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En la Rosada, a cinco días de la muerte de Kirchner

Agenda: la Presidenta grabó su mensaje, recibió las cartas credenciales de ocho embajadores y escuchó el informe sobre la recaudación.

02 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
En la Rosada, a cinco días de la muerte de Kirchner

Buenos Aires. Saludó con el brazo derecho extendido al medio centenar de personas que la aguardaban detrás de las rejas que separan la calle Rivadavia de la explanada de la Casa Rosada. Después, en su despacho, grabó su mensaje y escuchó el informe sobre la recaudación fiscal de octubre. En el Salón de los Científicos Argentinos, recibió luego las cartas credenciales de ocho embajadores. Y de vuelta a su despacho, atendió a representantes de la banca alemana, antes de recibir a Daniel Scioli. Nada hizo pensar ayer que era el primer día de Cristina Fernández en la presidencia sin su compañero en la política y en la vida durante 35 años. Setenta y siete horas antes había salido de la Rosada con su féretro para darle sepultura definitiva en Río Gallegos.Desde su saludo, cuando volvió a pisar la Casa de Gobierno, hasta el acto con los embajadores, la Presidenta, vestida de negro, lució de buen semblante. Fiel a su personalidad, hasta se permitió arreglar algunos cuadros fuera de línea en el Salón de los Científicos Argentinos, antes del protocolar recibimiento de los nuevos representantes de Irlanda, Azerbaiján, Países Bajos, Cuba, Canadá, Costa Rica, Suecia e Indonesia. "Hasta luego", dijo, saludó con su mano derecha, y giró hacia la izquierda, acompañada del secretario General de la Presidencia, Oscar Parrilli, después del acto, para enfilar hacia el sector presidencial del primer piso de la Rosada. Los periodistas le habíamos solicitado en vano su presencia. Hacía minutos que su vocero, Alfredo Scoccimarro, había anunciado, sin más, en el pasillo: "20.30, cadena nacional". El mensaje había sido grabado minutos antes en su despacho, acompañada por funcionarios, entre ellos Parrilli, el primero en reunirse con ella en Olivos, cerca del mediodía, para también afinar la agenda. También en Olivos, recibió las condolencias de Angela Merkel y Vladimir Putin. "Diálogo muy cálido" con la jefa de Estado alemán, dijeron voceros. "Vamos a seguir profundizando las relaciones", se comprometió el primer ministro y hombre fuerte de Rusia.La Presidenta anticipó su arribo en media hora. Desde el sector sur apareció el helicóptero que la trajo desde Olivos. Pasadas las 17.30 aterrizó en el helipuerto. El movimiento en ese sector de la ciudad era el habitual de un día de semana. La excepción: medio centenar de personas que la esperaban. Entre ellas, una desconsolada muchacha de 21 años que, dice, empezó a militar a los 14: "Él es mi líder. Más que peronista, soy kirchnerista"."Fuerza, Cristina" y "Vamos, Cristina", la alentaron cuando descendió del automóvil. Durante la hora anterior a su llegada, lo habían hecho por separado Parrilli; el secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo. También Amado Boudou, Juan Pezoa y Ricardo Echegaray, con el informe sobre la recaudación. Contra todo pronóstico, o precisamente para confirmarlos, Máximo, el primogénito, se quedó en Olivos. Néstor Kirchner hacía lo mismo en un día habitual.Antes de viajar hoy a Córdoba, Cristina inaugurará una reunión de delegados presidenciales sobre seguridad nuclear. La agenda prevé su presencia en Garin y Mar del Plata, el miércoles; en Berazategui, el jueves, y en Tres de Febrero, el viernes. El interior de la Casa Rosada denotaba que el de ayer no era un lunes cualquiera. Grupos de dos o tres personas, con rostros desconocidos para los habitués del lugar, deambulaban apesadumbrados. Dos operarios de limpieza pulían y repulían los mosaicos españoles del Patio de las Palmeras, que acusaban el desgaste en las 26 horas del funeral. La Galería de los Patriotas Latinoamericanos, donde descansó el féretro, lucía en silencio, con Juan Perón y Salvador Allende en la cabecera.Y afuera, sobre la Plaza de Mayo, a la altura de la entrada lateral de la Casa Rosada, un dibujo sobre las baldosas, mudo testimonio de los días transcurridos: el rostro de Néstor Kirchner, las fechas de su nacimiento y de su muerte, y una frase: "La vida por tu pueblo".