Ahora, el turno de la educación
Ayer quizá la gente pudo volver con normalidad a sus actividades, ayer quizá muchos se animaron a abrir las persianas de nuevo.
Ayer quizá la gente pudo volver con normalidad a sus actividades, ayer quizá muchos se animaron a abrir las persianas de nuevo. Pero, con seguridad, el miedo, esa intensa percepción de que algo malo está ocurriendo, perdurará un tiempo más. A futuro, la memoria aportará su cuota de intranquilidad.En este inquieto escenario, me pregunto: si los policías que dejaron a la gente a merced de la delincuencia recibieron un significativo aumento de sueldo, ¿cuánto más habrá que aumentarles a los docentes para que desde ya empiecen educar a esos niños que salieron con sus familias a robar? Las imágenes que mostraban a niños cargando electrodomésticos causaban indignación, dolor y espanto.De ahora en más, ¿cómo modificar la fuerte experiencia que vivieron esos niños en esta triste jornada? ¿Cómo quitar esa marca, esa huella?Al desertar los padres de la función de educar a sus hijos en valores, la escuela aparece en el horizonte más cercano como la única institución capaz de modificar subjetividades. No será fácil abordar en el aula los conceptos de formación para el trabajo, ciudadanía o bien común. Será un gran desafío. Sin lugar a dudas que iniciar un proceso de socialización secundario, que logre cambiar la imagen del mundo en esos niños, será una ardua tarea para los educadores.En consecuencia, ahora es el turno de la educación. Los responsables de calcular los aumentos salariales deberán sacar punta al lápiz. El incremento no puede ser menor.
*Educador social

