Temas del día:

Violencia encadenada

De chico era tranquilo, nunca daba problemas. Con el padre se llevaba bien, pero después de los problemas que tuvimos, cambió todo.

25 de mayo de 2014 a las 12:01 a. m.
Enrique Orschanski (Médico)
Violencia encadenada

–No quería lastimarlo. A veces lo molestábamos, le poníamos apodos y nos reíamos de él, pero nunca pensé que iba a pasar esto. ¿Cómo fue? Yo volvía del baño y él estaba parado, tapando la puerta del aula. Lo empujé para pasar y no se movió; entonces, lo saqué del brazo al pasillo. Él es raro, pero tranquilo, y en ese momento se transformó: empezó a insultarme, quería pelear. Enseguida aparecieron más compañeros; todos gritaban. Yo alcancé a darle una sola piña fuerte. Se cayó y golpeó con la cabeza; ahora todos me echan la culpa a mí. Ya dije que es muy callado, no tiene amigos. No, nunca fumo ni tomo en el colegio, solamente en las previas. Es tarde, ¿me puedo ir?

–De chico era tranquilo, nunca daba problemas. Con el padre se llevaba bien, pero después de los problemas que tuvimos, cambió todo. Ya lo echaron de dos colegios; ustedes son los únicos que lo aceptan. Por eso les pido que no me digan que no puede volver. No sabía que el otro chico está tan grave. Juan no me contó, fue la madre de un compañero. Yo digo que alguien tiene que frenarlo; si no, va a terminar mal. Le faltan límites. Nosotros nos separamos hace siete años. Mi marido era un buen hombre, pero de poca paciencia; un poco nervioso, como todo el mundo. Con el nacimiento de Juan, la situación mejoró. No había mucho diálogo, pero seguíamos juntos. Y entonces llegó la catástrofe. Empezamos a pagar un lote a una empresa para hacernos la casa. Parecían serios, nosotros confiamos y les dimos nuestros ahorros. Un día desaparecieron y perdimos todo. Desde entonces, mi marido (mi exmarido) se puso intratable. A Juan le gritaba, y a veces le pegaba, pero no siempre. ¿A mí?... No sé, ya no importa. Lo real es que estamos separados. Lo único que me interesa ahora es que mi hijo vuelva al colegio.

–Yo sabía que esto iba a pasar. Cuando vivíamos juntos, me escuchaba, era más dócil. Mi esposa (mi exesposa) es una mujer intolerable; siempre lo fue y es ella la que lo malcrió. Yo lo busco algunos fines de semana, comemos juntos pero no me cuenta qué hace, con quién se junta. Está pendiente del celular y sólo repite que lo deje tranquilo, que él ya es grande. Fuma, yo sé que fuma, y toma alcohol. No quiero apañarlo, pero todos los chicos están así, no hay quién los frene. Ya no hay ejemplos en este país. ¿Le conté que a nosotros nos robaron el dinero de 10 años? Pagamos un terreno y se llevaron todo, nos arruinaron la vida. Seguro que mi exmujer ya les contó. ¿Medicamentos? Sí, tomo para el estómago y también para dormir. Bueno, pero hablemos de Juan. ¿Hay que pagar para reincorporarlo? Porque con lo caro que está todo, apenas si me alcanza para la cuota.

–A estos empleados hay que tenerlos cortitos, porque si no terminan haciendo lo que quieren. No sé qué problema tuvo con el hijo (tampoco me interesa), pero eso no justifica el mal humor. En estas empresas, lo que importa es la productividad. Y los jefes, digo, los de más arriba, siempre exigen un poco más. Hay que estar en mi lugar, con tanto personal a cargo y sin que me reconozcan el esfuerzo. Todos los días recibo muchas presiones de Buenos Aires, y también de afuera. ¿Despedirlo? No, con la antigüedad que tiene, no conviene; a los patrones no les gusta pagar indemnizaciones.

–Este episodio nos perjudica mucho; no puede salir de acá. Lo último que necesita el colegio es mala prensa.

“Lo que se recibe con violencia se devuelve con violencia”. 
(Martin Luther King)