Todo está en veremos
Si Cristina Fernández desiste de ir por la reelección, al peronismo se le abre la posibilidad –negociaciones mediante–de encolumnarse detrás de la candidatura del gobernador bonaerense, Daniel Scioli. Carlos Sacchetto
No lo admite oficialmente ningún funcionario de primer nivel, pero la parálisis política que afecta al Gobierno es motivo de creciente preocupación en el kirchnerismo. Ese síntoma de atonía reconoce en su origen la incertidumbre que produce la falta de respuestas a varios interrogantes. El primero, pero no el único, es si más allá del deseo de muchos Cristina Fernández será o no candidata a la reelección. Es cierto que hay tiempo todavía para concretar el anuncio, pero llama la atención que, con el año electoral ya iniciado, los principales operadores políticos estén inactivos. Salvo las expresiones aisladas de un par de ministros vocingleros o de algún legislador, el tan mentado "operativo clamor" para que Cristina sea candidata no se ha hecho oír. Peor aún, el aparato peronista oficial y que encabezan gobernadores, intendentes, caudillos y punteros territoriales, no han sido inducidos todavía a mover un dedo para el armado electoral.Un gobernador que salía de la Casa Rosada luego de conversar con el histórico operador justicialista Juan Carlos "el Chueco" Mazzón, les dijo a dos colaboradores que lo esperaban en un bar cercano a Plaza de Mayo: "Hay que seguir esperando, no hay instrucciones". El mandatario se limitó entonces a comentar el adelanto de una encuesta del oficialista Artemio López que le da a la Presidenta una intención de voto a nivel nacional del 33 por ciento. Eso revela una caída de más de 6 puntos respecto de noviembre, cuando tras la muerte de su esposo Néstor arañó el 40 por ciento necesario para ganar en primera vuelta. La opción Scioli. En el peronismo en general, que incluye tanto al que está con el Gobierno como al disidente, se da por descontado que si Cristina no es candidata, se abriría la posibilidad de –negociaciones mediantes– encolumnarse, con serias chances de triunfo, detrás de Daniel Scioli. En cambio, el problema sería para el kirchnerismo no peronista, donde se advierte un silencioso pero inocultable temor: ¿Qué hacer si Cristina desiste? "Habría un desbande hacia los partidos de izquierda y tal vez algunos pocos nos apoyarían", especulan cerca de Scioli, donde hacen cálculos electorales para todo el país y no sólo para el distrito bonaerense.Otra de las causas de la parálisis política que muestra el Gobierno nacional es la incertidumbre sembrada alrededor de las internas abiertas del 14 de agosto. Nadie sabe si efectivamente se harán, ya que la ley de reforma política que las incluye no ha sido reglamentada en su totalidad y hay detalles prácticos irresueltos. Por las dudas, el radicalismo lanzó su propia interna para el 30 de abril con la esperanza de que sirva no sólo para elegir al candidato sino para movilizar al partido. En el resto de las fuerzas nadie se preocupa por las primarias, porque los presidenciables ya están nominados. Es el caso de Elisa Carrió, de Pino Solanas, y hasta de Mauricio Macri, que espera el momento para decidir oficialmente si se postulará otra vez en la ciudad de Buenos Aires o si lo hará para gobernar el país. Las otras razones. Ese cuadro opositor, todavía con escasa relevancia en las expectativas del electorado, no es seguramente el motivo por el cual ha caído la intención de voto a favor de la Presidenta que muestran las encuestas. En algunos despachos del propio Gobierno se reconoce que la gestión no sólo no tiene el impulso de otras épocas, sino que hay áreas en las que las complicaciones se van acumulando. Y eso deteriora gradualmente la imagen justo cuando se avecina la recta final hacia las elecciones.Entre esas cuestiones aparecen con nitidez la inseguridad y la inflación, dos de las principales preocupaciones de la sociedad. En ambas, el Gobierno ha cometido errores y demuestra impericia para corregirlos. Se estima que el alza de precios golpeará fuerte en el inicio del año escolar y que el delito tampoco encontrará contención.Los últimos asaltos a bancos en la Capital Federal han tenido una sospechosa prolijidad que no pocos funcionarios relacionan con la propia Policía y los pases de facturas políticas. También como una factura se interpreta en la diplomacia que el presidente de Estados Unidos no venga a la Argentina en su gira que incluirá a Brasil y Chile. Que Barack Obama no aterrice en Buenos Aires porque éste es un año electoral, suena a excusa de ocasión. Se recuerdan en cambio los informes del secretario adjunto para América latina, Arturo Valenzuela, sobre la confiabilidad del país y algunos episodios a los que Washington les presta mucha atención. Uno de los últimos es el caso del avión de los hermanos Juliá, detenido en Barcelona con 998 kilos de cocaína. Entre los embajadores, se comenta que en la representación norteamericana en Buenos Aires "los muchachos de la DEA (la agencia antidrogas de EE. UU.) trabajan más que los cónsules tramitando visas".
*Corresponsalía Buenos Aires

