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Responsables

La educación familiar, que actualmente propone la felicidad como objetivo excluyente, no debería ignorar estos beneficios e imitar a la escuela, probablemente el último bastión de defensa de las responsabilidades–, que insta a respetar reglas y a valorar el conocimiento.

02 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Enrique Orschanski*
Responsables

Curiosamente, los ni­ños nacen responsables. Sin saberlo y sólo por aparecer en el mundo, nombran padres a sus padres, abuelos a los abuelos y demás a los demás, sin saber cuán expuestos quedan a las consecuencias de la crianza que les toca. Pero estas son responsabilidades indirectas. La palabra responsabilidad (del latín responsum ) define la capacidad de obrar reconociendo las consecuencias de los actos, por lo que las verdaderas responsabilidades surgen más adelante, cuando los chicos crecen y adquieren capacidades para realizar tareas acordes a cada edad y condición.Un/a niño/a de 4 o 5 años debería ser capaz de recordar –cada día– que sus padres sacuden las migas de la mochila y cambian el delantal arrugado.Con 6 o 7 años, muchos podrían cuidar sus prendas personales, levantar los platos de la mesa o apagar luces innecesarias. Otros, a cualquier edad, de­be­­rían saber barrer la vereda, ayudar a cortar el pasto o colgar la ropa, y sin reclamar premios a cambio.Ya en la adolescencia deberían tener la capacidad de calcular cuánto alcohol beber sin descontrolarse, tener sexo seguro, ser fieles con los amigos y acordarse –de tanto en tanto– de llamar a los abuelos. Nadie les reclama que se comporten como adultos, sino que sean responsablemente niños.¿Pero cuándo y cómo los chicos aprenden responsabilidad si no se la ejercita en cada etapa de la vida? ¿Cómo comprenden que sus actos tienen consecuencias, que no es igual enfrentar obligaciones que eludirlas y que es mejor cumplir sus compromisos que evitarlos?La lista de responsabilidades que pueden aprender desde pequeños es interminable. Sin embargo, muchos se asombran ante el reclamo de sus mayores. No entienden por qué ellos, cómodos pensionistas en sus propios hogares y predestinados a ser felices, deben afrontar deberes.Aquí se excluye a los que, por causas forzosas, se ven obligados a trabajar ilegalmente, cuidar a hermanos menores o mendigar. Esos chicos, en realidad, han perdido su niñez, víctimas de la desprotección estructural.Los que aquí se nombran son aquellos que, viviendo en familia y con techo seguro, sienten que la responsabilidad es cosa de adultos.¿Acomodar mi cuarto? ¿Revisar las carpetas? ¿Recoger la ropa tirada en el baño? ¡Noooo!, de ninguna manera. Esas preocupaciones son de otros. Ellos existen para ser cuidados, educados y entretenidos. ¿Los padres prometieron felicidad? Aquí están ellos para recibirla.Sin un gradual aprendizaje de tareas en cada edad, los chicos crecen convencidos de ser el ombligo del mundo, situación que afirman cotidianamente con gestos de tiranía e impaciencia.En cambio, si son enseñados a ayudar y a colaborar desde edades tempranas, su integración es sencilla, los vínculos fáciles y generan actos solidarios.La educación familiar, que actualmente propone la felicidad como objetivo excluyente, no debería ignorar estos beneficios e imitar a la escuela –probablemente el último bastión de defensa de las responsabilidades–, que insta a respetar reglas y a valorar el conocimiento.Aún los recreos son oportunidades para aprender jugando con otros, esperando su turno, tolerando si pierden, acompañando a los lastimados y obedeciendo el timbre.Responsabilidad significa cuidar al próximo (prójimo), recuperando así otro valor en descrédito en la convivencia actual: la humildad.Con el tiempo, los adolescentes transformados en jóvenes asumirán tareas que implican responsabilidades ineludibles: conducir automóviles, votar y elegir autoridades, pensar un proyecto de vida o hasta decidir si sumarse a un delito. Si no aprendieron desde el inicio que toda acción tiene consecuencias, la frustración los acompañará.Nadie pone en duda el deseo adulto de que los chicos sean felices. Pero para que ese objetivo se cumpla, cada niño debería conocer qué puede y qué debe hacer en cada etapa, como hijo, como alumno y como ciudadano. * Médico