Fidelización de lo propio, repunte de la gestión y dispersión opositora
Mestre acertó en el relanzamiento después de haberla pasado mal. Tiene muchos desafíos por delante. El fracaso Juez-Riutort y el duro golpe a los opositores. Debates pendientes.
Fidelización de buena parte de los votos propios, repunte en tres cuartos de gestión y dispersión opositora parecen ser las claves del triunfo que, vaticinan los sondeos boca de urna, obtuvo Ramón Mestre en la elección municipal de la ciudad de Córdoba.
El intendente habría logrado la reelección por un porcentaje de sufragios levemente menor al que lo depositó en el Palacio 6 de Julio cuatro años atrás, pero con una ventaja muy clara sobre sus competidores.
Ha perdido un poco de adhesiones respecto a 2011, pero se ha recuperado mucho de aquellas etapas de su administración en la que estaba por el piso en la consideración ciudadana.
Las acciones de relanzamiento de su gestión, profusamente difundidas, parecen haberle dado resultado.
Como así también le fue clave la atomización de las fuerzas opositoras. Mestre conseguiría la reelección por alrededor del 30 por ciento de los votos, un porcentaje que en otro escenario electoral lo pondría lejos del triunfo.
Desafíos
El nivel de adhesión le impone una serie de desafíos, ahora que seguramente buscará ser candidato a gobernador dentro de cuatro años. Mestre intentó en este turno electoral competir provincialmente pero las alianzas que tejió su partido se lo impidieron.
Un dato puede serle útil para su segundo mandato: cuando buscaba ser candidato a gobernador estaba por el piso en la imagen pública; cuando se enfocó en buscar el segundo mandato en la Intendencia, creció lo suficiente para tener su objetivo.
Opositores débiles
Si bien con este resultado, de confirmarse las tendencias de boca de urna, Mestre quedaría ante una situación en la que no le sobra nada, pero tendría como buena noticia la escuálida cosecha electoral de sus principales contrincantes.
Luis Juez, Olga Riutort y Esteban Dómina fueron los principales opositores a la actual gestión municipal.
Los dos primeros se reunieron en busca de desplazar del poder a Mestre y fracasaron con estrépito. En política, hay sumas que restan. Y esta parece haber sido una.
Juez acumula una nueva derrota electoral, que lo aleja de aquella centralidad del escenario político que supo ostentar años atrás.
Si se confirma que salió tercero o cuarto, el golpe será de consideración y para el escenario provincial implicaría la posibilidad de regresar a un esquema bipartidista, lo que le genera una situación de alivio al futuro gobernador Juan Schiaretti.
En 12 años, Juez perdió bastante más de la mitad de los votos que tuvo en su momento de mayor gloria. Y no son pocas las voces que auguran una temprana jubilación, trámite siempre complejo en política.
Emergería, de confirmarse los pronósticos de encuestas a boca de urna, Tomás Méndez como un imprevisible opositor, en función de la confusa conjunción de respaldo de estructuras partidarias tradicionales con discurso antipolítica.
Debates a futuro
El resultado de la elección parece reflejar el estado de la ciudad, que se va comiendo de a uno a sus administradores y referentes.
Y el proceso electoral deja abierta una larga serie de debates institucionales, como el reparto de bancas en el Concejo Deliberante, la falta de regulación de las campañas electorales, las limitaciones del uso del Estado municipal para proselitismo, la posible incorporación de la segunda vuelta para dotar de más legitimidad al ganador, entre otra larga lista de aspectos.

