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Quiénes y cuándo

Marzo: negro, impar y delicioso. Laurito. Daniel Salzano.

02 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Quiénes y cuándo

Marzo: negro, impar y delicioso. Lo mejor de marzo es el desayuno: pan integral, miel y queso cuartirolo. Con la yema del dedo, con la mano, queriendo o sin queriendo, nos rozamos. Amor mío, ¿cuántos desayunos nos quedan por delante? Calculo que entre mil y mil quinientos. Según Wilde, los meses surgen del cerebro. Vale decir, de la inteligencia. Desde ese punto de vista, marzo es el mejor del grado.

En marzo, leo y escribo, tareas –para mí– enlazadas al hecho de vivir. Dentro de poco el verano iniciará su retirada y el jardín del Buen Pastor quedará desierto. Lo que más me intimida del mes es esa indecisión del termómetro que o se lleva todo por delante o se lleva todo para atrás. Mi mamá lo llamaba "el entretiempo". Y yo lo sigo haciendo. Hay decisiones tomadas en lo más temprano de la vida que no ceden jamás, hincadas en quién sabe qué hueso.Llega marzo, llega el entretiempo.Lo mejor de marzo era cuando salía muy temprano a trabajar y a mitad de camino regresaba a casa para besarte los pies. Nunca llegaba a besártelos del todo. Siempre necesitaba más. ¿Sabés cuántos años tenía Julieta cuando se enamoró de Romeo? 14. Marzo es un buen mes para cumplir 14.Y sin embargo, para lo mejor de marzo yo votaría por el espadachín mayor de la ciudad, Jerónimo Luis de Cabrera, que cubierto por un funghi de latón continúa leyendo con la rodilla de bronce levemente flexionada. Estoy seguro de que Horacio Ferrer escribió la Balada para un loco en la confitería de El Ruedo, sentado frente a la estatua del padre de la patria. La fatiga ha vuelto más lentos los gestos de Jerónimo. De noche se saca las botas y a veces su sombra va y viene sacudida por los ventarrones del entretiempo. ¿La verdad? A mí Jerónimo me mata. ¿La verdad? A mí los hombres rebeldes me matan.Imposible imaginar a Jerónimo Luis, por ejemplo, diciendo "mi mujer no me comprende". O "Coño, tengo la cintura a la miseria".Lo más triste de Marzo es el sinamor. El miedo de no amar o de no ser amado. Cosas del otoño. ¡Ojo con los virus! El año pasado, en marzo, fui víctima de una fiebre prepotente, densa, interminable. Le pedí a mi mujer que se acostara conmigo y que me apretara. La gripe saltó como un bicho oscuro mientras ella absorbía mi frío y mi fiebre. Después un té y una aspirina.Lo más decepcionante son los perros que deambulan desorientados, porque fueron abandonados a comienzos del verano. En marzo, confundidos, creen que la luz roja es para avanzar y en la esquina de 27 de Abril y Obispo Trejo, pasa una camioneta y los escracha.Marzo es igual a Piscis más Aries, dos signos inconmensurables.Piscis: es el último signo del Zodíaco y, por lo tanto, el más viejo, el más sabio y el más perezoso. Créanme, Piscis es un signo divino pero –ay– carece de futuro. Duermen mucho, caminan en bajada y a los cines van únicamente los días con descuento. Felipe González es de Piscis. Y Bruce Willis. Y Sharon Stone. Y los pescaditos del Pasaje Muñoz, que ya nadaban durante la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen.Aries en cambio es el primer signo del Zodíaco, un incordio movedizo y meterete que no te deja pasar una y se anota en todas las pistas, distancias y carreras. Supongamos que Aries te encuentra a punto de jugar a la quiniela; entonces se aproxima y te bate la posta: "¡Jugale al 19!".Marzo, advertiréis, es un mes extremadamente jodido. Lo curioso es que lo mejor de marzo ya pasó. Sucedió a comienzos del siglo pasado, cuando mi abuela llegó de Nápoles para casarse con mi abuelo, el del sombrero bombín y el último botón del chaleco desabrochado. Sólo se conocían a través de cartas, postales y retratos. Quiero decir que nunca se habían visto. Ni besado. Apenas la vio, mi abuelo, el del bombín, le susurró al oído: "Si te casás conmigo me caso contigo". Se lo dijo en napolitano. Se casaron ese mismo mes. Yo desciendo en línea recta de esa historia. A veces, cuando una nota se resiste, opto por el sistema de mi abuelo: "Si te escribís conmigo me escribo contigo". Querido mes de marzo: no dejes que me conviertan en piedra y tampoco permitas que me arrojen al patio mezclado con agua y lavandina.Y si no te gusta el otoño, ni el comienzo de las clases, ni el viento algodonoso, ni el aniversario de la batalla de San Lorenzo, entonces convengamos que marzo es un hermoso mes para las palabras. Las palabras -afirmó Pascal- son la forma de todo. Y eso que no tienen forma.Mi papá nació en Marzo, el 17, día del gringo ferroviario. Hace muchos años que no consigo hablar con él. ¿Qué tal? Como siempre. ¿Cómo estás? Bien. ¿Has comido? Un poco. ¿Querés picar algo? No, está bien así.Lleva los anteojos de soldar recogidos sobre la frente y se seca el sudor con el antebrazo. Contra la pared amarilla del taller cuelga la llave inglesa sobre el almanaque de Marilyn Monroe.–¿Cómo andan las cosas en el diario?–De puta madre, papá.Mi foto predilecta fue gatillada en Marzo de 1976 (la fecha está escrita al dorso, con una birome azul). Se trata de una incontestable imagen del Departamento Colón: vos y yo con los pies hundidos en el agua, fumando de un mismo cigarrillo. Al bebé, que acababa de nacer, no se lo ve porque estaba en el moisés, colgado a la sombra de un árbol del balneario.Al llegar el tercer mes del año, el circo Tony Tachuela se instalaba en la esquina del río y la avenida 24. Me acuerdo de Vicente –el payaso como la gente– que disfrazado de león, ocupaba el centro de la pista y preguntaba a través de una bocina: "¿Quién quiere ser yo?". Y todos, desde las gradas de madera, le respondíamos: "¡¡Yooooooooooooo...!!".No es lo mejor, pero tampoco lo peor: ubicarse en el último peldaño del Coniferal y escrutar el cielo esperando que la señal de Batman deposite su huevo luminoso en el nido de una nube.Uno de los comprobados inconvenientes de marzo son los escritores que en el bar se sientan a tu lado para confesarte que no consiguen escribir porque se sienten escépticos, deprimidos. ¿Así que no podés escribir porque te sentís deprimido? Voy a decirte una cosa: levantá el trasero de la silla y ponete a trabajar ahora mismo. Y si no se te ocurre absolutamente nada escribí el alfabeto con los ojos cerrados hasta que se te acaben las hojas de la resma. Miráte las manos. Tenés los dedos gordos. Estás excedido de peso, te falta entrenamiento.Lo mejor de marzo es cuando a Teleocho se le acaban las películas y dan la última que les queda, Luz y sombras . Kirk Douglas toca la trompeta y se la pasa diciendo todo el tiempo que hay una nota en el aire, una nota que no tiene nombre y que no se deja capturar. Al final te hace llorar, porque la nota que anda buscando es la de la sirena de la ambulancia que viene a recogerlo porque ya está para el arrastre.Lo mejor de marzo es la mujer de la calle Montevideo, la del tercero, que mira a través de la ventana. ¡A que tiene un piano en el living comedor! Cuando Córdoba tenía medio millón de habitantes, 250 mil mujeres tocaban Para Elisa al mismo tiempo.Las mujeres solas son las que mejor saben mirar por la ventana.No conozco tipo más aburrido que yo, sentado bajo un ventilador de cuatro palas, resolviendo las palabras cruzadas con la misma birome del año pasado. Cuatro vertical: angustia existencial. Lo peor es cuando me pongo a hablar con el teléfono colgado. Celular no tengo porque el cráneo no me lo permite. El que quiera comunicarse conmigo que haga sonar las campanas de las Catalinas.Vamos marzo, decime la verdad, ¿qué lugar ocupo en tu corazón?

