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Cruzar los dedos para que lo peor ya haya pasado

El punto es que si lo peor todavía no pasó, dentro de las naves industriales queda poco colchón para conseguir una nueva dimensión del negocio sin afectar estructuras de personal estable.

16 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Cruzar los dedos para que lo peor ya haya pasado

La teoría del Gobierno es que la retracción del mercado brasileño explica la caída productiva de las terminales argentinas. Algo así como el traslado a la realidad de aquella famosa frase según la cual cuando Brasil estornuda, Argentina se resfría.

Es verdad que en Brasil se venden menos autos, parte de los cuales son hechos en Córdoba, Rosario y Buenos Aires, aunque proporcionalmente la caída de la demanda en ese mercado es menos de la mitad de la disminución en las compras que se observan adentro de la Argentina.

Ahora, la explicación que ensayó primero Cristina y ayer repitió Capitanich es una verdad a medias o la mitad de una mentira, porque los datos que hace 10 días dio la Asociación de Concesionarias de Automotores de la Argentina son contundentes: la compra de autos en abril se retrotrajo el 35,5 por ciento.

El acumulado del primer cuatrimestre da una pérdida de ventas del 18 por ciento comparado con igual ciclo del año pasado. Iveco, por ejemplo, vende muy pocos camiones fuera de las fronteras argentinas y sin embargo su demanda bajó de 10 a seis.

Es decir, sobre eso no hay mucho más para discutir: una parte del freno de la industria automotriz –en cuya cadena trabajan 165 mil personas– está claramente fundamentado en la caída de la demanda interna a partir de la devaluación del peso.

En todo caso, ahora la cuestión es cómo seguirá la demanda. Las causas estructurales por las cuales los argentinos dejaron de ir a los concesionarios a elegir modelo y color se han modificado muy poco, nada.

Apenas algunos sectores obtuvieron mejoras salariales vía paritarias para empatar la inflación real, los vehículos aumentaron de precio y no bajaron más y las tasas de interés están por las nubes.

¿Puede haber en los próximos meses una caída superior en la producción con más impacto en el empleo tanto en las automotrices como en la industria proveedora?

La respuesta a esa pregunta tiene un inevitable condicionante: ¿comparado con qué?

Durante el verano pasado, las terminales produjeron un fuerte ajuste en sus planes de producción y en las plantillas de personal.

Renault, por ejemplo, achicó drásticamente el staff de contratados y la producción se situó en un nivel claramente inferior por lo menos hasta abril inclusive. Ahora las fábricas locales dicen que retomaron aquella cadencia de fines de 2013.

La macro no empuja

El punto es que si lo peor todavía no pasó, adentro de las naves industriales queda poco colchón para conseguir una nueva dimensión del negocio sin afectar estructuras de personal estable.

Por ello, operarios, sindicalistas y directivos cruzan dedos esperando que no haya que pisar un escalón más abajo.

En ese sentido se aguardan algunas políticas activas que fogoneen el consumo. La financiación que proyecta la Provincia para los autos fabricados en Córdoba es una señal positiva, pero no más que eso. “Estas situaciones dependen de la macroeconomía”, reconoció sin vueltas el ministro de Industria y Comercio, Martín Llaryora, al presentar el acuerdo con los ensambladores de motos, que por primera vez posaron juntos en público para una foto.

Es que la necesidad tiene cara de hereje y crisis como estas son un disparador de necesidades.