Quiénes y cuándo
Riquelme después de Riquelme. Serás lo que debas ser. Sanata invernal. Daniel Salzano.
Riquelme después de Riquelme
Una de las características de Riquelme que lo vuelven atractivo para la escritura es su pinta de poeta en vías de extinción. Juan Román Hamlet Riquelme es de los que la pisan. Ernesto Grillo la pisaba. Toscano Rendo la pisaba. Ángel Clemente Rojas la pisaba. Traduciendo: les ponen el botín encima y se hamacan de tal manera que nunca se la quitan.Bueno, Riquelme no sólo pisa la pelota como si calzara el 49, sino que también tiene un tranco largo, perezoso y elegante que enloquece a la tribuna. Debutó con la camiseta boquense en 1996, dirigido por Carlos Salvador Bilardo, y rápidamente se convirtió en un prócer de alcance nacional. Un chico parco, regalado para el ronroneo de La Doce: "No soy nadie más que yo, al fin y al cabo. Todo el resto lo ignoro. No sé nada. Ni siquiera tengo preguntas".Fue un crack apocado y sentimental, desde el arranque, un 10 de paladar negro al que sólo se le podía formular un reproche: con relativa frecuencia se movía dormido, sin punto fijo. Esos días jugaba con los labios duros. A Charlie Parker le pasaba lo mismo: se le endurecían los labios y tenía que suspender los recitales. Charlie era un saxofonista que también la pisaba.Claro que había días en los que lo atravesaba un rayo cósmico. Un fenómeno que provenía del espacio sideral se le metía por las orejas, le recalentaba el cerebro y salía despedido por la almohadilla del empeine. La trayectoria de sus pases recordaba a la bala que, antes de eliminar a John Kennedy, dio dos vueltas alrededor del auto, mató a un policía y arruinó la pintura del capó. Era imposible no estar de su lado. ¿Quién se resiste a un jugador desesperado?Tardó muy poco, 20, 25 días, en dejar de ser un pibe para convertirse en un hombre. O sea, Riquelme nunca fue joven. Un mambo personal e intraducible que probablemente heredó de los años duros de su infancia, cuando su familia –pobre y numerosa– se sentaba frente a un plato de sopa, lo miraba una y otra vez y se iba a dormir con el estómago vacío. En el barrio, son cosas que se saben.En lo estrictamente personal, cargaba con una timidez de 100 octanos. Y la sigue cargando, todavía. Hace unos años, cuando su nombre sonó en los mentideros europeos como candidato al mejor jugador de la temporada, dijo que, si lo ganaba, no iría a recoger el premio. Riquelme es de los que se comen las uñas cuando nadie los ve. Riquelme es de los que no puede vivir la vida de otros.De Boca Juniors, pasó como por un tubo al Barcelona, un equipo que, para su gusto, olía demasiado a linimento. Su técnico, Louis van Gaal, era un nazi que daba las directivas debajo de un casco de acero: "Yo lo único que les exijo a los jugadores son victorias".Durante la gestión cuartelera de Van Gaal, Riquelme, el parsimonioso, anduvo falto de inspiración y sobrado de tristeza. Los catalanes no pisan la pelota, porque se gasta.El resto se veía venir: primero lo degradaron al banco y después lo vendieron al Villarreal, que lo compró al peso, sobrado de kilos y melancolía. Perdió mucho tiempo negociando la letra chica del contrato.Su aterrizaje en el Villarreal fue positivo. Tanto que un cronista del diario Marca escribió: "Román ansía la pelota como los animales del desierto ansían el líquido elemento". Y otro, del diario As , dijo: "Sus pelotazos se parecen a las monedas de 25 cuando pasan a través de la ranura en la rocola".Riquelme se convirtió, como consecuencia de su repunte, en la gran esperanza de la Selección Argentina en el Mundial de Alemania. No teníamos equipo, pero teníamos un jugador tocado por el rayo cósmico. Sin embargo, permaneció ensimismado, con el mismo malhumor de los hombres que advierten que se están quedando pelados. O sea que nos dejó colgados. Parecía Blancanieves enculada con la bruja, el príncipe y los enanitos.Nadie lo dijo en voz alta, pero la idea quedó flotando: era un jugador talentoso pero débil; si hubiese jugado en River, hubiese sido un obvio pecho frío. Acabó su aventura europea volviendo al club de sus amores. Lo pusieron de 7, de 8, de 9 y de 10. Boca lo paseó por el mundo de la misma manera que la Metro paseaba a Clark Gable durante el estreno de Lo