Entre la no sorpresa K y la sorpresa radical
El 24 de junio pasado, en el complejo Forja, Daniel Scioli y el candidato sorpresa del cristinismo, Carlos Zannini, rodeaban a un esperanzado Eduardo Accastello.
El 24 de junio pasado, en el complejo Forja, Daniel Scioli y el candidato sorpresa del cristinismo, Carlos Zannini, rodeaban a un esperanzado Eduardo Accastello. En la primera aparición pública de la fórmula presidencial, el kirchnerismo puso sobre ese escenario toda la carne en el asador. Tal fue el tamaño de la apuesta que ese día se le conoció la voz a Zannini en la provincia que lo vio nacer.Dos días después, el 26, por cadena nacional la propia Cristina Fernández, le colocaba el cuerpo al intento de instalar en Córdoba por medio de una buena elección de Accastello una plataforma de apoyo al binomio Scioli-Zannini. La mandataria repetiría esa estrategia el miércoles pasado con una teleconferencia con Río Tercero para volver a poner en marcha una fábrica de vagones. El esfuerzo tiene su explicación: no se puede ser presidente sin hacer una gran elección en Córdoba, aseguran los analistas, porque obligaría a obtener un triunfo exagerado en Buenos Aires para compensar la pérdida de votos.Los encuestadores complementaban la expectativa que bajaba de ese claustro kirchnerista con un dato novedoso.Según esos números, el binomio Accastello-Cacho Buenaventura –dicho sea de paso, otra sorpresa para el contexto tradicional de la política cordobesa, como lo fue en su momento el árbitro Héctor Baldassi–, estaba en condiciones de relegar a un tercer lugar a la triple alianza radical-macrista-juecista.Con encuestadores, cadenas nacionales y una campaña bien financiada, el kirchnerismo prometía de tal forma dar una gran sorpresa en Córdoba. Así lo decían ellos mismos y lo repetían algunos medios de comunicación nacionales, afines y no tanto.Pero el conteo efectivo de los votos, sin embargo, dejó en claro que la sorpresa fue que no hubo sorpresa.Accastello solo pudo conseguir unos puntos más de adhesión que los que obtuvo en su momento Carolina Scotto como candidata a diputada nacional, pero en general el kirchnerismo en Córdoba ha tenido en la década una expresión limitada y reducida, salvo en las presidenciales de 2011. El villamariense, de un perfil político y de gestión mucho más alto que la ex rectora, le encontró como explicación que a último momento muchos votantes independientes se decidieron por el radical Aguad. Esa polarización entre la triple alianza y Unión por Córdoba puede verse claramente en los resultados de Colón, Río Cuarto y San Justo.En definitiva, no hubo sorpresa kirchnerista en Córdoba. Existió otro intento. Pero "el modelo", queda claro, está lejos de entusiasmar a los electores de la provincia. El Tropezón no alcanzó En otro sentido, donde sí se produjo un resultado en cierto modo sorpresivo fue en Córdoba Capital, por la holgura del triunfo de la triple alianza. En el principal distrito electoral, Unión por Córdoba le puso todas las fichas a algunas obras estratégicas, como el nudo vial de El Tropezón, para tratar de captar el voto del ciudadano cordobés de clase media, dado que ganó con holgura en sectores populares como Villa El Libertador.A Córdoba Capital, sin embargo, lo resolvió con comodidad Juntos por Córdoba, un resultado en el que se recostará Ramón Mestre para su campaña hacia la reelección.

