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Quiénes y cuándo

Federico, no me pises que me haces daño. La del “Ruso”. Daniel Salzano.

07 de julio de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Quiénes y cuándo

A Lorca, Federico García de Todos los Santos, lo encerraron bajo llave en una finca de Granada –La Colonia– que antes de la guerra civil funcionaba como casa de reposo. Como el encierro tenía toda la pinta de una confusión, el poeta fue a la cárcel nada más que con lo puesto: una camisa blanca, pantalones negros y una estampita de la Macarena, cuyos colores fue borrando con la yema del pulgar.Y mientras en el interior de La Colonia sólo se escuchaba crecer la barba de los presos, por fuera medio mundo llamaba por teléfono y nadie respondía. O cuando alguien lo hacía, nunca era una autoridad sino un cabo primero que tenía la respuesta aprendida de memoria:–¿Cuál García? ¿El maricón?En aquella cárcel, tan improvisada como efectiva, no tardó en afincarse la rutina: los presos compartían la comida con los cerdos, meaban contra la pared y, al llegar la noche, no podían pegar ojo esperando que la puerta se abriera y apareciera el verdugo que los iba señalando con el dedo y los agrupaba de a tres. A ver tú, tú y tú. Era, sabían, su último paseo.La rutina del tú, tú y tú ya tenía denominación en el argot: una saca. Te tocaba hacer de tú o de tú en una saca y sabías que 10 minutos más tarde tendrías el cuerpo acribillado.Del horroroso final del campeón mundial de Andalucía hay más especulaciones que certezas. En la noche del 18 de agosto de 1936 y tras pedir una confesión que le negaron, Federico de Todos los Santos (38) se convirtió en Federico de Todos los Muertos y fue sepultado en una fosa de paradero incierto. Dile a la Luna que venga. Vamos al grano, señores, a Federico se lo quiere o se lo quiere. Consta en actas: desde que nació fue un caramelo, un caramelito y jamás dejó de serlo: un andaluz de labios finos y manos de tejedora, que no asistía a clases de gimnasia porque a la noche le rugían los pulmones. Era número puesto a la hora de bailar sobre la mesa en las primeras comuniones.–Dile a la luna que vengaaaaaa.Las canciones eran suyas, el baile era suyo, la dicha era suya y también el talento. Curiosamente, en lo referente a la educación oficial, Federico fue un nabo de colección. Un burro a quien dedicaron una fiesta familiar cuando logró memorizar la tabla ­del ocho.Hay muchas fotos de esa época y en todas aparece sonriendo, abrazado y abrazando. Pero, Delfini, atención a la mirada: Federico tenía unos extraños ojos negros que apuntaban para el mismo lado, pero miraban cosas diferentes. Siempre hay que volver sobre el rostro de los poetas.A todo esto, convendría aclarar que el chocolatín de los García no salió de sus pagos hasta los 17 años, cuando ya era un pajuerano hecho y derecho, condición que nunca perdería. Granada lo marcó tan íntimamente que, por elevación, lo convirtió en el más genial de los poetas españoles.Cuando la poesía que escribía por olfato se le l­lenó de sexo y sangre, advirtió que había llegado la hora de irse. Si no quería pasar el resto de la vida en Fuentevaqueros escribiendo obras para títeres y casta­ñuelas, tenía que irse a vivir a la capital, Granada, donde los hombres se emborrachaban mezclando ­coñac y anís y donde se imaginaba llorando en soledad y muy bajo de volumen para no molestar a los ­vecinos.Para no errarle, se matriculó en Filosofía y Letras y en Abogacía. Jamás obtuvo un diploma. Ni en ­Granada ni en ninguna parte. Acabó convertido en el parroquiano más reclamado de El Rinconcillo, donde, exceptuando las horas en que Manuel de Falla se sentaba a componer, se tiraba la casa por la ­ventana.Lorca y Falla congeniaron.¡Es tan difícil encontrar dos hombres buenos! El avión de cartulina En 1919, con el pelo alborotado por la moda y un ­bigotillo que no terminaba de cuajar, viajó a Madrid y se instaló en la Residencia de Estudiantes, donde permaneció nueve años y aprendió, como ninguno, a tirar la ceniza del cigarrillo por encima del ­hombro. Gran fumador: "El uso del tabaco es el único sello que diferencia a los hombres de los hombres".Seguro que fumaba Nobleza.De esta época proviene su mejor retrato: compartiendo un avión de cartulina junto a Luis Buñuel en la verbena de Las Vistillas.Federico comenzó a publicar versos que dejaban entrever lo que vendría.