Final histórico y con cuentas pendientes
Más allá de las condenas resonantes, en este juicio se desplomó un peso pesado de la Policía de Córdoba que gozó de increíble impunidad hasta más de una década después de recuperada la democracia: Carlos Alfredo Yanicelli. Calos Paillet.
El juicio que culminó ayer en los Tribunales Federales inscribió algunos hechos que seguramente merecerán un recuadro en la historia de Córdoba: por primera vez, se condenó en esta provincia a un ex presidente de la República, aunque de facto: Jorge Rafael Videla. También, de ese proceso oral y público surgió la primera mujer policía sentenciada por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura: Mirta "Cuca" Antón. Pero, más allá de esos registros y de que las condenas a Videla y Luciano Benjamín Menéndez sobresalieron por sus jerarquías y sus pasados tenebrosos, en este juicio se desplomó un peso pesado de la Policía de Córdoba que gozó de increíble impunidad hasta más de una década después de recuperada la democracia: Carlos Yanicelli. Estalló la concurrencia cuando el presidente del Tribunal, Jaime Díaz Gavier, leyó lo que le tocó en suerte a Yanicelli: "Prisión perpetua e inhabilitación absoluta perpetua". Desde su juventud en la Policía de Córdoba, además de torturar a ciudadanos indefensos, Yanicelli se infiltraba en la Universidad Nacional para delatar a estudiantes y militantes políticos. Un patético parecido con otro emblema del terror de aquellos años: el oficial de la Armada Alfredo Astiz. A éste se lo conocía como "el Ángel Rubio"; a Yanicelli, como "el Tucán".Pero no todas fueron demostraciones de euforia tras el fallo del Tribunal Oral N° 1. Con las absoluciones a los ex mayores del Ejército Osvaldo Quiroga y Francisco D'Aloia, continúa impune el crimen de Miguel Hugo Vaca Narvaja, asesinado el 12 de agosto de 1976 y por el cual estaban bajo sospecha ambos oficiales. En este sentido, se especulaba con el salvataje a D'Aloia, pero la querella había solicitado perpetua para Quiroga y la absolución cayó como una bomba entre los organismos de derechos humanos y, de modo particular, en la familia de Vaca Narvaja. Otro capítulo pendiente es el referido a las acusaciones que se escucharon a lo largo del juicio contra ex magistrados y funcionarios de la Justicia federal que en el marco de sus funciones habrían hecho la vista gorda frente a las denuncias de las víctimas de la dictadura. Si bien el Tribunal ya le había derivado a un fiscal de Instrucción algunos trapos sucios que sacó a ventilar Yanicelli, ayer no se extendió en pedir la averiguación de otros casos que quedaron expuestos por boca de acusados y testigos. Antes del fárrago de condenas y absoluciones, Menéndez había irrumpido otra vez con un discurso temerario, horas antes de escuchar, inmutable, la quinta condena a perpetua en su contra. Menéndez dio en su última palabra una arenga decididamente golpista y se regodeó con pasajes inescrupulosos sobre lo que él entiende debe ser el apego a la Constitución.En su perorata queda claro que Menéndez añora las andanzas brutales de los '70 y que reniega de las leyes y de la democracia. Aunque con festejos y rezongas, terminó el tercer juicio en Córdoba a represores de la dictadura. Y eso no es poco.