que el viento se llevó . Se alineó con Guillermo Barros Schelotto, con Martín Palermo y con Rolando Schiavi, y jugó como una ballena retozona. Boca ganó muchos campeonatos desde entonces, pero nunca volvió a ser feliz de esa manera. Boca, se sabe, no anduvo muy fino últimamente, ya que se movió con la gracia del fugitivo Tony Curtis cuando, en Fuga en cadenas , tenía que arrastrar un tronco podrido desde el fondo del estanque. Y, además, Riquelme cerró el bolso con candado. Dice que se va. Nadie sabe si se trata de una estrategia para reventar al técnico Julio César Falcioni o de una inoportuna pulseada filosófica del crack que, con 34 años, se comporta como si tuviera 68. Tal vez lo expulsen, le acepten la renuncia, lo transfieran, lo destierren, lo vendan, lo envuelvan para regalo o acepten la oferta de un jeque petrolero que está dispuesto a pagar su transferencia con el peso en diamantes de un camello. Riquelme, como un cuadro de Leonardo Da Vinci, comienza a esfumarse. Ningún amor merece la muerte que recibe. Aunque lo más probable es que Hamlet, como de costumbre, termine enterrándonos a todos.
Serás lo que debas ser
Yo no tenía nada contra la medicina pero no quería ser médico / eso es todo.A mí me gustaban los médicos cuando en los cuentos de Hemingway el adolescente se subía a una canoa / sorteaba los rápidos del río Tkopokoama / y remaba durante horas para asistir / en compañía de su padre / al nacimiento de un bebé / un bebé que recibía el nombre de Sombra de la Luna.En cambio los odiaba / a los médicos / cuando delante de tu mamá te preguntaban si por la noche tenías poluciones / yo no sabía qué eran las poluciones.Médico no quería ser y abogado tampoco / los abogados eran hombres de esqueleto compacto que caminaban haciendo vibrar el piso de madera / como si tuvieran huevos fabulosos. ¿Quieren un buen ejemplo de abogado? / Robert Duval / Robert Duval era el encargado de sostenerle la pelela a Marlon Brando en El Padrino / los abogados forman parte esencial del inventario de la Cosa Nostra.Lo único que me atraía de los abogados eran sus tamangos bien lustrados / sus relojes de esfera luminosa / y que firmaban con los ojos cerrados / conocí a un juez que se negaba a firmar las sentencias con birome y todo el mundo salía corriendo en busca de un tintero / no entiendo cómo hay gente que se vuelve loca por los abogados.Las ciencias exactas tampoco me gustaban / no sé si alguna vez tuvieron que rendir trigonometría / en trigonometría los números se escriben con comas en el medio / pero si el resultado es 0,75342463 no puede ser 0,75342464 / ¿comprenden? / las palabras, en cambio, siempre tienen un as bajo la manga.El problema se planteaba cuando me preguntaban qué iba a ser de mi vida / idiomas no sabía / el ajedrez me confundía / había falsificado la cédula de identidad para ser un hombre cuanto antes / saltaba la tapia del Hindú Club para no pagar entrada / mezclaba Letonia con Lituania / y cuando iba a los almacenes de la Casa Tía robaba sacapuntas / era un zángano / nunca había usado una camisa con gemelos / había presentado solicitudes de trabajo en Casa Muñoz, Bonafide, Peuser, Vértice Musical, Los Gobelinos, Modart, Bazar Agostinelli y La Joyita / ése era todo mi capital / el mundo no podía ser tan poca cosa.Yo escribía / claro / pero escondido / cada vez que me pillaban escribiendo me comía el papel / en serio / tenía el esófago tapado de servilletas / escribir no valía / leer no valía / enamorarse no valía / las películas de Mastroianni no valían.Menos mal que en el techo de mi casa / junto al tanque del agua / habían levantado un muro de ladrillos / ahí apoyaba la espalda / miraba las estrellas y bautizaba las constelaciones / la vida era eso y yo no lo sabía / el futuro era eso y yo no lo sabía / ojo, lectores / estoy hablando muy en serio / el tiempo no existe porque nunca se detiene / ni tropieza / ni regresa.En síntesis: lo que quiero decir / ahora lo sé / es que a mí me hubiera gustado ser / la gran esperanza blanca del periodismo mediterráneo / un buen bailarín de ritmos tropicales / un ayudante de Coppola durante el rodaje de El Padrino / cuidar los coches estacionados en la bajada del Negrito Muerto / en serio / a mí me hubiera gustado ser el Negrito Muerto.