¿De dónde sacaba tanto búfalo, tanto alelí, tanto iris, tanto ciego, tanto grillo, tanta agonía?Prácticamente al mismo tiempo que sus versos debutantes, aparecieron publicadas sus primeras obras teatrales. Yo no sé nada de teatro, pero tengo leído por ahí que sus dramas iniciales envejecieron demasiado rápido: nada que no se diga de los poetas cada vez que hacen guantes con el teatro.Al mismo tiempo que se producían sus estrenos – Bodas de sangre , Yerma y Doña Rosita la soltera – lideró una compañía teatral itinerante –La Barraca– con la que difundió los clásicos castellanos por los pueblos de España.Tiene 33 años, se lo ve más relleno, peinado a la gomina y embutido en un mameluco proletario de cuyo bolsillo superior emerge un lápiz de carpintero. Es escenógrafo, dramaturgo, director, apuntador y coreógrafo. Lo único que no hace es administrar. No puede. No sabe. La famosa tabla del ocho. La generosidad lo vapulea sin piedad, pero no se desanima. Lorca es mucho Lorca para recular ante un puñado de pesetas.Y ahora hablemos de su bragueta, el quid del acertijo lorquiano. No me pises que me haces daño. El sexo era poderoso, atractivo y divertido, claro, pero Federico García Lorca era un amante prendado de varones imposibles y de homosexuales con las ingles claveteadas que consumían cocaína de ga­rrafa. Estuvo pública y locamente prendado de Dalí, pero Salvador era una serpiente locamente enamorada de sí misma. Las serpientes, de entrada, evocan naturalezas retorcidas, mentes astutas y almas cautelosas. Un ejemplo: Federico le enviaba una carta redactada con sangre que obtenía después de hacerse un tajo en la muñeca y Salvador le respondía con un dibujo en el que se distinguía un reloj derretido en el interior de una bañera.Lorca soñaba que bailaban un bolero y Salvador se quejaba porque lo estaba pisando.La producción del poeta comenzó a cotizarse en el mercado hispanohablante y, en consecuencia, terminó recalando en el Río de la Plata, donde el tout París de la calle Florida lo recibió con grandes muestras de alborozo. Imposible aspirar a que tu tertulia figurara recomendada en la guía Michelin si no contaba con la presencia del maestro.¡Habla, Federico!: –Las calles están desiertas / y en los fondos se adivinan / corazones andaluces / buscando viejas espinas. ¡Ea, lectores! Mirad bien al mejor poeta de ambos hemisferios: un animal social de la especie de los insaciables. Tocaba el piano con los codos, cantaba en portugués, movía las manos como una cupletista y, no bien abrían la caja, se comía todos los bom­bones.Se aloja en el hotel Castelar, cuya habitación aún se conserva como era: un jarrón con margaritas, una reproducción del autorretrato de Dalí y sobre la mesa de luz un lápiz y un cuaderno. A ver, tú, tú y tú. A veces, como Malena, se ponía triste por el alcohol y había que seguirle la pista hasta encontrarlo. Pero nunca llegaba demasiado lejos. Lo suficiente para que la cátedra viera en esos derrapes la verdadera razón de sus conflictos: Lorca, al fin y al cabo, era un chicarrón bondadoso cuyo corazón arrastraba las culpas propias de un niño bien y pajuerano. ¿Más pistas? Ateo, supersticioso, escritor, cristiano, homosexual y con un miedo a la muerte que gobierna casi toda su poesía. Tan grato le había resultado vivir aplaudido por las tías que ahora, en la treintena, sólo podía enfrentar y vencer la confusión haciendo guantes con la escritura.A Federico lo fusilaron los fascistas, ya se dijo, pero no por reprimir su ideología, sino –se especula– para segar un romance en el que participaba el hijo de un notable granadino. La teoría es tan rocambolesca que, para desarrollarla, habría que borrar esta nota y escribirla de nuevo.A mí me gusta mucho esa estocada que inventó José Lezama Lima para explicar la muerte del poeta: "Lo que mató a Federico no fue la política, sino la grosería".–A ver, tú, tú y tú.

La del “Ruso”