"Flaquito, no te hubieras presentado como candidato a intendente"
Eran los días urgentes de 2008, cuando la ciudad de Córdoba se estaba quedando sin recolectora de basura y había riesgo de desborde.Sergio Carreras.
-Pablo, no puedo darte lo que me pedís. Pablo Moyano puso cara de fastidio, se acercó al intendente Daniel Giacomino, le apretó un hombro con la mano y no fue diplomático:–Flaquito, si no podés, no te hubieras presentado de candidato a intendente.Eran los días urgentes de 2008, cuando la ciudad de Córdoba se estaba quedando sin recolectora de basura y había riesgo de desborde. Cliba, del Grupo Roggio y con el contrato vencido, anunció su retiro y parecía que la única salida para Giacomino era dejarse apoderar por Covelia, la empresa vinculada a la familia del cegetista Hugo Moyano, que venía quedándose con el servicio en numerosos municipios bonaerenses. Era eso o el caos: dos días sin servicio bastan para desgreñar el centro de la ciudad como un náufrago y poner a los capitalinos en clima de guerra.El negociador del sindicato de camioneros era Pablo Moyano, el hijo de Hugo, quien ahora está bajo la lupa de la Justicia suiza debido al exhorto que llegó hace días pidiendo informes sobre su patrimonio y vinculándolo con Covelia. Pablo llegó a Córdoba como una tromba, seguro de quedarse con el premio mayor. Lo escoltaba un grupo de camioneros vestidos como para un recital de Daddy Yankee, llenos de oro, con las zapatillas sin atar, que paraban en un hotel de Villa Carlos Paz.–Pablo, no puedo darte todo eso. Primero tenemos que ver a qué empleados tomamos.–No, flaquito –le decía Pablo al intendente–. Vos tomalos a todos, pagales las indemnizaciones a todos y después vemos cómo seguimos.Por esos días, la discusión principal para el traspaso de Cliba a la nueva empresa tenía que ver con las indemnizaciones que había que pagar a los empleados y la continuidad laboral de ellos en la nueva prestataria. En una reunión en la Secretaría de Trabajo, mientras los funcionarios municipales esperaban en una oficina al secretario, Omar Sereno, apareció Pablo, acompañado de sus patovicas. "¿Qué están esperando?", les preguntó. Cuando le contestaron, le dijo a uno de sus acompañantes: "Andá y traélo"."A los 10 segundos, Sereno estaba con nosotros", contó un ex funcionario municipal que participó de la reunión. En esos momentos difíciles, recuerdan varios ex funcionarios de Giacomino, el intendente les propuso que ellos mismos salieran esa noche a recoger la basura por los barrios, luego de conseguir camiones recolectores de emergencia.
"Era tanta la desesperación de 'Giaco', que una noche la mandó a su esposa a Buenos Aires a alquilar cualquier camión que encontrara para levantar la basura. Al día siguiente, Gabriela Almagro viajó a Buenos Aires con el secretario de Ambiente, Fernando Cámara, a cumplir la insólita misión. Otro ex funcionario, que tampoco quiere que aparezca su nombre, recuerda: "Para nosotros, Covelia no existía. Era la empresa de Hugo Moyano. Sabíamos que estábamos negociando con su empresa, que mandaba al hijo para apretarnos y que luego vendría él a cerrar el negocio". Así fue. Luego de las presiones de su hijo, Hugo se reunió en Carlos Paz con Giacomino y arregló las cargas para que los empleados de Cliba pasaran a la nueva empresa. No fue gratis. En un trámite insólito, un gremio, el de camioneros, le terminó prestando plata, en una operación que involucró al Grupo Roggio, para que se pudiera pagar la indemnización de los empleados de Cliba. Así, la Municipalidad de Córdoba solucionaba su problema. Por un acta suscripta el 10 de febrero de 2009, la Federación Nacional de Camioneros, representada por Pablo Moyano, Pedro Mariani y Raúl Altamirano, le cedió casi 44 millones de pesos. La Municipalidad –o sea, los cordobeses– terminó pagando el 15 de agosto, con intereses, ¡50 millones de pesos! a los camioneros de la familia Moyano. Roggio se pudo retirar de la concesión sin problemas, Giacomino se sacó un problemón de encima, los empleados cobraron indemnización y consiguieron que igual les reconocieran la antigüedad en la nueva empresa estatal (Crese), y los Moyano hicieron valer su poderío frente a la autoridad de la segunda ciudad del país.

