Pobrecito
Mi hijo es delicado de salud, pobrecito; siempre lo fue. Como a todo niño que nace prematuro, le sobran problemas.
Mi hijo es delicado de salud, pobrecito; siempre lo fue. Como a todo niño que nace prematuro, le sobran problemas. Estuvo internado desde el nacimiento. Primero, fue un mes en terapia intensiva porque respiraba mal y rechazaba el alimento. En esa incubadora, estuvo conectado a tantos caños y mangueras que apenas si se le veía el cuerpito.Después, cuando parecía mejorar, tuvo una infección grave; sepsis, pobrecito. Los prematuros son frágiles y se infectan con facilidad. Durante semanas recibió muchas drogas. Los médicos no sabían si podría superarlo. Al final se curó, pobrecito. Yo digo que por eso ahora vive enfermo.Tobi ya tiene 10 años, pero nos cuesta olvidar aquellos días en el internado. Cuando nos encontramos con otros padres de prematuros, hablamos de los problemas que tienen. Algunos dicen que lo sobreprotegemos, pero sufrió mucho, pobre.Cuando estaba curado, recién lo pasaron a una sala de "engorde". Cada mañana llegábamos ansiosos por saber el peso. Nuestro humor dependía del informe médico de cada día. En algunos, aumentaba; en otros, no subía o incluso bajaba de peso, pobrecito.No, no tuvimos otro hijo. No quisimos repetir la historia. Además, él nos necesita tanto que con un hermano sería imposible dedicarnos como queremos.Mi familia no me entiende. Mi cuñada dice que lo "ahogamos", pero Tobías es tan especial. A veces, hasta mi marido se enoja conmigo. Dice que lo consiento mucho. Nosotros estuvimos separados un tiempo, porque decía que yo vivía pendiente de Tobías. Meses después, volvió. Se dio cuenta de que podía pasar algo si él no estaba. De todos modos, yo seguí durmiendo en la habitación con Tobi, y mi marido en la otra.No quisimos que fuera a jardín, por los contagios. Presentamos certificados para que entrara directo a primer grado. Le cuesta adaptarse, pobrecito. Llora cada mañana. Yo le completo la tarea y a veces le copio la letra cuando se cansa. Es que el colegio exige mucho y él es diferente, pobre.Tiene problemas respiratorios. Recibe vitaminas, hierro y también medicamentos para el asma. Siempre lleva un aerosol en la mochila, por si se agita. Es tan sensible, pobrecito, que por cualquier susto se le cierra el pecho.No, deportes no. El médico nos sugirió natación, pero a mí me da terror que se ahogue. Como yo le digo siempre a mi marido: él nunca va a ser atleta; él nació prematuro, pobre.Los fines de semana salimos los tres a pasear o a comer algo. Preferimos que Tobi esté con nosotros y no con sus compañeros. Son tan grandotes al lado de él, que lo pueden golpear.Al principio lo invitaban a cumpleaños, pero teníamos miedo de las enfermedades. Después, dejaron de mandarle tarjetas. Todavía es chico, pobre, ya va a tener tiempo de hacer amigos.Es muy callado. Cuando necesita algo, me busca y me lo dice al oído; entonces, yo lo hago por él. Y si alguien le pregunta algo, me mira y espera que yo conteste.Le encanta ver televisión. Pasa horas frente a los dibujitos; especialmente los de superhéroes. Dice que quiere ser como uno de ellos: con mucha fuerza y superpoderes. Es tan dulce, pobrecito.
Secuelas de crianza
El informe sobre salud materno infantil de Unicef Argentina de 2014 muestra que en nuestro país nacen más de 60 mil niños prematuros por año (8,5 por ciento del total de nacimientos). Estos niños requieren cuidados especiales para completar su maduración. Los actuales tratamientos neonatológicos han logrado elevada sobrevida (aun en los más inmaduros) y una fuerte reducción de las secuelas físicas que se producían hasta hace pocos años.
Queda pendiente un aspecto de muy difícil abordaje: las secuelas de crianza. Conductas paternas que sentencian discapacidad en quienes podrían crecer normales si fueran considerados normales, lejos de cualquier pobreza.
*Médico

