Algo más de 12 meses para remontar el barrilete
El nuevo armado sugiere una suerte de “recambio con continuidad”. ¿Cómo es eso? Tomó nota del malhumor social y echó a todos sus funcionarios sospechados.
Ramón Mestre barajó y dio de nuevo. Tachó algunos nombres, promovió otros y oxigenó su equipo. No tenía margen para no hacerlo. Tampoco lo tiene para volver a equivocarse.
El nuevo armado sugiere una suerte de “recambio con continuidad”. ¿Cómo es eso? Tomó nota del malhumor social y echó a todos sus funcionarios sospechados.
Pero a la hora de los reemplazos, apeló a gente conocida. Bee Sellares, Romero, Font, Ferreyra, entre otros, son apellidos muy vinculados a la gestión y al propio Mestre.
El intendente renovó el plantel, pero no quiere volver a empezar de cero en todo: apuesta a la continuidad de algunas políticas (transporte, basura) y a dar otra dinámica a las áreas operativas. “No podemos traer a gente totalmente nueva, que le lleve un par de meses aclimatarse. Necesitamos respuestas ya”, graficó un hombre muy cercano al intendente.
La bomba que propició toda está movida le explotó al intendente a poco de empezar la segunda mitad de su mandato y tuvo diversos orígenes: básicamente, problemas de gestión y sospechas de corrupción, que luego se encargaron de retroalimentar desde el círculo vicioso de las internas y las acusaciones cruzadas en su equipo, que, si alguna vez lo fue, dejó de serlo.
Igual de variadas y perentorias serán ahora las respuestas que deberá dar hacia afuera, a los vecinos. Todo está anotado en la columna del “debe”: lograr un funcionamiento aceitado del Ejecutivo; solucionar las demandas más urgentes de la ciudad, y asegurar transparencia.
Además, ese combo de urgencias tiene un plazo de cumplimiento por demás escaso. Siendo generoso, no se podrían contabilizar más de 12 meses netos de posible gestión antes de que la vorágine electoral de 2015 lo envuelva todo.
Antes de marzo o abril próximos, Mestre debería demostrar que la apuesta del nuevo transporte funciona, que resolvió de manera estructural la higiene urbana y, sobre todo, que logró levantar el aplazo en cuestiones esenciales como alumbrado y bacheo.
Una gestión que “encriptó” recursos en fondos específicos para volcarlos a infraestructura y evitar que se consuman en la hoguera de los gastos corrientes, no tiene más margen para seguir justificando que la ciudad siga apagada y con pozos, por más lluvias y temporales que se hayan abatido sobre ella.
Tras bambalinas, toda la UCR observa cómo esta puesta en escena de gestión en la ciudad de Córdoba, tras 12 años de abstinencia, no logra enderezar su rumbo. Esperaban la oportunidad de su vida y la están malogrando.
Por lo bajo, varios dirigentes no mestristas esbozan sonrisas burlonas por las desventuras del intendente. No deberían perder de vista que si la gestión municipal se hunde, tras de sí Mestre arrastrará a la suerte del partido.

