Brilló en el primer semestre y cayó sin ver los brotes verdes
La gota que supuestamente rebalsó el vaso para la Casa Rosada fue el Impuesto a las Ganancias.
La gestión de Alfonso Prat Gay tuvo un comienzo contundente cuando sacó el cepo al dólar y permitió la libre flotación del mercado de cambios.Esa medida era planteada como algo imposible por el kirchnerismo, porque –según afirmaban en la oposición– haría explotar la inflación. Aunque la devaluación se trasladó a los precios, Prat Gay pudo convencer de que eso ya había ocurrido en la última etapa de Cristina y Kicillof, con un dólar oficial tan ficticio como inexistente. Luego condujo las negociaciones para saldar la deuda con los holdouts poniendo en juego sus contactos con la Secretaría del Tesoro norteamericana. Esa gestión fue exitosa y, tras la visita de Barack Obama a Argentina, se coronó con la aprobación del Congreso. También funcionó el blanqueo de capitales que encaró a mediados de año y todavía no ha concluido. Pero la expansión del déficit fiscal –por la vía de los acuerdos con las provincias, con las estructuras sindicales y con la ahora institucionalizada relación oficial con los piqueteros, entre otros factores – le generó una expectativa inflacionaria real demasiado alta para el próximo año electoral. La gota que supuestamente rebalsó el vaso para la Casa Rosada fue el Impuesto a las Ganancias. Aunque prometió enviar su proyecto no muy lejos del cálculo del Presupuesto 2017, los operadores macristas en el Parlamento no recibieron nada hasta que la oposición les ganó la iniciativa y desencadenó una fuerte crisis política. Fue el presidente Mauricio Macri el que tuvo que reencauzar esa partida para que terminara en un empate decoroso. Primero confrontando duramente con Massa, a quien le llamó "impostor" desde Alta Gracia. Y luego admitiendo una negociación con la CGT que le pedía desde el Senado Miguel Pichetto.

