El paso del armado real al simbólico
¿Qué hará Cristina con la ausencia de su esposo y jefe del espacio político que ahora debe encabezar? ¿Qué harán los argentinos con la figura de Néstor Kirchner? Roberto Battaglino.
¿Qué hará Cristina con la ausencia de su esposo y jefe del espacio político que ahora debe encabezar? ¿Qué harán los argentinos con la figura de Néstor Kirchner? Las respuestas humanas, psicológicas, políticas, sociales serán una aproximación para saber cómo será la Argentina en los próximos tiempos.La liturgia del velatorio en la Casa Rosada entregó ayer borrosas y muy precarias primeras aproximaciones, que tienen el más que relativo valor de estar trasvasadas por el hecho inesperado y reciente de la muerte.El protocolo priorizó al lado de la Presidenta a los aliados más radicalizados en los que se había recostado Kirchner cuando decidió encabezar su proyecto por fuera de la primera magistratura. ¿Señal de contención ante la ausencia del hombre que murió dejando toda su energía en articular poder?Las hipótesis siguen concentrándose en dos grupos: las que aluden señales para reunificar el peronismo, con retoques en el gabinete, algunos cambios de interlocutores y mayor protagonismo de gobernadores moderados; y las que sostienen que puede venir una radicalización de la estrategia elegida, poca apertura y riesgos como el de una diáspora por eclosión del peronismo bonaerense, con consecuencias complejas de predecir.Ayer hubo señales diversas.Algunos datos que abonan el conjunto de las segundas conjeturas pueden ser: el pedido expreso de que no estuviesen referentes opositores como Eduardo Duhalde o Julio Cobos, ambos ex socios políticos y de buena relación personal con Kirchner, en su momento, devenidos luego en enemigos; la decisión de no permitir que la mayoría de los legisladores y referentes de la oposición que fueron a la Casa Rosada expresaran sus condolencias a la mandataria viuda; la artillería de los sostenes intelectuales K contra todos aquellos que no se identifican ciegamente con el proyecto gobernante.Pero también hubo señales, menos visibles, que pueden respaldar la idea de los que creen que puede haber apertura y replanteos. Una de esas fue la presencia de Roberto Lavagna, el ministro de Economía del primer Kirchner. El regreso de algunas figuras que formaron parte de aquel momento de mayor popularidad del ex presidente no debe ser descartado en el mediano plazo, dijo a este diario un dirigente que intercambió algunas palabras con los ministros a un costado del salón de los Patriotas Latinoamericanos.Pero más allá de los pasos políticos, el elemento clave es cómo se vinculan ahora Cristina y su gestión con la gente. Ya Néstor Kirchner no es una figura que genere rechazos. ¿Hasta dónde puede llegar la resignificación y revalorización de la imagen del ex presidente? El Gobierno no dejará pasar la importante y extendida manifestación popular de estas horas. Kirchner no está para la articulación de poder, pero la utilización de su figura puede ser un elemento de acumulación política. Hay varios antecedentes de resurgimientos de proyectos políticos y emergencia de liderazgos a partir de la muerte de figuras públicas. Claro está, cada experiencia es propia y muchas veces no trasladable. Por caso, la historia tal vez no reserve para estas horas una frase como la que pronunció Ricardo Balbín ante el féretro de Juan Domingo Perón, la de "este viejo adversario despide a un amigo". No habrá posibilidad hoy de una despedida de ningún referente opositor. Eso puede parecer una mala señal. Pero Balbín siguió diciendo a María Estela Martínez, en aquel julio de 1974, que los partidos políticos argentinos estarían a su lado en nombre de su esposo muerto, "para servir a la permanencia de las instituciones argentinas, que usted simboliza en esta hora". Y lo que vino fue la peor de las tragedias. La Argentina maduró lo suficiente y no hay margen para la más mínima duda de riesgo institucional. Y eso es más que una buena señal.

