Viejos temas que vuelven
La crisis de la clase media y el debilitamiento de los valores republicanos son signos inquietantes en una época de grandes cambios, desafíos y riesgos. Julio César Moreno.
Hay veces que es preciso volver sobre viejos temas y antiguos debates, como la relación entre intervencionismo estatal y libertad económica, o entre presidencialismo y parlamentarismo, o entre moral y política, o entre autoritarismo y republicanismo. A mediados del siglo XIX, se planteó en la Argentina un contrapunto entre unitarios y federales, que eran términos equívocos, ya que Juan Manuel de Rosas, que aparecía como el líder federal, encabezó un gobierno unitario y autocrático desde la estratégica gobernación de la provincia de Buenos Aires. Fue otro federal, Justo José de Urquiza –el vencedor de la Batalla de Caseros–, el que abrió las puertas a la construcción de una república moderna. Con la espada de Urquiza, el proyecto de Juan Bautista Alberdi y la pluma de Sarmiento, el país dio un gran salto adelante. A partir de la Constitución alberdiana de 1853, y a partir de las históricas presidencias de Bartolomé Mitre, Sarmiento, Nicolás Avellaneda y Julio A. Roca, la Argentina se convirtió en pocas décadas en el país más adelantado de toda América latina. En 1910, en el primer centenario de la Revolución de Mayo, la Argentina figuraba entre los seis primeros países del mundo, por encima de varias naciones de Europa. Durante aquellas décadas, se construyó un modelo agroexportador que le permitió obtener y acumular grandes reservas para impulsar la educación y la salud públicas, crear las primeras industrias, fortalecer el comercio y dar nacimiento a una extendida y fuerte clase media que fue la base de la organización social y se constituyó en una experiencia única en Latinoamérica.Pero desde hace dos décadas se viene produciendo un fenómeno inverso: la crisis, pauperización y dispersión de la clase media, que algunos historiadores y economistas califican, por sus efectos, como una especie de "latinoamericanización" de la Argentina, en la que predominan los grandes contrastes y las desigualdades sociales, a diferencia de aquella sociedad mucho más equilibrada que duró más de un siglo y pasó por diferentes gobiernos y regímenes políticos. A ello hay que sumar la crisis del sistema político, el paulatino deterioro de las instituciones y el debilitamiento de los valores republicanos. Lo interesante de destacar es que, en pleno auge de una economía liberal, fue el Estado quien creó la escuela pública y el hospital público, dos figuras emblemáticas de la historia nacional. Pero también hay que recordar que fue un gobierno conservador, a principios de la década de 1930, el que inició un largo ciclo de intervencionismo estatal en la economía. Fue el ministro de Hacienda de aquel gobierno, Federico Pinedo, quien creó el Banco Central (cuyo primer presidente fue el economista Raúl Prebisch) y las juntas reguladoras de granos y carnes. Con estas medidas intervencionistas, la Argentina pudo superar las consecuencias de la Gran Depresión internacional de fines de la década de 1920, que en mucho se parece a la crisis que hoy se extiende por el mundo.Esta crisis, la actual, también toca a nuestro país, aunque su condición de gran país agroexportador vuelve a salvarla, en un momento en que la demanda y los precios de granos y alimentos aumentan en gran escala. La gran pregunta es si hay instituciones y una clase dirigente capaces de ser pilotos de tormentas, como ocurrió después de la Batalla de Caseros y a lo largo de más de un siglo.