Sanata invernal
Con el invierno hay que tener mucho cuidado. Así lo afirma la guía Michelin de esta ciudad: se acentúan las depresiones, el viento te triza la cabeza, una tristeza que se remonta al Mesozoico te estampa la frente contra el vidrio y las estrellas parpadean y se alejan como Carlitos al final de Tiempos modernos .No hay más que mirar alrededor: los árboles del parque se deshacen, llueve sin cesar sobre el casco lírico de Jerónimo Luis de Cabrera y, a pesar de que todos los días los frailes le pasan el lampazo, el umbral de la Compañía de Jesús amanece humedecido.Primer efecto constatable: el invierno te achica el corazón. Segundo: el primer ómnibus que atraviesa la ciudad lleva las ventanillas empañadas, porque va repleto de durmientes.En el libro Bichitos de luz , texto de lectura obligatoria en primer grado, el invierno era un viejo con perfil de gallo y sombrero de pordiosero que arrastraba una enorme bolsa de rocío congelado. Un anciano solitario, un funcionario de Dios, uno de esos tipos que fuman sus propios cigarros armados. Hubo una vez un niño –yo– que lo quería. Hoy casi todo es otra cosa.Tercer efecto: hay veces que el invierno nos sobra de tamaño.Y ahora, Salzano, 20 líneas de sanata: los pañuelos entristecen, los zapatos humedecen, la piel de los relojes se cuartea, las gotas de agua repican sin caer, el andén del Mitre titila, las viejas sillas de la Cervecería Río Segundo –plegadas– se sostienen entre sí, la melancolía saca su tarro de dulce de leche, el viento sale y cae y va perdiendo bulto en la caída, y los niños más viejos del ejido urbano combaten el dolor de los sabañones meándose las manos.Cuarto efecto: el aire huele a alcanfor, el alcanfor huele a Vick VapoRub, el Vick VapoRub huele a calzoncillos de lana, los calzoncillos de lana huelen a los mayoristas de la calle Ituzaingó, los mosquitos huyen hacia el norte y en el menú de La Mamma los fiambres retroceden para dar lugar a los pucheros y a las carnes.Es probable que la semana próxima, por expresa indicación de la maestra, 40 niños desesperados saquen el cuaderno para escribir una composición sobre el invierno. He seleccionado para ellos algunas frases alusivas ideadas por poetas invernales:"En el invierno las teclas del piano se vuelven amarillas" (Oliverio Girondo)."El invierno es una quemadura de segundo grado" (Nicanor Parra)."El invierno es un herido de bala de no se sabe dónde" (César Vallejo)."¡Qué dibujo de miel el de las hojas del invierno sobre el agua!" (Jaime Sabines).Quinto efecto constatable: los perros deben elegir entre apoyarse contra la pared recalentada de la Panadería Independencia o directamente volverse locos.Sexto: los días no empiezan ni terminan. O sea, el invierno es una insuperable ilustración de la existencia.Séptimo: reaparecen las palabras que habían permanecido ocultas durante el otoño: can-can, vapor, polenta, termómetro y el Pulmocler que promociona Cacho Fontana. Con el invierno hay que tener mucho cuidado, porque la gente cierra los postigos, los enemigos se protegen con paraguas, los árboles se inclinan para el mismo lado, el viento se burla de la gente y el astrólogo Horangel renueva sus predicciones. Géminis: se perderán en el laberinto del futuro rastreando inútilmente su memoria. Cáncer: volverán a fumar a la usanza de Bette Davis. Capricornio: se asociarán al Cineclub Municipal para ver otra vez Tiempos modernos .El payaso que permanece inmóvil durante todo el año en la esquina del área peatonal es el único cordobés que no advierte la llegada del invierno. Siempre tiene roja la nariz.

