A veces queda bien hablar mal
Pontificar desde la Corte sobre los riesgos del marcotráfico puede resultar una maniobra obvia de distracción, sin mayor utilidad. Ignorar el problema de la droga es otra manera de tornar más complicada la búsqueda de una solución.
La Corte trató de salir de sacarse las manchas que la salpicaron en los últimos días por las confusas relaciones institucionales de su presidente con el Gobierno, y pateó para adelante.
Advirtió sobre los peligros del narcotráfico. Y mandó una serie de recomendaciones hechas por jueces, muchos de los cuales no son especialistas en la materia, más allá de que traten el tema con frecuencia.
Ayer, el ministro Julio Halak reconoció que se trata de un enemigo poderoso al hablar de la droga.
Como se ve, las últimas noticias sobre narcotráfico están impregnada de lugares comunes que ni siquiera polémica generan.
Sería bueno diseñar políticas de combate en serio, no bombas de humo.
Sería bueno capacitar y rotar a los policías encargados del tema. Sería interesante que los magistrados se formaran y no solamente sean grotescos integrantes de coros de adictos al poder de turno que baila la danza que le piden.
Sería bueno que los gobiernos piensen estrategias, las discutan con serenidad y las expresen luego de consensuarlas. La peor forma de afrontar un problema es ignorarlo.
Y otra forma inútil de abordarlo es referirse a él con afirmaciones retóricas sin demasiado anclaje en la realidad.

