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Desolación y esperanza a 50 metros en Villa El Libertador

En media cuadra, dañaron seis negocios. Una verdulería logró reabrir gracias a la solidaridad de los vecinos. Una familia china que tenía un súper huyó despavorida.

20 de diciembre de 2013 a las 03:39 p. m.
Redacción La Voz
Desolación y esperanza a 50 metros en Villa El Libertador
Devastado. Así quedó un supermercado chino: puro destrozo. Sus dueños se fueron tras los saqueos, pero nadie sabe adónde (lLa Voz/Ramiro Pereyra).

En un tramo de 50 metros, sobre avenida de Mayo, en Villa El Libertador, seis negocios fueron saqueados en las aterradoras y caóticas 35 horas que transcurrieron entre la noche y la madrugada del 3 y 4 de diciembre pasado.

Sus propietarios corrieron suerte diversa. Eso se comprueba en al menos dos casos.

El saludo

Pablo (44) y Mari (43) Galán hace 14 años que trabajan su negocio, una pequeña verdulería y carnicería. “No nos dejaron nada, se llevaron hasta los santitos que tenía en la pared, un San Expedito y una Virgen de Lourdes que me las habían regalado los clientes. Fue como si hubiese pasado un huracán, todo destruido, todo roto, nada quedó. Es empezar de cero”, cuenta la mujer con los dientes apretados y los ojos brillosos.

El matrimonio contó que ante semejante imagen había decidido bajar los brazos, cerrar las puertas. “Había muchas caritas conocidas esa noche acá”, recuerda Mari y relata que antes de cambiar de opinión, en la intimidad de su hogar, ella se preguntaba: “¿Cómo empiezo de nuevo? ¿Cómo le digo ‘buen día’ a cierta gente? Está la gente buena y están los otros. Algunos ya han venido pero no les digo nada, les digo ‘señora’, ‘señor’ y los atiendo sin charla”, cuenta.

Ella pudo volver recién una semana después al local. Su marido retornó a los dos días. Había quedado muy dolida. No imaginaba la vuelta y tenía en el recuerdo las horas de desesperación y el llanto de sus hijos ante la impotencia de saber lo que estaba sucediendo y nada podía hacerse.

“El daño más grande fue moral, lo material con mi trabajo tarde o temprano lo voy a recuperar. Pero el daño moral no sé”, analiza.

Pese a la desolación, la familia Galán también recibió una mano solidaria que los motivó a retomar el negocio.

Su proveedor de carne, “un desconocido” hasta el momento, fue quien solidariamente les prestó las heladeras, y los vecinos, quienes los ayudaron también de distintas maneras.

En un principio habían decidido no pedir ayuda al Gobierno porque se trataba de créditos. “Era volver a endeudarse y yo ya había pagado todos mis impuestos”, señala Mari. Finalmente se decidieron, hicieron todos los trámites y aún no recibieron su ayuda.

Hoy, ante un nuevo aniversario del 20 de diciembre de 2001, no abrirán su comercio.

Drama y rescate

En la esquina del local de los Galán, entre la calles de Mayo y La Falda, sólo quedaron los restos y un olor nauseabundo que se desprende del interior de lo que era un supermercado chino. No sólo fue saqueado sino también incendiado, con una familia en el piso superior.

“Veíamos desde acá la columna de humo. Nos entramos a desesperar. No sabíamos si estaban ahí o no. Ellos tienen un bebé de dos meses y viven ahí, arriba, en una piecita sobre el súper”, cuenta Gabriel Castro, que estaba con su hermano custodiando el taller de motos donde ambos trabajan, en las inmediaciones.

Sin dudarlo, los dos corrieron hasta el supermercado en llamas para asegurarse de que la familia estuviera a salvo. “Salí disparado para arriba. Ahí estaban los tres, arriba, duros del miedo, paralizados, gritaban en chino. No se entendía nada. Subí como pude la escalera y les saqué el bebé. Se asustaron porque pensaban que se los estaba robando, así que reaccionaron y bajaron. Ahí les di a su hijo y se salvaron”, recordó Gabriel.

Los hermanos contaron que esa noche la familia china fue asilada en la casa de un vecino, que es verdulero, y hoy no saben a ciencia cierta dónde se encuentran.

Sólo comparten entre ellos una certeza: que no volverán jamás.