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Encuestas

Les queda el relato de contarnos que subieron dos puntos o ganaron algo con tal o cual movimiento. Yo no les creo o no me da la gana creerles. Es tanto lo que alteraron que ninguno de sus datos merece confianza.

13 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
Julio Bárbaro*
Encuestas

Lo del árbol que no deja ver el bosque es un lugar común que nunca pierde sentido. Las encuestas intentan convertirse en el termómetro que mide la fiebre de una sociedad en la que quienes gobiernan no imaginan volver al llano y los que no los queremos no imaginamos el destino de tener que seguir aguantándolos. Las encuestas, con sus respectivos analistas, van y vienen, llevadas a veces por el humor de los votantes y, otras, guiadas por quien las encarga. Supongamos que en el futuro una ley imponga la obligación de iniciar cualquier encuesta indicando quién la encargó y el nombre del inocente que la paga. Porque así como alguien tuvo la infeliz idea de destruir la institución que medía la inflación en un país que milita entre los más inflacionarios del mundo, también hubo quien se ocupó de comprar encuestas a precios exagerados. Sólo a cambio de que engendren números que confundan la realidad o, al menos, los sueños de los que creemos en la democracia y la madurez de la sociedad e imaginamos que se impone un cambio.No intento agredir a los encuestadores, gremio en el que tengo amigos; sólo avisar a tantos que se deprimen que en muchos casos –demasiados– esas encuestas son financiadas por el Gobierno y por eso acarician los sueños del oficialismo y generan la peor pesadilla en el resto. Cuando tengamos la suerte de que se retire este Gobierno habrá quedado en claro cuál es la minoría insobornable y, del otro lado, cuál es el grupo masivo dispuesto a correr, a cambio de algunos beneficios, en ayuda del débil vencedor. La democracia y la libertad exigen una importante cuota de rebeldía y pareciera que la nuestra es escasa, apenas alcanza para salvarnos de lo peor. El miedo a ser Venezuela, a reflejarnos en ese turbio espejo elegido por el gobierno, apenas lo vamos superando.Más allá de las encuestas debemos observar el rumbo de la historia, ese sentido que va generando la sociedad en su conciencia. Pertenezco a una generación formada en la admiración al marxismo y la idea del final del capitalismo, tanto que no hubo analistas que anunciaran la caída del Muro, la agonía y la muerte del que se ocupaba de pronosticar nuestro final. Me refiero al mundo para así bajar a nuestra realidad; solemos pasar del estatismo al privatismo como si con el simple cambio de rumbo se pudiera reencontrar el sentido de la historia. Menem seducía destruyendo al Estado, y los Kirchner, volviendo a convertirlo en un gigante; con ambos retrocedimos en múltiples planos.La ley de medios es un engendro absurdo que imagina que al destruir a los que opinan distinto iba a consolidar la concepción de la política que intentaban imponer. El Estado con muchos medios propios, otros financiados por la misma publicidad estatal y finalmente muchos medios privados chicos sin peso en la sociedad. Si se animaron a destruir el Indec y los medios libres, no tenemos derecho a imaginar que no hicieron mella en los encuestadores.Personalmente, trabajo en los equipos de la candidatura de José Manuel de la Sota, el único capaz de enfrentar al Gobierno reivindicando al peronismo, pero grito e insisto en que terminaré votando a quien pueda derrotar al actual sistema de poder.Los vicios del actual Gobierno alteran ya la esencia misma de la democracia, sustituyen la noción de adversario por la de enemigo, destruyen instituciones con la simple intención de convertirlas en instrumentos a su servicio.No es que no sean creíbles las encuestas, es que son útiles en espacios de tiempo que permitan medir el rumbo del humor social. El oficialismo está débil en Capital, Córdoba y Santa Fe y apenas empatado en Buenos Aires. No imagino en qué lugares logran encuestas favorables. Todas aceptan que el 60 por ciento o algo más está en contra de la continuidad del oficialismo. Les queda el relato de contarnos que subieron dos puntos o ganaron algo con tal o cual movimiento. Yo no les creo o no me da la gana creerles. Es tanto lo que alteraron que ninguno de sus datos merece confianza.Hay algo muy positivo que apenas notamos: nos estamos preocupando por la política, estamos ingresando al debate, comenzamos a apasionarnos por la democracia. Ese rumbo lo marcan los distritos más desarrollados: Capital, Córdoba, Santa Fe, Mendoza. El oficialismo queda ya reducido a las provincias feudales, donde ni siquiera hay dos opciones para elegir. Es indudable que el Gobierno perderá las elecciones, y en consecuencia, el futuro será más democrático, sin importar lo que hoy marquen –tratando de influirnos– algunas encuestas dudosas.

Puja en Monte Buey

Por un amplio margen, Fabricio Motta se impuso ayer en la interna del PJ de cara a las elecciones municipales del próximo 14 de junio. Con el 70 por ciento de los votos, Motta le ganó a Gerardo Quinteros, el otro aspirante. Motta, que ya estuvo al frente de la intendencia, busca recuperar el poder en esta localidad del departamento Marcos Juárez, gobernada desde 2011 por el radical Edwin Riva.

*Exsecretario de Cultura de la Nación