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Se nos va un nuevo año

La vida mejorará cuando el de arriba sepa que debe el mando a los que lo eligieron, y que no puede durar sino por el mismo medio. Arnaldo Pérez Wat.

31 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Arnaldo Pérez Wat (Periodista)
Se nos va un nuevo año

Cuando en la niñez nos llevaron por primera vez a presenciar los fuegos artificiales, quedamos absortos con la belleza de la mezcla de colores, con ese mundo de ritmo y sonido que nos emocionó, pero que no podíamos describir del todo para contarlo.

De pronto, las grandes figuras se aceleraban y nos daba la impresión de que era una señal que anunciaba el fin. Porque, cual grandiosa sinfonía en su finale, las imágenes que resumen lo presentado nos hacen sentir que la culminación es inminente.

Porque todo se repite de forma simultánea, porque ya parece que no puede haber más: la trasmutación incesante de nuestras percepciones nos anuncia la simplicidad de un silencioso final.

Esa impresión se renovará varias veces en el transcurso de los años escuchando una pieza musical que no conocíamos y también en los últimos minutos del año cuando, en las reuniones, la algarabía de la mayoría va creciendo con un fondo de luces y estruendos; algunos con cierta ojeada al reloj, otros más celosos, fiándose sólo de la radio.

Hacia el futuro. Para los más fanáticos del tiempo, y para los que se van acomodando para el beso, aclaremos que la entrada de 2013 será dada en la radio por el comienzo del último top.

Quizás en ese instante estará también naciendo el primer bebé en Argentina. Un ser que verá cosas que no podemos ni imaginar. Sus nietos podrán, sin duda, tomar un crucero espacial.

Desde allí, ellos enfocarán las sierras, si es que ya hemos aprendido a respetar la riqueza natural de nuestra provincia. Quizá logren ver una lagartija que corre como buscando refugio abajo de una roca.

En el siglo 21, la multiplicación desordenada de la fantasía tendrá la posibilidad de mezclar todo en confusas abstracciones y hacer terminar la vida sobre el planeta. Pero, igualmente, será capaz de ordenar la fuerza que yace en el contenido de los valores y hacer del espíritu un baluarte permanente que bendecirá la vida por sobre los cambios.

Hasta que se extinga en el mundo la especie humana, inevitablemente existirá quien manda y quien obedece. Sin embargo, la vida mejorará cuando el de arriba sepa que debe el mando a los que lo eligieron, y que no puede durar sino por el mismo medio.

Es imposible que la Nación logre vivir otro siglo más constituyéndose o discutiendo el camino a elegir.

Los países gobernados por un poder que sólo piensa en la conservación propia, a la larga se agotan o se hunden. Y el poder que se mantiene quitando a unos y dando a otros de forma arbitraria tampoco puede durar, porque los que se acostumbran a vivir de dádivas son más afectos a afanarse en lo material que a dedicarse a la cooperación.

Serenidad. Volviendo a la vida interior, si ya hemos corrido el camino que marcó la fortuna, o si Dios nos da muchos años más, comencemos ganando el año desde el primer día, sin ansiedad, sin tensión, con la dulce tranquilidad que regala la seguridad de ser dueño de uno mismo y del pasado.

Así, nos queda la esperanza de que en un siglo sin conflictos, sin un mundo dividido, el control de la poderosa tecnología permita por igual vivir dignamente a todos los hombres.

El destino ha de querer que ya se haya superado la injusticia y la explotación humana. Y que la igualdad de posibilidades haga que el mundo siga estando a nuestra disposición para encantar a nuestros ojos y a nuestro espíritu con la belleza de todo lo creado.