Un problema para cada solución
Fuentes oficiales admiten que, aunque cubierto con un manto de silencio, el conflicto con el sindicalismo sigue vigente y es una de las mayores preocupaciones en el Gobierno nacional.Carlos Sacchetto.
Dentro de la cada vez más compleja trama que exhibe el mundo globalizado, la diplomacia es y seguirá siendo una herramienta inigualable para que las naciones interactúen y sostengan la defensa de sus intereses. Cuando un país la desvirtúa con fines electorales internos y no mide la dimensión de ese error, las consecuencias no tardan en llegar. Es el caso de la Argentina, que acaba de agregar un nuevo e innecesario elemento de fricción en el vínculo bilateral con Estados Unidos por el decomiso en Ezeiza de material militar a un avión de ese país.El Gobierno nacional creyó que el episodio estaba terminado tras cumplir su objetivo de expresar el descontento de la presidenta de la Nación porque el jefe de la Casa Blanca, Barack Obama, eligió visitar Brasil y Chile y no bajar en Buenos Aires. Pero fue el propio presidente norteamericano el encargado de pasar la factura, de la que han tomado debida nota todos los organismos oficiales y privados de su país –de seguridad, comerciales, culturales, etcétera– que están relacionados con el nuestro. No es un dato menor. Ser o no ser. Los detalles y las consecuencias que tendrá ese hecho fueron la comidilla política de los últimos días en el mundo de la diplomacia y entre los funcionarios de carrera del Ministerio de Relaciones Exteriores. Y, otra vez, más de un embajador extranjero descontaba que finalmente el canciller Héctor Timerman sería el fusible de esta historia. Para parecer antiimperialista, basta con esos discursos grandilocuentes cargados de ideología que encienden la pasión de la militancia. Pero para ser verdaderamente antiimperialista, es necesaria la coherencia en políticas y actitudes sostenibles. Está claro que el Gobierno ha preferido el discurso a los hechos y hasta ha subalternizado el tema dando protagonismo declaracionista al diputado "ultra K" Carlos Kunkel, un provocador útil para el chapaleo en el barro de la política, pero no en las relaciones internacionales.Otras relaciones, en este caso las que surgen de la alianza entre el kirchnerismo y el jefe de la CGT, Hugo Moyano, también han quedado lesionadas. Después del amague de paro y movilización a Plaza de Mayo tras el exhorto judicial que llegó de Suiza, el sindicalista ha insistido en la presión para obtener lugares en las listas electorales de todo el país, comenzando por la vicepresidencia de la Nación. En eso no hubo retroceso, ni lo habrá. Ese es justo el límite hasta donde llega el apoyo a Moyano de dirigentes de gremios grandes, que creen que el camionero ha viajado demasiado lejos en varios terrenos.Uno de ellos es Gerardo Martínez, titular de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra), un hombre que en los niveles más elevados del kirchnerismo está acumulando expectativas para un eventual recambio en la conducción de la CGT. No es el único. También hay ojos puestos en el gremio metalúrgico y en Smata. Fuentes oficiales admiten que, aunque cubierto con un manto de silencio, el conflicto sigue vigente y es una de las mayores preocupaciones en el Gobierno. Problemas ajenos. Esas mismas fuentes cambian el tono y muestran entusiasmo cuando hablan de los avatares por los que está atravesando la oposición. Se detienen especialmente a disfrutar de lo ocurrido en Chubut, donde recién este lunes se sabrá, por el recuento definitivo, si el candidato kirchnerista se queda o no con la gobernación. "Pero aunque no le alcance, lo que importa es el significado de esa elección", afirman. Se refieren al caudal de votos obtenidos pero también, y en especial, al efecto que tuvo ese resultado en el Peronismo Federal. Aunque Eduardo Duhalde ratificó la decisión de hacer internas en esa fuerza, cada vez son menos los dirigentes que pueden asegurarlo. Gane o pierda, Mario Das Neves dará las hurras apenas se confirmen los resultados de Chubut, y el otro referente del sector, Felipe Solá, hace rato que busca caminos alternativos para no quedar pegado al fracaso. En todos los análisis aparece como un eventual salvavidas de Duhalde el nombre de Mauricio Macri.El peronismo no kirchnerista tiene estructura electoral en todo el país, pero todavía no tiene candidato a presidente. El jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires es candidato pero no tiene un andamiaje nacional que lo sostenga en todos los distritos. Por ahora, sólo ha cerrado acuerdo con Francisco de Narváez, quien aspira a ser gobernador bonaerense. A diferencia de otros, ambos tienen el mérito de haberle ganado al kirchnerismo hace dos años en los dos principales distritos electorales del país.En el radicalismo, la ferocidad de la interna enfrenta cada vez más a los precandidatos, al punto de no saberse de manera definitiva si habrá comicios internos. Las dudas crecen de manera proporcional a la distancia que los va separando de una sociedad indiferente que los mira sin sorpresa.

