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Pongamos las manos atrás

Llevarse lo ajeno –sea una cucharita, una birome o algo tan importante como el dinero de otros que hay en un banco– no tiene ninguna diferencia; es sencillamente un delito. Por algo se empieza.

11 de marzo de 2014 a las 12:02 a. m.
Norberto Ruffa*
Pongamos las manos atrás

En la sociedad argentina en que vivimos, existen ciertos actos que son muy frecuentes. Acciones que, como suele decirse, todo el mundo hace. Pero el hecho de que todos las hagan no significa que sean buenas; al contrario, porque siempre perjudican a alguien. Es muy común que alguien, al volver de sus vacaciones, comente que trajo como recuerdo del hotel en donde estuvo algún elemento del servicio –una cuchara, un plato o cualquier otro objeto– como si esto fuera un verdadero souvenir .Recuerdo que a los 18 años tuve mi primer trabajo. Era una empresa muy importante, con un gran plantel de alrededor de 400 empleados. Trabajaba en la oficina de compras, lugar donde se hacían los pedidos para suplir las necesidades de cada una de las secciones de la empresa.Luego de estar trabajando un tiempo, me llamó la atención la cantidad de biromes que semanalmente se pedían para la oficina administrativa. Al principio, pensé que se usaban, pero luego me di cuenta de que la realidad era que los empleados se las llevaban.Llevarse lo ajeno –sea una cucharita, una birome o algo tan importante como el dinero de otros que hay en un banco– no tiene ninguna diferencia; es sencillamente un delito. Por algo se empieza. Cuando en los últimos tiempos escuchamos las noticias de los robos que hay a diario, de la gente que es estafada, de las asociaciones de personas que se unen para delinquir, de los políticos que nos hablan de los otros políticos que roban, de los saqueos que a fines del año pasado ocurrieron en la ciudad de Córdoba, pienso en la cucharita y en la birome, y viene a mi mente esto de que por algo se empieza. Es probable que la tentación haya aparecido cuando menos la esperaban. Es muy común que los niños, cuando van a un negocio y están frente a un escaparate con diferentes objetos, no sólo miran sino que además tocan. Recuerdo que mi padre, cuando yo era pequeño, solía decirme: "Se mira y no se toca; ponga las manos atrás".Ese "ponga las manos atrás" significaba no sólo que no había que sacar lo que no era de uno, sino que además demostraba a los demás que no había ninguna intención de hacerlo. Actitud que coincidía con el dicho de que "no sólo hay que serlo, sino parecerlo".Hace un tiempo, estando en un negocio, me pasó algo muy risueño. Instintivamente y en una actitud infantil, mientras estaba mirando los diferentes artículos que había, sin darme cuenta coloque mis manos atrás. Es increíble cómo frases que escuchamos en la niñez quedan grabadas en nuestra mente.Sé que la mayoría de los argentinos tenemos muy buenas costumbres y además una muy buena educación; por lo tanto, hay acciones que sin dudas nunca cometeríamos, pero sabemos que cualquiera de nosotros puede ser víctima de esa tentación que aparece cuando nadie se lo imagina. La necesidad no justifica apropiarse de lo que no es de uno. Ni siquiera el tener hambre. Las Sagradas Escrituras dicen: "El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados" (Proverbios 10:3). Y el salmista David dice: "He sido joven y ahora soy viejo, pero nunca he visto justos en la miseria, ni que sus hijos mendiguen pan" (Salmo, 37:25). Que Dios nos ayude a que, parafraseando a mi padre, podamos simbólicamente "poner las manos atrás". Dios nos bendiga.

*Pastor evangélico, miembro del Comipaz