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Entre la violenta década del 70 y los carapintada

Con la detención de Carlos “el Indio” Castillo se abre una ventana incierta a uno de los períodos más violentos de la historia reciente del país. Jorge Camarasa.

18 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Jorge Camarasa (Especial)
Entre la violenta década del 70 y los carapintada

Con la detención de Carlos "el Indio" Castillo, ocurrida el pasado fin de semana en Villa General Belgrano, se abre una ventana incierta a uno de los períodos más violentos de la historia reciente del país. Castillo, de 59 años, fue un personaje recurrente de esa historia. A comienzos de la década del setenta pasó de barrabrava a militante peronista de ultraderecha, luego fue miembro de grupos de tareas, más tarde civil carapintada en la Semana Santa de 1987, después sospechoso tras la voladura de la Amia y empleado de Aldo Rico en el Congreso de la Nación, y finalmente traficante de armas y drogas en Paraguay, donde vivía hasta hace poco y desde donde se había pedido su extradición.Todo indica que su captura en la villa, hace cuatro días, fue en el marco de la investigación a una banda que mataba por encargo a empresarios de la construcción.¿Un cambio de rubro? No. La vida de "el Indio" Castillo, que da para una película, fue siempre una mezcla de política y delito. Estuvo en todas, o en casi todas, y en las que no estuvo se lo sospechó de estar. En los setenta militaba en la Concentración Nacional Universitaria en La Plata, y el 20 de junio de 1973 participó de la batalla de Ezeiza, cuando el regreso al país de Perón. Ese día hubo al menos 13 muertos y casi 400 heridos, y hay una foto que lo muestra a Castillo, cuerpo a tierra, disparando una ametralladora.En 1975 integraba la banda de Aníbal Gordon, un grupo civil de secuestradores que ocasionalmente eran "alquilados" para trabajos represivos, y en septiembre de 1976 fue parte del grupo de tareas que secuestró a 10 estudiantes secundarios en La Plata, en la llamada "Noche de los Lápices". El "Indio" fue identificado por Pablo Díaz, el único sobreviviente, y en los años siguientes sería reconocido en los centros clandestinos de Pozo de Banfield y La Cacha, donde actuaba como interrogador y torturador de presos.Para un hombre de su perfil, su incorporación a la democracia fue de manual: en la Semana Santa de 1987 fue uno de los civiles que se sublevó con los carapintadas de Aldo Rico, y desde entonces trabajó con él en el Modín, el partido que los aglutinaba. En 1991 fue detenido a dos cuadras de la quinta de Olivos con un arsenal que incluía cohetes autopropulsados, en 1994 se lo investigó como parte de una supuesta "conexión carapintada" en el atentado a la Amia, y en 1997 se lo vinculó tangencialmente con el asesinato del periodista José Luis Cabezas. Cuando se lo interrogó, dijo que trabajaba como asesor en el Congreso de la Nación.De los casi 60 años que tiene, Carlos "el Indio" Castillo debe haber pasado la mitad prófugo y una cuarta parte preso. Dicen que en los últimos años, en Paraguay, había organizado una banda de sicarios de alquiler, y que traficaba armas y drogas con su esposa. En su vida de película, todo es posible.El sábado, cuando la comisión de la Interpol llegó a detenerlo en la casa donde vivía en Villa General Belgrano, no se resistió. Quizá se haya sentido sin protección, o haya pensado que la historia estaba dando una voltereta curiosa: Aníbal Gordon, el secuestrador que había sido su primer jefe, también había sido sorprendido mansamente, en enero de 1984, en una casa de La Serranita.