 años que los intendentes no sacan ni siquiera la cantidad de votos equivalentes a los planes sociales que administran.

—¿Está abriendo el paraguas por si no le va tan bien?

—Todos abren el paraguas, porque la elección en la provincia de Buenos Aires está muy ajustada. En mi última medición, La Libertad Avanza está dos puntos arriba. Eso no quiere decir que va a ganar: estamos ante un empate técnico. Lo único seguro es que una fuerza le va a ganar a la otra por uno, dos o tres puntos. No por quince. Si yo mido 1,82 y otro mide 1,81, es cierto que soy más alto, pero no importa. En la provincia de Buenos Aires va a haber una diferencia mínima. Quien gane o pierda es irrelevante. El único dato interesante es que La Libertad Avanza reemplazó al PRO como instrumento contra el kirchnerismo. Estamos ante un reemplazo tecnológico, nada más. Ninguna fuerza va a tener muchos más diputados o senadores. Son elecciones, en ese sentido, bastante “al cohete”.

La economía

—¿Y la economía? ¿No influirá en el resultado de Milei en octubre?

—No. Ni siquiera influye en 2027. En nuestra ansiedad por entenderlo todo, a veces atamos cosas que no están conectadas. Podés tener un escenario donde uno gane por dos puntos en septiembre y el otro gane en octubre. También puede pasar que uno gane ambas. Si La Libertad Avanza gana por dos puntos, ¿quiere decir que el país cambió para siempre? No. Y si pierde por dos puntos, ¿quiere decir que vuelven los “cucas” marchando por Avenida de Mayo? Tampoco. Pensalo así: desde 2003, lo común es que el kirchnerismo pierda elecciones legislativas en la provincia. Perdieron con un supermercadista colombiano (por De Narváez), con Massa, con cualquiera. Cuando la gente quiere castigar, vota cualquier cosa. No hay que sorprenderse si pierden ahora. De todas las legislativas bonaerenses que enfrentó el kirchnerismo, perdieron todas menos una. Es la norma. Después se vuelven a parar. Y cuando ganan, también se pueden caer. La pregunta no es qué pasa con el kirchnerismo. El fondo de la cuestión es otro: allá afuera hay al menos un 35% de argentinos que, psicológicamente, adhieren a lo que se llama el “rol materno”: reconocer el dolor, tratar de calmarlo con lo que se tiene, criar y malcriar. Ese electorado va a seguir existiendo. A veces se llama kirchnerismo, a veces peronismo, a veces de otra forma. Pero va a seguir existiendo.

Gobernadores

—¿Qué pensás del espacio que están armando cinco gobernadores apadrinados por Juan Schiaretti?

—Me alegra que alguien esté pensando en construir liderazgo a futuro. La política argentina se volvió un ecosistema de cobardes. Nadie quiere desafiar al otro, ni siquiera adentro de su partido. Después de Milei, ya sea en cuatro u ocho años, ambos sectores tienen que generar nueva oferta. El liberalismo necesita una fase dos, no adolescente; el progresismo, una que no sea setentista, sin traumas rumiantes de hace 50 años. Los gobernadores no están jugando esta elección: están tratando de crear un símbolo. Se están dando cuenta del problema de liderazgo en el progresismo. Están mirando la yugular de Cristina, no la de Milei. Y más allá de si creen en un Estado más grande o más chico, celebro que se estén pensando hacia adelante.