Historias de quienes volvieron a quedar a pie
Belén Gramallo, Miriam Chozco y Olga Tellos, tres mujeres que ayer padecieron el paro.
“Me vine en remise desde Villa Allende. Me cuesta 180 pesos ida y vuelta. Por suerte, el remisero es amigo y me espera hasta que cobre para pagarle”, contó a este diario Belén Gramallo, de 27 años, que ayer tenía que estar sí o sí por la mañana en el Hospital de Niños para que atendieran a su hijo más chico.
A su lado, sentada en uno de los bancos de cemento, en la vereda de la Bajada Pucará, estaba Miram Chozco, una empleada doméstica que vive en Catamarca y tuvo que viajar hasta el Hospital San Roque por problemas de salud. Como ayer había paro de transporte de larga distancia, viajó el miércoles desde su provincia y llegó ayer a las 3 de la mañana a la Terminal de Córdoba. “No había nadie, estaba desierto porque no había colectivos ni gente. Me dio miedo y me fui a un hotel. Ahora me dicen en el hospital que no saben si el traumatólogo va a venir”, se lamentó.
Las historias se repetían ayer en distintos puntos de la ciudad: muchos espacios vacíos y relatos de personas que habían hecho grandes esfuerzos para poder trasladarse a su lugar de trabajo o de estudio, o para no perder un turno en el médico.
Olga Tellos es la encargada de preparar el almuerzo para los chicos en la Escuela Rivadavia, en la intersección de calles Agustín Garzón y Uruguay, en barrio San Vicente. Trabaja para una empresa privada contratada por la Provincia, por lo cual contó que no podía faltar a pesar de que vive en Salsipuedes. Entonces optó por no volver el miércoles a su localidad y quedarse en otra casa en barrio Yapeyú. Desde allí, ayer por la mañana, caminó varias cuadras hasta la escuela. “Me fui de la casa en Yapeyú, sobre la costanera, porque no me gusta vivir ahí, siento que en cualquier momento me van a entrar a robar. Anoche me tuve que quedar sola en ese lugar y la verdad que no me gustó”, contó a este diario.
A esa escuela primaria habían asistido ayer la mitad de los chicos y los docentes, quienes tienen las faltas justificadas si viven a más de treinta cuadras del establecimiento. Así lo explicó Jorge Rivarosa, inspector del Ministerio de Educación, que cubre 22 colegios de la zona y que ayer al mediodía se encontraba en ese establecimiento.
“La realidad es dispar, según las escuelas. En las de la zona céntrica, en general los que más faltan son los chicos, y en las de los barrios, los que no pueden llegar son los docentes”, señaló Rivarosa. Su explicación quedó graficada con el caso de Ipet N° 248 Leopoldo Lugones, de Nueva Córdoba, en el que ayer no hubo clases porque no había alumnos.
Comerciantes preocupados
En la zona de comercios mayoristas, en calle Ituzaingó, la mayoría de los negocios estaban abiertos pero con pocos o casi ningún cliente. “Desde las 8.30 que abrimos y hasta las 10.30 no entró nadie”, se lamentó Jorge Iriarte, empleado de una lencería ubicada en Ituzaingó casi calle Corrientes. “El paro nos afectó. Y también vienen bajando las ventas desde fin de diciembre”, comentó. En la peatonal pasaba algo similar. Los negocios estaban abiertos, pero había mucha menos gente de la habitual de compras o caminando por las veredas.