Laurito. A Laurito, el enano, le hubiera gustado medir más de 1,35 y hacer lo que hace el resto de la gente: jugar al metegol, por ejemplo, sin necesidad de subirse a una silla.

A los 6 o 7 años ya maliciaba que le había tocado la china genética y con el paso del tiempo fue creciendo –es un decir– embutido de uniforme en uniforme: Laurito payaso, Laurito caramelero y por fin Laurito mariscal, con sobretodo de ocho botones atendiendo la puerta en un hotel en la provincia de Salta.

Aprendió a decir una docena de palabras en inglés, se hizo bordar un escudo con dos llaves en el corazón de la solapa y se ganaba la vida recibiendo a los viajeros, abriendo y cerrando las puertas de los taxis, gudmórnin, buenas nái.

Imaginen lo que sintió el día en que al hotel llegó un auto de dos plazas y del auto bajó una enana con nombre de trapecista –Margarita Microbio– y mandíbula cuadrada. O sea que Laurito se enamoró de Margarita y comenzó a mandarle señales categóricas: le llevaba un vaso de agua fresca todas las mañanas y, por la noche, equipado con un ramo de flores calientes, iba al circo a esperarla a la salida.

Conclusión: el mismo día en que la caravana del circo abandonaba la ciudad, Laurito contrató un taxi, la siguió, raptó a la novia y, con la bendición de un cura fronterizo, la convirtió en su legítima esposa. El circo perdió una trapecista y Córdoba ganó un enano. Laurito abandonó el disfraz de mariscal y comenzó a ganarse la vida haciendo de payaso para la gente menuda, gudmórnin, buenas nái.

Bueno, resulta que en 2001 estabas en la Ciudad Universitaria viendo pasar la caravana que el Centro Cultural España Córdoba organizó en homenaje a Luis Buñuel y, en medio de los carruajes y las gallinas y los tambores, viste pasar a Laurito desfilando en la procesión como un curtido profesional del esperpento. ¡Laurito en una de Buñuel! Chau Laurito, le dijiste al pasar, pero Laurito no te miró porque a los 70 años de edad, si se distraen, los enanos pueden llevarse el destino por delante.

No sé qué habrá sido de su paradero, pero es probable que aparezca mañana por el diario para contarte la verdadera, minuciosa y apasionante historia de su vida, pero yo la he contado tal como me la contaron, Laurito, leyenda. Si aparece por el diario ojalá que traiga el moño con lentejuelas. Y el saco a cuadros de fajina. Y que del bolsillo de arriba saque un caramelo. Gudmórnin. Buenas nái.