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Cartas marcadas: se sabe quién gana y quién pierde

Debe haber muy pocas cosas que grafiquen de un modo tan brutal y contundente, como estos paros, el ­fracaso de la ciudad de Córdoba como ­organización social ­y política.

22 de julio de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
Cartas marcadas: se sabe quién gana y quién pierde

Una sensación clara deben sentir los choferes de UTA: para ellos, no hay imposibles ni barreras. Lo que se proponen lo logran.

Por las buenas o a fuerza de paros, el camino siempre les queda expedito para celebrar a costa del sufrimiento de cientos de miles de usuarios. Los choferes cobran buenos sueldos en comparación con la media de la actividad privada; trabajan siete horas; tienen estabilidad aseguradísima (un privilegio que sólo comparten con los agentes estatales) y también pueden decidir ellos mismos qué patronal desean.Memoria: hace unos meses, querían la continuidad de Tamse a como diera lugar. En octubre, terminaron recibiendo gustosos a las nuevas empresas Ersa y Autobuses Santa Fe, que trajeron cientos de coches nuevos. Y ahora sostienen a Ciudad de Córdoba, a sabiendas de que esa empresa no es económicamente viable, según grafican sendas auditorías de la Municipalidad y la Provincia de Córdoba.Desde ayer a la tarde, ese conflicto, que en principio sólo vincula a una firma (Ciudad de Córdoba) y al poder concedente (municipio), se hizo extensivo a todo el sistema.La lógica que subyace al razonamiento gremial casi que ni interesa. "Ya que va a quedar a pie un cuarto de los usuarios, que queden todos en igual condición y listo", parece ser el "democrático" sentido común que prima en UTA.Aun cuando no tuvieran como argumento de reclamo ninguna cuestión económica que los afecte de manera directa, los choferes decidieron de buenas a primeras que había llegado la hora del suplicio para los usuarios.Primero fue una asamblea acotada a Ciudad de Córdoba y después sobrevino el paro total. Para que sea lo más dañino posible, eligieron los dos aditivos de su preferencia: una medida intempestiva, para que duela cuando la gente más necesita volver a su casa, y por tiempo indeterminado.Y si, por una de esas casualidades, alguna autoridad laboral tiene la osadía de declarar la ilegalidad del paro, se sabe: a los choferes no les tiembla el pulso para no acatarla.Debe haber muy pocas cosas, como estos paros, que grafiquen de un modo tan brutal y contundente el fracaso de la ciudad de Córdoba como organización social y política.Años y años de conductas a repetición y con la misma impotencia de siempre. Los funcionarios actuales, remando en dulce de leche para salir de esa recurrencia. Sus antecesores, regodeándose por la desgracia ajena, que sólo un par de años atrás fue también la propia o puede serlo en el futuro. Egocentrismo total.Lo único que los diferencia es el lado del mostrador que circunstancialmente les toca ocupar en cada ocasión: con responsabilidad de gestión o como cómodos espectadores. Los usuarios ni siquiera pueden darse el ­lujo de esa alternancia. Parecen tener el destino de rehenes grabado en la piel. Es que, en este juego, ya se sabe de antemano quiénes ganan y quiénes son los eternos perdedores. Y, hasta ahora, no hay poder que haga cambiar esa maldita ecuación.