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Risas de mujeres desnudas

En las estampas de la Semana de Mayo más conocidas, las mujeres brillan por su ausencia. Ángel Stival.

16 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista)
Risas de mujeres desnudas

En las estampas de la Semana de Mayo más conocidas, las mujeres brillan por su ausencia. ¿No había o nadie las vio? Ambas alternativas son posibles. Quizá quienes reprodujeron los acontecimientos más emblemáticos ocurridos en Buenos Aires entre el 18 y 25 de mayo de 1810 con sus relatos, pinturas, dibujos, maquetas y representaciones teatrales -la fotografía aún no se conocía- se preocuparon por representar lo más importante y dejaron afuera la segunda fila.

En su Historia de la vida privada en la Argentina , Ricardo Cicerchia afirma que la mujer de entonces tenía tres opciones: casarse, por lo general muy joven, con quien la eligiera, previo consentimiento de su padre y sin que su voluntad contara para nada; quedarse "para vestir santos", tejiendo y encerrada para siempre, o entrar en un convento, ligera variante de lo anterior.

El alma indómita de algunas mujeres rompió moldes y erosionó un sistema que, por su propia rigidez, era irreal. Nadie veía con buenos ojos la actividad de Flora de Azcuénaga, "la sagaz comerciante", ni a María Bernarda de Lezica, "una prestamista de cuidado". Mariquita Sánchez fue una de las primeras en desafiar a sus padres rechazando al candidato, porque estaba enamorada de su primo Martín Thompson, con quien terminó casándose tras larga lucha. A Camila O’Gorman, no le fue tan bien, pero se convirtió en mártir de las luchas femeninas. Mariquita y Camila parecen haber tenido muchas imitadoras, si se da crédito a la profusión de novelas que revelan historias de amor desconocidas.

Eso si es que no se trata de un componente subjetivo de las autoras, similar al de aquellos hombres que no vieron a las mujeres de la Semana de Mayo. O como el de las comadres de un tranquilo barrio cordobés, vecinas de un joven y agraciado estudiante que solía juntarse con sus compañeras para estudiar. Las vecinas contaban que, después de un rato, se escuchaban salir de la casa "risas de mujeres desnudas".