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Vacaciones desde una ventana

Esto es demasiado. A la tarde se cortó la luz, ya son las 10 de la noche y ¡no vuelve! No es solamente en casa; la cuadra entera está oscura. ¡Estoy muy aburridoooooooo!

18 de enero de 2015 a las 12:01 a. m.
Enrique Orschanski*
Vacaciones desde una ventana

Esto es demasiado. A la tarde se cortó la luz, ya son las 10 de la noche y ¡no vuelve! No es solamente en casa; la cuadra entera está oscura. ¡Estoy muy aburridoooooooo! Sin tele y sin compu no hay nada para hacer. Y encima se agotó la carga del celular; sin WhatsApp, estoy chicazo.Mis viejos dicen que lea, o que invente algo, "que use la cabeza". Me vine a la pieza porque la tarada de mi hermana no para de reírse y decir que me la aguante.Y acá estoy: asomado a la ventana esperando el camión de Epec. Dijeron dos horas, pero ya pasaron más. Las tormentas los tienen locos. Llueve fuerte, se corta la luz. Caen rayos, se cortála luz. ¡No es justo! ¡Tengo 13 años, estoy de vacaciones y no se me ocurre nada!Desde acá veo la avenida; allá sí hay luz, ¡cuántos autos! y eso que estamos en enero. Las luces del semáforo los paran y los sueltan, como si fuera ganado.¿Cuántos segundos dura la luz roja? Uy, mirá, 20 segundos; no sabía. Voy a contar otra vez: sí, 20. Ahora la verde: ¡igual! La amarilla dura poco, cuatro segundos. ¿Quién programa los semáforos?, debe ser un capo.Epec no aparece. Sigo en la ventana. La verdad, no es tan aburrido mirar la gente, los gritos, el movimiento. Es como un videojuego.

Haciendo cálculos

Voy a contar cuántos autos pasan por cada luz verde, recién fueron siete. Vamos de nuevo: solamente cinco; no vale, el primero tardó en arrancar. Otra vez: ¡siete de nuevo! 20 segundos dividido siete, tres segundos tarda cada auto. Eso, si el tránsito es constante. Muy fácil.

¿Cambiará el ritmo si son hombres o mujeres? Dicen que las mujeres manejan más lento (“prudente”, según mi vieja; “mal”, según mi viejo).

Volvimos a llamar y pidieron paciencia; el corte es grande. Mejor, así sigo mirando.

Calculemos. Si las luces verdes y las rojas duran 20 segundos cada una, y la amarilla cuatro, el ciclo completo es de 44 segundos. Entonces en una hora caben… ¡necesito una calculadora!, acá está. Una hora tiene 60 minutos, o sea 3.600 segundos; eso dividido 44 me da ¡82 ciclos de luces! Soy un genio.

Y si en cada ciclo pasan siete autos, 82 por siete son 574 autos por hora. Esto se pone lindo. Suponiendo que por auto viajan dos personas promedio, por esta avenida pasarían 1.148 personas por hora. ¡Mirá vos, un montonazo de gente!

“Manu, ¿qué hacés?, vení, acá hay velas” (ésa es mi mamá).

“Voy ma, estoy ocupado”.

“¿Ocupado?, recién estabas aburrido...” (ése es mi papá).

“Ahora no”.

Esto está muy bueno, pero encontré un error. Estoy calculando de un solo lado de la avenida. Por la otra mano pasaría igual cantidad, o sea que 1.148 por dos son 2.296 personas por hora. ¡un abuso! y eso en una sola hora.

Para saber cuántos pasan por día tengo que multiplicar por 24. ¡Noooo!, la pantalla de la calculadora está parpadeando, no me falles ahora, gauchita.

“Manuuu, ¿con quién estás hablando?”

“Con nadie, pa, estoy haciendo cálculos”.

“¿¡Cálculos!?”

Entonces: eran 2.296; por 24 horas: ¡55.104 personas por esa esquina de la avenida! Es un estadio lleno.

Pero no, acá hay otro error, me estoy olvidando de la calle que cruza la avenida. Tengo que agregar esos autos y las personas que viajan. No puedo dejar ningún detalle suelto. Hay tanto para hacer.

“¡Bieeeeeeen!!!!!!, ¡volvió la luz, bajá Manu!”

“Espera ma, (¿justo ahora se tenía que arreglar?)”

“Empieza el programa que te gusta!”

“¡No importa!”

“¿Nos podés decir qué haces allá arriba?”

“Usando la cabeza…”

Veo algunas nubes. Con suerte, mañana vuelve a llover fuerte. O caen rayos.

* Médico pediatra