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A esta película ya la vimos, y encima es mala

Contando el sistema de trolebuses, la empresa municipal de transporte, Tamse, tiene 4,3 choferes por unidad de transporte. Adrián Simioni.

23 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
A esta película ya la vimos, y encima es mala

Contando el sistema de trolebuses, la empresa municipal de transporte, Tamse, tiene 4,3 choferes por unidad de transporte. En la cámara de transportistas Fetap aseguran que, cuando se pasan los 3,6 choferes por coche, todo empieza a temblar. O sea que a Tamse le sobran 300 choferes. Fuentes municipales indican que 70 choferes no conducen desde hace meses por razones de salud, que los colectivos de Tamse chocan mucho más que los de las otras dos transportistas y que el ausentismo triplica el de las otras dos firmas. Cada vez que hay una asamblea de línea, se dejan de facturar 250 mil pesos en boletos, el costo de un colectivo nuevo.Semejante desmanejo es una sentencia de muerte: a principios de año el municipio calculó que, aunque Tamse recibe los mismos subsidios nacionales que Ciudad de Córdoba o Coniferal, el municipio debería solventar a Tamse con 36 millones de pesos extra este año. Pero no: serán alrededor de 72 millones. Y eso que no se cuenta la deuda previsional y con proveedores que se ha ido acumulando porque Tamse ha ido acumulando deuda previsional y con proveedores. Mejor no hablar del tema.En defensa de Tamse, se dice que cubre recorridos con menos pasajeros por kilómetro. También eso es un defecto de su carácter estatal: a la primera presión, concejales y funcionarios fuerzan la extensión de trayectos a lugares en los que el servicio es inviable. Aun así, como contrapartida los trolebuses cubren exclusivamente corredores hipertensos. Y, además, por esa supuesta desventaja Tamse recibe un subsidio municipal que no reciben las otras empresas.Demás está decir que el diseño de los trayectos no explica el exceso de empleados o los colectivos rotos.Funcionarios municipales dicen que ya tienen media palabra de la oposición para aprobar en el Concejo una suba del boleto de 50 centavos. Eso permitiría acotar el déficit. Tamse volvería a necesitar una muleta de "sólo" 36 millones anuales. Pero si no resuelve su problema de base, a la primera suba de costos (salarios, combustibles, gomas) volverá a quedar descolocada, admiten.No es el único caso de una empresa estatal en problemas. Crese, la recolectora de basura, es otro. La firma habría tomado el mes pasado 80 empleados. Tal vez por razones como esas el municipio esperaba pagarle este año por su servicios 220 millones, pero terminará costándole unos 260 millones calculan en el Palacio 6 de Julio. El municipio espera que la Afip le permita no pagar el IVA en el contrato por la parte de ese monto que Crese paga en sueldos. Técnicamente, Crese es una persona jurídica distinta al municipio y no es diferente a cualquier otro proveedor. Pero los contactos políticos con el kirchnerismo podrían avalar ese subsidio encubierto. ¿Qué se hubiera dicho de Roggio si Cliba hubiera pedido no pagar IVA? Nadie se lo preguntó La conducción de las empresas públicas tiene muchos problemas para decir "no", sea a los acomodos, al pago de horas extras dibujadas, a la presión del gremio, a las facturas infladas de un proveedor o a la ampliación de servicios infinanciables que buscan quedar bien con un puntero, entre otras cosas. El estallido de la convertibilidad trajo consigo la demonización definitiva de las privatizaciones de la década de 1990 y, con ellas, de la empresa privada. Gobiernos nacionales, provinciales y municipales, con excepciones, a veces por convicción y otras por cálculo político, se montaron en esa ola y en su reflujo: si las "malas" eran las privadas, entonces las "buenas" debían ser las públicas. Así se festejaron y se exigieron "recuperaciones" y estatizaciones, ancladas en un mito que ignora en forma sistemática el fracaso de tantas empresas públicas en décadas previas. Por eso, las estatizaciones no fueron acompañadas con cambios de marcos regulatorios, convenios laborales y regímenes administrativos. Se pasó así por alto una pregunta clave: si antes no habían funcionado, ¿por qué habrían de funcionar ahora?