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Provincia escandinava

En Holanda, Canadá, Noruega, Gran Bretaña y Suecia, la salud pública se rige por el principio de “el mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario”. J.F. Marguch.

05 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
J.F. Marguch (Periodista)
Provincia escandinava

¿Cuál es el mejor sistema de salud del mundo en la actualidad? Según estudios comparativos de organismos internacionales, el que rige desde el 1º de enero de 2006 en Holanda. Los habitantes de ese país analizaron cuanto se ha obrado dentro y más allá de sus fronteras en materia de salud pública y elaboraron un mix de supervisión del Estado y operatividad privada que, hasta ahora, funciona razonablemente bien. Una encuesta realizada en la Unión Europea (UE) ubicó inmediatamente después de Holanda a Dinamarca, Austria, Luxemburgo, Suecia y Alemania. Francia quedó en décimo lugar y Gran Bretaña, que durante décadas fue admirada por poseer el mejor sistema, se derrumbó nada menos que a la decimotercera posición.Los expertos no encontraron correlación alguna entre el gasto en medicamentos y su eficacia terapéutica. Así, Francia, por ejemplo, gasta per cápita casi dos veces más que Holanda. Y la explicación es bastante curiosa: los franceses son ultraconservadores en materia de remedios, se aferran a marcas antiguas y menos efectivas que los modernos fármacos y no tienen confianza en los genéricos. Sistema sueco. En Suecia, durante los 59 años de hegemonía casi ininterrumpida del Partido Socialdemócrata (1932/1986), rigió el "modelo Rehn-Meidner", llamado así por los economistas que, al parecer, encontraron esa tercera vía entre keynesianismo y monetarismo que tanto buscaron –sin querer encontrar– Tony Blair, el nefasto primer ministro británico (1997/2007), y Anthony Giddens, su errática eminencia gris. El sistema sueco fue durante décadas el espejo de muchos gobiernos del mundo, por la amplitud y libertad que tenían todos los habitantes del reino para acceder al casi perfecto programa asistencial.Lo que provocó su derrumbe fue precisamente esa generosidad, como explicó el gabinete socialdemócrata en 1986, al perder el poder: "Cuando los afiliados conocieron todo lo que podían obtener por sus derechos a la salud, el sistema se desplomó por sobreconsultas y sobremedicaciones totalmente innecesarias". El precio de la salud. Estados Unidos es el ejemplo más concluyente del fracaso de considerar la salud como un bien transable, sometido a las leyes del mercado y la manipulación política. Es la única de las grandes potencias industrializadas que no reconoce al sistema universal de salud como un derecho humano. La consecuencia es que ningún país gasta tanto en salud: más de 2,2 billones de dólares anuales, el 16,2 por ciento de su producto interno bruto (PIB), cinco puntos por encima de Francia, ubicada en segundo lugar, y casi el doble del Reino Unido y de Japón. Per cápita, en 2007 gastaba 7.290 dólares, 2.500 dólares por persona más que en Noruega, en segundo lugar del ranking de gasto médico por ciudadano. Una comisión del Congreso estableció que, de no revertir el régimen actual, en 2025 el gasto trepará al 25 por ciento del PIB.Hasta 2010, el gubernamental Census Bureau informó que un 15,4 por ciento de la población –46,3 millones de seres humanos– no tenían seguro alguno y la Universidad de Harvard reveló que unas 45 mil personas mueren cada año por carecer de cobertura.El 22 de marzo de ese año, Barack Obama obtuvo uno de sus escasos triunfos políticos cuando el Congreso aprobó la reforma del sistema, que en teoría debe incorporar a 32 millones de personas, incorporar a Medicare a ancianos y discapacitados y a Medicaid a funcionarios del gobierno y veteranos militares.Pero esa ampliación tiene su contraparte: aunque los aportes de la patronal se han duplicado desde el año 2000, los trabajadores ahora gastan más en salud, las coberturas disminuyen y las facturas médicas "contribuyen a más de la mitad de las quiebras personales y a las pérdidas de hogares por juicios hipotecarios". Esperanza naranja. Ya es tiempo de asomarse a Holanda, donde el 1º de enero de 2006 cesó la distinción entre sanidad pública y privada: el gobierno ya no se encarga de administrar sistemas, sino que son las empresas privadas las que proporcionan todos los servicios médicos. El gobierno controla la accesibilidad y calidad de los servicios. Castiga con dureza cualquier abuso de exacción o de desconocimiento o limitación de los derechos del afiliado (esto sería imposible en un país corroído por la corrupción).Los holandeses están obligados a contratar un seguro médico con una compañía de seguros holandesa; las empresas no pueden rechazar a nadie, porque están legalmente obligadas a ello. El seguro básico cubre asistencia médica, incluyendo los servicios de médicos de cabecera, internación (todos los hospitales son privados), especialistas y obstetras, odontología; asistencia prenatal, servicios de ambulancia y de emergencias domiciliarias.Los menores de 18 años no pagan seguro porque están incluidos en el seguro familiar. El Ministerio de Sanidad fija la prima estándar del costo del seguro básico y las aseguradoras determinan cada año el precio de sus servicios, que suele ser de unos 95 euros al mes (alrededor de 580 pesos) y el costo adicional que deberá pagarse al final de cada año.Las empresas compiten en ofrecer el menor costo adicional y el mayor nivel de calidad posibles, porque los afiliados pueden cambiar de compañía cuando lo deseen (esto es también inviable en un país desangrado por precios oligopólicos). En Holanda, Canadá, Noruega, Gran Bretaña, Suecia, etcétera, la salud pública se rige por el principio de "el mercado hasta donde sea posible y el Estado hasta donde sea necesario". Colombia acaba de adoptarlo.Y bien, ¿qué tiene que ver Córdoba con Holanda? Nada. Sólo puede servir para valorizar y disfrutar el privilegio de vivir en una provincia virtualmente escandinava, que tiene un espléndido sistema universal de salud, envidiables establecimientos asistenciales, personal dignamente remunerado, vademécum racional y accesible, tecnología de punta en permanente mantenimiento y actualización. Aunque también, faltaba más, funcionarios que no funcionan en caso de conflicto de intereses. Es que ni en Escandinavia se puede tenerlo todo.