El diálogo del Papa y la billetera de los otros
Hay que ver si bergoglio actúa como líder ecuménico o como jefe de la oposición.
Es probable que a esta altura Jorge Bergoglio y Mauricio Macri sientan que la Mesa por la Producción y el Trabajo habilitada el miércoles quedó tapada por la discusión del pago de una suma extra para fin de año a los asalariados. Las palabras utilizadas, tanto por los ministros macristas como por los obispos que redactaron la carta que la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) le envió a Macri, revelan ambiciones muy superiores. El 22 de septiembre, el Episcopado le había dicho a Macri que era necesaria una "instancia de diálogo". En esos días, el Presidente se veía venir el primer paro general en su contra.Después vinieron un decreto que convocó a la CGT y a las seis mayores centrales empresariales a ese diálogo. Y el encuentro en Roma. Y el paro se terminó de frenar. Tal vez Bergoglio no cogobierna. Pero cómo influye.Los intentos de pacto social siempre fracasaron en Argentina. Los opositores piden diálogo cuando todavía no tienen fuerza para liquidar a un gobierno, que a su vez no se siente muy sólido. En esas mesas se toma y se da. Si todo se deteriora y el gobierno ya no tiene qué ceder, entonces hay un retiro airado. Y empieza el cascoteo. Los roles La diferencia con ocasiones anteriores tal vez sea, precisamente, Bergoglio. Si, como parece, él está detrás, será la primera vez que un Papa esté conteniendo a los que se sentaron a la mesa. Si es que actúa con la grandeza de un líder ecuménico y no con el faccionalismo de un jefe de la oposición."No nos olvidemos de que la mayor pobreza es no tener trabajo", dice, por ejemplo, una de las frases de la carta de la CEA a Macri. No debe ser la favorita en el decálogo cegetista.El ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, fue el que explicitó el sentido del pacto para el Gobierno nacional más allá del bono y del paro: lo firmado el miércoles pasado debe servir para cerrar 2016 dando por sentado que los precios y los salarios quedaron empatados. Para poder empezar a discutir las paritarias 2017 no con la inflación pasada, sino con el 17 por ciento proyectado en el Presupuesto.Así, Bergoglio estaría proveyendo la tijera para cortar el círculo vicioso de los precios y los salarios. Que es justo lo que se ha llevado puestos a tantos gobiernos. No le debe gustar mucho a Sergio Massa todo esto.Pero la pregunta no sólo es si Bergoglio ya cogobierna.Otra pregunta es: ¿quiénes son los polos más adecuados de un diálogo en un país como Argentina? Damos por sentado que son "la producción" y "el trabajo". Porque es lo que tenemos grabado en nuestra hegemonía cultural; porque peronistas somos todos, bah...No podemos pensar que, si lo que se discute es cómo frenar la inflación, entonces el diálogo podría ser entre quienes la generan y quienes la sufren.La generan los gobiernos que no pueden limitar el gasto a la recaudación impositiva y por eso emiten. Y todos los sectores, gremiales y empresarios, entre otros, que viven de ese gasto. La sufren los trabajadores y empresarios privados que no pueden emitir, ni cobrar impuestos, ni endeudarse eternamente.Será por eso que una buena porción del empresariado, en particular del interior, quedó sorprendida ante la aparente facilidad con que otros acordaron que ellos se encarguen de conseguir dos mil pesos extras por empleado, justo en el mes en que, además de los sueldos, deben pagar el medio aguinaldo. Estatales Será por eso que en la contundente protesta gremial del miércoles en Córdoba –donde incluso el bono se consideró insuficiente y se exigen más aumentos– sobresalieron los estatales con empleos blindados o sindicatos de sectores tan regulados que parecen públicos, mientras brillaron por su ausencia, más allá del testimonio de las cúpulas, los trabajadores del sector privado. Dio la impresión de que, en esa cara oscura de la luna, se cuidó el trabajo mucho más de lo que se hizo paro. Y ni hablar del 37,3 por ciento de los asalariados del Gran Córdoba que trabajan en negro, y cuya magnitud se había conocido un día antes. Allí no hay bono, ni pacto, ni nada.

