El temor oficial al 18-F
¿Por qué le teme tanto el oficialismo a la marcha de silencio convocada para el próximo miércoles 18, a un mes de la muerte de Alberto Nisman?
¿Por qué le teme tanto el oficialismo a la marcha de silencio convocada para el próximo miércoles 18, a un mes de la muerte de Alberto Nisman?
La manifestación anunciada por los colegas del fiscal –a la cual están adhiriendo todas las expresiones de la sociedad civil preocupadas por el clima de impunidad que la muerte del fiscal puso blanco sobre negro– abre interrogantes que encuentran al Gobierno nacional en soledad.
¿La ciudadanía rodeará a la víctima? Si así sucede, será la misma víctima a la que el Gobierno atacó con saña en vida. Y a la que continúa descalificando en muerte. La estrategia de la Casa Rosada fue apostar a la indiferencia social. Apenas habían concluido los funerales cuando la Presidenta pretendió dar vuelta la página frente a un coro de gobernadores mendicantes, que ofrecieron aplauso a cambio de fondos para las finanzas provinciales.Interpretó Cristina que todo había concluido y viajó a China, apostando a novedades orientales para refrescar el relato. Intentó revestirlo con alguna dosis de humor y sólo le agregó más ridículo a la vergüenza.En consonancia, su espacio político imaginó como una salida posible a la crisis el debate sobre el funcionamiento de los servicios de Inteligencia del Estado. Una supuesta canalización sistémica de la indignación social en el Congreso, a través de la discusión de un nuevo marco normativo para los oscuros pasadizos de la ex-Side.Tras doce años de manejar la Inteligencia para desacreditar y perseguir disidencias y opositores, el oficialismo buscó endosarle el problema al conjunto entero de la democracia argentina, pero advirtió que aprobaría su proyecto sólo con las enmiendas que le sugiera algún aliado en apuros.No consensuará nada, con nadie distinto, porque su irreversible alianza con la delación y el apriete forma parte consustancial de su concepción del poder. Avanzará esta semana, con una aprobación expeditiva, buscando cerrar de ese modo el capítulo Nisman de su vida política.Del mismo modo, los ideólogos que regresaron en febrero de su sórdido verano de emociones sumaron su aporte a la misma línea de acción política. Los filósofos de Carta Abierta difundieron ayer la más ofuscada de sus elaboraciones.La carta 18 de la intelectualidad kirchnerista sube un escalón en la descalificación de la víctima. Cristina navegó en el barro de la vida íntima de Nisman. Carta Abierta no comete esas torpezas, pero lo entroniza en el centro de la más degradante de las imputaciones: aquella que enfrenta al fiscal muerto con la esencia misma de la nacionalidad.En su funeral, narra Carta Abierta, Nisman recibió la visita del espectro redivivo de Spruille Braden, el diplomático estadounidense que el primer peronismo eligió como adversario. "¿No saben ver al embajador norteamericano respaldando (sic) directamente el funeral de Alberto Nisman, mientras son pisoteadas las flores que envía la representante del Ministerio Público?".Dicho esto –claro– después de abrir el panfleto con las menciones de cortesía a la congoja cívica y las declaraciones de rigor sobre la imperiosa necesidad de esclarecer lo irresuelto.La línea de involución en los argumentos del oficialismo, desde Cristina en el Salón Blanco hasta Carta Abierta regresando inflexible de la pretemporada, puede, sin embargo, abrevar una reflexión.Hay una racionalidad perversa que une, como una hebra visible, a todas esas terminales: el fracaso de una apuesta mayúscula por la indiferencia.Cuando Ricardo Forster se molesta porque la muerte de un fiscal que acusó a la Presidenta vino a desinflarle los flotadores al verano del uomo qualunque , está desarrollando la misma idea que expuso con mayor gravedad Cristina al exhortar a los argentinos a no dejarse arrastrar por la "mugre que hay afuera". Esa del mundo donde se tiran bombas y matan gente. Curiosa revelación del pensamiento de la jefa del Estado, acusada por Nisman de un pacto de impunidad con Irán: el atentado terrorista a la sede de la Amia parece haber sido –para ella– extraterritorial y restringido a la comunidad judía. La misma desesperación por obtener de la sociedad indiferencia es la que expone el oficialismo parlamentario al pretender dar vuelta la página de la crisis con un simple maquillaje a los organismos de inteligencia. Se lo han dicho: aceptarle al kirchnerismo ahora una nueva ley de Inteligencia es como encomendarle una reforma policial al tristemente célebre "Malevo" Ferreyra.De los peligros de una apuesta generalizada por la indiferencia habló alguna vez Elie Wiesel, escritor estadounidense, de origen rumano, sobreviviente de los campos de concentración y Premio Nobel de la Paz.La indiferencia, decía, puede resultar tentadora. "Resulta mucho más fácil apartar la mirada de las víctimas. Es mucho más fácil evitar estas abruptas interrupciones a nuestro trabajo, nuestros sueños y nuestras esperanzas. A fin de cuentas, es extraño y pesado implicarse en el dolor y la desesperación de los demás".La indiferencia, sostenía Wiesel, reduce al otro a una abstracción. No es un comienzo, sino más bien un final. No responder al dolor de las víctimas es exiliarlas de la memoria humana: "Al negar su humanidad, traicionamos la nuestra".

