Contrastes
La histórica Plaza de Mayo fue copada otra vez por militantes y simpatizantes kirchneristas. Julián Cañas.
La histórica Plaza de Mayo fue copada otra vez por militantes y simpatizantes kirchneristas. Pero ayer, la convocatoria no fue para respaldar al Gobierno en una de sus tantas disputas con algún sector determinado, ni por una fecha sentida para los peronistas: fue el inicio de la seguramente larga despedida de Néstor Kirchner, el líder indiscutido del espacio político en el poder. Fue una plaza de contrastes. Hubo imágenes profundamente conmovedoras como el llanto desconsolado de dos mujeres anónimas, que no paraban de llorar a pocos pasos de la Pirámide de Mayo. También los aplausos cerrados y espontáneos que surgían, de tanto en tanto, en la muchedumbre y que tapaban hasta los cánticos partidarios de los grupos políticos.También configuró una imagen emotiva la larga fila de personas –más de 400 metros– que hacían cola para depositar flores en la entrada de la Casa Rosada.Pero en la plaza de los contrastes también hubo algunos actos que se apartaron de la congoja espontánea, que inundó la tarde de una ciudad paralizada por el Censo y la conmoción política. Las agresiones a un móvil de Canal 13, en el cual sólo había trabajadores cumpliendo su tarea de informar, constituyeron un hecho sin sentido. La masividad del acto tampoco pudo ocultar que hubo columnas de militantes guiados por punteros políticos que ordenaban en qué momento había que avanzar, gritar o detenerse. La tristeza general no necesitaba de patrones, pero los hubo en la plaza de los contrastes.

